Los rayos del sol atraviesan la ventana y los muros beige se tornan naranja, me niego a perderme este momento, desplazo el velo y los cerros bajos del occidente de Bogotá se hacen silueta. El sol, el gran sol se deja ver y parece que con el ocaso perdiese su fuerza; el sol, el gran sol nos recuerda que un día es sólo un giro y que la tierra es muy pequeña pues tan sólo cinco minutos son suficientes para que se oculte tras de las montañas bajas.
El día que estuvo nublado y gris, es ahora azul y las nubes se pintan de colores alegres; como una pintura que se mezcla en vivo las nubes van y vienen, crecen, se achican, se deforman mientras los escasos rayos de sol los iluminan dándoles un filo dorado al contorno de las más solitarias. Hay ahora nubes de cobre, de bronce, unas dos de plata y un cielo lapislázuli; pienso entonces que si los conquistadores vieron un cielo así, juraron que el dorado estaba en occidente justo allá donde se oculta el sol, si, hay muchos que creen que los tesoros se ocultan donde se oculta el sol.
Mientras armo figuras con las nubes y me pierdo en los recuerdos de otros atardeceres, llegan los rojos y rosados, si, hay rojos allá por el mismo lugar donde se nos fue el sol y en el medio de ese rojo hay de negro una columna, será acaso una señal, será acaso una escalera que nos lleva al paraíso.
Poco a poco los azules se hacen negro, miro arriba y es creciente... poco a poco en mi silencio me transporto a otros sitios, viajo rápido al pasado, a las tardes de Florencia, de Mitú y de Putumayo. A una tarde en Buenaventura hace casi un año, a la tarde en carretera en Guajira hace dos años, a las muchas tardes solo en las selvas de Amazonas, me doy cuenta que son años de mirar atardeceres, me doy cuenta que son años de viajar y viajar solo; sé que he estado en Cartagena, Santa Marta y en Gorgona, pero hoy siento algo raro.
Tal vez creo que hemos perdido el placer de ver el cielo, de admirar estos colores, ver la luna y ver el sol; tal vez sea que soy romántico y me muero por tener una diosa entre mis brazos mientras veo irse los días, mientras veo irse la vida; me di cuenta en esta tarde que me falta compartir estos momentos.
Pd: y pensar que escribiría de camelas y de sexo
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