Martes cualquiera, mientras mis compañeros presentan sus tesis recibo dos llamadas de un número desconocido; en el café en medio de las conversas sobre avances, Leff, Max Neef y desarrollo local devuelvo la llamada: - "Hola, soy Eduardo el abogado de Gotas (continúa con términos jurídicos)", le entiendo que el divorcio no ha terminado. - Nos vemos en unos días en la notaría listo?.- Recuerdo en ese momento que soy adulto.
Día de la notaría, espero sentado a un abogado que no conozco, de pronto y sin que lo supiera llega Gotas, chaqueta que acentúa su silueta, pelo recogido para que se vea su largo cuello, jean ajustado para que se vea ya saben que, tacones, hoy está más alta que yo; recordé el comercial de una crema, la mujer llega rejuvenecida al divorcio para que su ex se arrepienta...yo en jeans, camiseta, tenis, con el pelo enredado y húmedo.
Las esperas y las filas dan tiempo para las conversaciones de rigor, tu mamá?, tus hermanos?, tu trabajo?, estás más gordo...¿empiezas a viajar?, super siempre lo quisiste hacer, Vichada?, Putumayo?, super, verás que son bellísimos, yo ya no viajo.
Eduardo interrumpe, listo todo, ya con sus firmas quedó finiquitado, gusto en conocerlo F, hablamos después Gotas.
¿Quieres tomarte un café? - aguardo su respuesta, un beso en la mejilla, un intento de abrazo justo antes de verla partir sin mirar atrás y responderme. - Luego de tanto tiempo al fin te lo puedo decir, ¡hasta nunca!.

