domingo, 25 de noviembre de 2007

Mitú. Una isla de selva en la mitad de la selva

Hace menos de ocho días recorrí estos mismos cerros, hoy nos dirigimos un poco más al sur, el destino Mitú en el Vaupés, un pueblo con casas de madera que crece entre el río y la selva y en medio tiene la pista del aeropuerto. Esta vez la selva es aún más verde, quizás porque hoy no llueve, una cadena montañosa de baja altura, sobresale en medio de esta llanura.

En un hotel a 20 metros del río Vaupés, una habitación que da a la avenida principal del pueblo nos pone a pensar si podremos dormir con esa bulla, es casi imposible, la ausencia de carros, la frecuencia de una moto cada ocho horas y de peatones cada 3 logra que lo único que me despierte sea el canto de cientos de aves al amanecer.

Innovación y creatividad.
La gente piensa que los diseñadores nos sentamos a esperar que las ideas caigan del cielo, en un ejercicio compartimos herramientas para que los artesanos jueguen con lo que saben, sin embargo los mismos problemas de artesanos de otras regiones, todo está por hacer y solo tengo un día para ellos, no obstante es bello ver en sus rostros el agradecimiento por consejos de diseño…un ejercicio de comercialización en el que Adry saco su paisa y yo mi frialdad rola en la negociación…

Lost.
Una salida de campo es drásticamente modificada, pasa de 4 horas a todo un día. En moto partimos hacia una parcela de yaré, una carretera que parece pista de motocross, una selva que poco a poco se acerca a la carretera hasta que las ramas de los árboles cubren el camino, las mariposas morpho de esas que te regalé, vuelan sobre el camino y los senderos, en la selva brillan como los polvitos mágicos de las películas.

Ya a pie un sendero por en medio de la selva se cierra cada vez más, llegamos a la solitaria casa de Marcelino, un indígena varé que se rehúsa a acompañarnos hasta la parcela, unos 20 minutos más por en medio de la selva, por caminos que se pierden y aparecen, nos dicen que en una semana la selva crece y borra las marcas dejadas, encontramos la tal parcela y emprendemos el regreso, sin embargo algo que pienso es broma se transforma en realidad y por momentos en preocupación “nos perdimos”.

Víctor nuestro guía nos lleva en diferentes sentidos, vamos y volvemos, siento que nos movemos en círculos, es cierto uno se pierde fácil, no te puedes guiar por el árbol caído, por el árbol grueso…no, todo se repite. El ruido de las hojas indica que pronto lloverá, alcanzamos a guardar en bolsas plásticas las cámaras y celulares, la lluvia se toma su tiempo antes de mojarnos, primero colma las ramas y sus hojas, pero una vez lo hace es implacable, en menos de un minuto la ropa húmeda se pega al cuerpo, Víctor improvisa paraguas con hojas de platanillo, que a la vez se convierten en despensa de agua que se recoge de la lluvia y se lleva a la boca. Mi cuidado inicial por no mojar las botas, se pierde en el momento en que debemos cruzar arroyos y quebradas…que le hace…

Isnaldo, un exstripper con pinta de gringo, se trepa por un árbol cogido de una liana, a unos 20 ms de altura solo atina a decir que no se ve un culo, nosotros mientras pensamos que tal se caiga de culo por andar en esas, solo nos indica que como vamos, vamos para donde no es. Retornamos hacia el otro sentido hasta que la selva se hace más densa, sabemos que no estuvimos allí, así que retornamos al único punto que estamos seguros pasamos, allí nos sentamos a pensar, Víctor dice que no sabe qué hacer y menos con la lluvia, unos minutos, varios intentos por prender fuego, de manera increíble, en medio de la lluvia, de pie, recostado en un árbol y perdido en la selva del Vaupés me duermo…
Nos tomamos unas fotos con Adry, las risas de la foto denotan nuestra gran preocupación, me sorprende ver que mi blanco resplandece… a lo lejos se oye el ¡hola!... encontraron la ruta de vuelta, 20 minutos y estamos nuevamente donde Marcelino, quien nos dice que si se llegaba la noche nos iría a buscar…sino no…su risa de malicia en este caso indígena termina la frase. En su casa nos ofrece sopa de pescado, cupuña, casabe y ají…yo me como mis galletas de chocolate.

Partimos en busca de varias cachiveras (rápidos del río), un río de agua negra se choca con las piedras, las algas verdes se prenden de las rocas, la selva se une a playas de arena, …luego en el río Vaupés, encontramos una cachivera aún más imponente, la fuerza del agua al chocar con las rocas produce un estruendo que acobarda, los arboles solitarios habitan esas islas formadas por una sola roca.

De regreso la carretera y gracias a la lluvia, ahora vamos por una pista de barro en la que las motos se deslizan, almorzamos junto a una cachivera, mi ropa está hecha trizas, mi único par de zapatos igual, descubro que mis billetes y lo peor la boleta de Soda están mojados, los guardo con el hombre solitario…no preguntes cómo se lleva este man la boleta a la selva.

Luego de un baño salgo con las sandalias talla 36 de Adry en busca de unos tenis talla 40 para mi, vine hasta Mitú a comprarme unos Converse…
Penúltimo día, la visita a una empresa se convierte en la visita a dos proyectos, debemos cruzar el río en una deslizadora que toca sacar levantada por la carreta, los rápidos del Vaupés reviven mi fobia al agua, unas abejas africanas se metieron al amazonas y ahora como convencemos a los indígenas de que son invasoras, una charla de ecoturismo que parece no tiene eco.

Última mañana, mientras la charla de Adry observo los hogares de paso para animales silvestres, afortunadamente solo un mono churuco y una guacamaya lo habitan transitoriamente…me he dado cuenta que mi cámara se descompuso, no tengo claro cuál de los 4 golpes de la última semana fue.

Adry ha conocido mis escritos.

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