miércoles, 8 de julio de 2009

Hoy quería celebrar

Tenía tan sólo 5 años cuando sus notas eran casi perfectas, su padre alguna vez cuando se sacó el único cuatro de la inmensa lista de cincos le dijo que había que mejorar. Se mantuvo en los primeros lugares académicos hasta terminar la secundaría, su puntaje en el examen fue también el mejor y batió muchos de los records hasta la época.

Al llegar a pregrado se chocó con la realidad de la "mejor universidad del país", allí todos eran tan o mucho más pilos que él, su puntaje por el contrario era de los más bajos allí.

Aún cuando su promedio fue incrementándose, el pregrado fue para él descubrir que las notas no importaban, que no hay nada más injusto que eso. "Dejaré de ser ñoño". Más tarde al ver que sus compañeros con los mejores promedios no disfrutaban la vida tanto como él, confirmó su descubrimiento.

Casi 10 años después del pregrado llegó a una maestría, nuevamente en la "mejor universidad del país", maestría a la que dicen es difícil pasar. Nuevamente se chocó, su edad estaba por encima del promedio, trabajaba y estudiaba a diferencia de muchos de sus compañeros, en las clases de fundamentos era el único que no tenía ningún fundamento.
Finalmente la notas no importan, no hay nada más injusto que eso, hablaba hace poco con alguien.
Se llegó el 8 de julio entre sus correos llegó uno de la maestría "se ganó una beca por su promedio", recordó que las notas no importan, pero le pareció excelente noticia, "será que me estoy volviendo ñoño otra vez?", "pero si al contrario me burlo de la maestría y tomo las cosas con alegría".

Se dio cuenta que estaba solo, que llegaba a su casa solo y que en esas condiciones era imposible, hoy quería celebrar.

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