viernes, 23 de noviembre de 2007

Inirida, 4 días solo sirven para soñar con volver

El avión sale derecho y pasa sobre los cerros orientales, se ve Chingaza, sus páramos y lagunas casi que tocan el avión, solo 15 minutos y aparece la inmensidad del llano….
Llanuras con pequeños relictos de bosques, palma africana que crea un tapete geométrico cuadriculado que rebrinca (resalta) en el paisaje…una fuerte turbulencia en la que no se ve nada y de pronto el paisaje se transforma y las sabanas dan paso a la selva, grandes ríos amarillos y negros bordan con arabescos el verde, lagunas oscuras en oblongos cual botones, un verde que se pierde con el azul y blanco, lluvias y tormentas se aprecian como si el cielo y la selva se conectaran, un bello arcoíris se forma y nos acompaña…siluetas de montes se ven a lo lejos resaltando en medio de un valle sin fin…
El municipio pequeño pero de grandes avenidas, lleno de rostros indígenas, con mototaxis hindúes, con un parque sin iglesia, me hacen sentir al otro lado del mundo, un ritmo de vida lento, a pesar de que amanece y oscurece una hora antes, el día es eterno.

El calor llega a los 40 grados centígrados, la humedad produce una capa homogénea de sudor en mi piel que me da un brillo, que en mi blancura juro me hace resplandecer. Un pedazo de casabe con ají me hace sudar incluso los ojos, solo un vaso de yucuta con mañoco soluciona el mal sabor.
En las visitas a las empresas, la selva está ahí no más, imponente, árboles gigantes, palmas, helechos, muchas fuentes y arroyos de agua, que corren sobre arena increíblemente blanca, y una serenata de cantos de aves, mi ignorancia solo permite identificar 8 especies diferentes.
Camino de regreso y junto a un arroyo, una libélula violeta cruza cerca...
Historias y mitos de la gente solo alimentan mi mundo imaginario, alimentan mis ganas por quedarme y descubrir todos esos lagos, conocer las tembladoras, las tortugas matamata, los venados, las rayas, los peces voladores, las ranas murciélago, las 8 etnias y los cerros de Mavicure, sin embargo una cojera me acompaña desde Bogotá, y cojo no cojo pa ningún lado…

El último atardecer en busca de fotos y el cielo nublado me dice que será la próxima…

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