Desde muy niño mi madre y mi abuela me enseñaron que era malo sentarse en el pasto mojado, se le sube el frío, me decían.
Más tarde, cuando era adolescente alguna vez me senté en el pasto húmedo, vi un copetón en un árbol y se lo señalé a mi hermano menor. De repente mi cuerpo dejó de responder, no podía hablar, no podía mover los brazos, luego las piernas, luego eran los párpados y finalmente me desmayé.
Minutos después al despertar, estaba rodeado de mi madre y los vecinos, faltaban un par de días para mi cumpleaños 14 y por ese desmayo estuve hospitalizado y no hubo celebración.
Desde entonces nunca me senté en el pasto húmedo, pongo ropa o algo que me proteja, aún cuando el diagnóstico de lo que me ocurrió fue ataque de amebas que se me subieron a la cabeza y hasta me hicieron desvariar y convertir las cortinas en mujeres bailando.
Nunca me senté en el pasto, hasta hoy. Me senté a pensar en las decisiones que debo tomar. Recordé esta historia de mi juventud, recordé también mi clase de la semana pasada con los estudiantes de maestría en la que les hice unos ejercicios heurísticos que creó Elizalde para romper paradigmas, dos de ellos hablan de cómo nuestro cerebro nos engaña, se inventa y complementa información, se inventa realidades a partir de la experiencia, solo para darnos seguridad. Otro ejercicio habla de cómo existen cosmogonías que se pretenden imponer como si fueran la única realidad, de cómo, al hacer parte de esos grupos sociales con esas cosmogonías nos llevan también a inventarnos realidades socialmente aceptadas.
Caí en la cuenta de que estaba sentado en el pasto húmedo, que había visto un copetón como en mi adolescencia y no me desmayé; caí en la cuenta de que lo que dice Elizalde no solo aplica para los paradigmas científicos y teóricos, caí en la cuenta de que no estoy obligado a tomar decisiones, ni ha decir sí a lo que la sociedad dice que debería decir sí.
Por mucho que decisión diga deci-si.
Caí en la cuenta que así como me levanté del desmayo, me he levantado muchas veces más y que si la culpa no es del pasto húmedo sino de las amebas, me puedo seguir sentando a echar globos sin llegar a ninguna parte.
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