miércoles, 22 de octubre de 2008

Amazonas, ¿volveremos?

Panza traicionera que no gusta de postres ácidos, culpable del sinsabor con el que habría de escribir un informe hasta la 1:00am. La economía ocupa una hora más, la maleta 20 minutos, casi a las 3am las cobijas le abren paso a 3 horas de descanso.


De la clase se huye al aeropuerto, el blanco en la ventana producto del mal tiempo impide ver la selva y sacude todo el vuelo; llegar a hacer informe no es lo que más quiero, el pollo espera un poco, se mandan los trabajos, reuniones y reuniones que van hasta las 8. En varsea dos cervezas, olvidan el casabe, muy triste para Male que no lo había probado.

Es sábado 7am, el rápido de las 8 había sido vendido, saldré en el de las 1000, la agenda se ha jodido. En barcas de madera llamados peque peque, indígenas navegan por el inmenso río, sombrillas de colores los cubren de este sol; gaseosa de carnada y redes que se extienden, pescados muy extraños las presas bajo el sol.



Llego a Puerto Nariño, el sol está en la cima, se sienten 38º C, me voy hasta Moruapu que queda a unas 12 cuadras, no obstante cuando llego una pareja yagua salidos de Hobbiton, me dicen que no es aquí el encuentro planeado, entonces atravieso sudando al lindo puerto, extraño el mototaxi pues queda al otro lado, luego de 50minus, llegó hasta Aticoya, la gente ya me espera, el rostro rojo intenso, sudor por todos lados, mi cuerpo hecho agua, evitan los reclamos, de una a hacer taller, almuerzo a las 5:00, aunque quería pescado.



En una noche de lluvia que cae sobre este techo de palma entretejida, con muros de madera y vidrios de toldillo, pienso en si vendrías a noches sin TV, tan solo a ver estrellas o al menos ver llover, echarse en una hamaca ver el atardecer, con canto de los loros e insectos en los pies.


Salimos hasta Soco, bajo una suave lluvia, aquí eso no importa, media hora río arriba por el Loretoyacu, es hermoso, te adentras por un río que se hace más angosto, la selva se te acerca, el agua se oscurece, la ruta es entorchada y el río se hace sinuoso, el espejo en el agua, el cielo cambia y cambia, respiras bien adentro, te pierdes aquí dentro.
En medio de la selva si tienen internet, una bella
maloca, 6 hermosas cabañas, pregunto si llegan turistas, responde Kremlin, “hace unos, unos 7, si unos 7 años que no vienen”…Mochileros hacen nidos, la gritería es total mientras el viejo Martin se posa sin chistar, la foto de la cabaña y lo que se ve desde ella, espero traiga gente; la abuela tuerce fibra de palma de chambira, que secándose luce como pelucas verdes; en una balsa vieja dos niñas yagua juegan a la lavandería, sobre ellas mariposas naranja que revuelan.
La tarde es para el 20, camino solitario el sendero creado, la selva aquí devora incluso hasta el concreto, hace solo dos meses hicieron el camino, el verde hoy lo cubre y lo convierte en hilo. Al lado el Loretoyacu, más allá el Amazonas, luego de media hora se llega hasta el destino, me subo al mirador que no le envidia nada a Pizza en las Italias, tal vez 10 escalones que aquí ya se pudrieron…la vista a 20 metros nos muestra la gran selva, incluso con la curva que recuerda el
planeta, las playas a unos metros, las islas en el medio, más no está la otra orilla.


Oswaldo el artesano no tiene que venderme, tan solo una tortuga que brilla con sus manos, será para ese zoo que quiero construirte.
La noche es de trabajo y da a lugar a fotos del bello Natutama y su nueva maloca promete en pleno día mostrarnos una noche en playas de Amazonas y cielos estrellados, con luna en menguante y caimanes saliendo.

Es el día de partida, de nuevo hay mal tiempo y el cielo se hace gris, no hay nada en las ventanas y vuelvo a mis recuerdos, recuerdo que hace un año un lunes como hoy también fui mi regreso, recuerdo lo que sueño …en esto llevo tiempo, no sé si acostumbrarme o dar por fin el paso.

lunes, 13 de octubre de 2008

Destino desestructurado

Sumergido en marañas que no me dejan escapar, intento infructuoso escribir estructurado, tres días se hacen tres párrafos, la meta de 17 páginas se hace inalcanzable, ya ni la presión de la entrega me acelera.

Calamaro y sus oportunidades hablan de golondrinas, trémulo atravieso los senderos de la ecología, su brisa calurosa en este invierno, amaina mis ausencias y desgano. Hoy sé que ya estudiar no quiero, doctor, maestro…no es lo mío…si al caso escribir estas palabras que fijo volarán con un suspiro.


Días grises, noches frías, las flores amarillas de mi cuadro aliciente que me lleva a donde quiero, la imaginación como en la escafandra y la mariposa es mi libertad, solo allí puedo escribir y escribo lo que quiero, allí somos, somos tu y yo. Joder que rápido te metiste...hasta los Huesitos