
Pijijiapan fue la puerta de entrada, en Chocohuital las primeras reuniones con cooperativas de transportistas (transportadores en colombiano), palaperos, restaurantes; luego los primeros recorridos en bote, a través de esteros de aguas oscuras enmarcados por manglares blancos, negros, rojos y hasta uno amarillo. Garzas, patos e incluso un cocodrilo se observaron tan sólo en el primer día. Recordé los lagos negros del Amazonas colombiano, recordé esos espejos de agua rodeados de verdes vivos, cubiertos de cielos azules y 35 grados de temperatura.
Recorrimos la Reserva de norte a sur: Playa Grande, Costa Azul, Barrita de Pajón, Palmarcito, El Castaño, Barra Zacapulco, Chantuto, Ballenato, Las Garzas, la Palma y finalmente San José, a medida que avanzamos el manglar se hacía más alto, a medida que avanzamos la magia aumentaba y el paisaje se hacía aún más espectacular.
De reuniones con cooperativas a senderos acuáticos en los que te adentras en el manglar, los esteros se convierten en redes de canales de agua, canales que recorrimos viendo como los árboles se hacen cúpula, te sientes en túneles de vegetación, por caminos cada vez más angostos; las mareas hacen su parte y el paisaje cambia de cuando sales a cuando regresas.
El turismo se une a la pesca y a las artesanías, la ruta incluyó dos camaroneras y dos centros artesanales, al tiempo que en los recorridos nos cruzamos a cada rato con pescadores que exhiben diferentes artes. La Reserva la Encrucijada hace evidente la relación de interdependencia hombre naturaleza, aquí el tema de aprovechamiento de los bienes y servicios ecosistémicos tiene aulas, laboratorios y muchos estudios de caso.

Cientos de especies de aves, nidales donde garzas y patos de diferentes especies cuidan a sus polluelos, la onda punk ha llegado a los jóvenes incluso estos.

Hubo también águilas, halcones, pavas, pelícanos, alcatraces y por supuesto gallinas, no soy experto en el tema pero había un chingo (jurgo en colombiano).

No sé si la garza azul, los patos y garzas punketos, las garzas rosadas pico espátula, la libélula verde en el mangle, las bromelias que se fijan y las telarañas que se fijan en estas, no se si fueron los cocodrilos o las águilas, no se qué fue lo mejor de lo que vi, sé que no fueron los monos, nutrías y jaguares que no vi, quizás fue... mira mira un mapache, mi cerebro busca en la base de datos ¿cómo es un mapache?, los ojos crean un nuevo registro, eso es un mapache .

No sé si les he dicho que los pescados y mariscos son una de mis comidas preferidas, no sé si les he dicho que sueño ser el Antony Burdain del ecoturismo, aunque de seguro que este Burdain no ha ido a la Encrucijada; camarones con huevo, fríjoles y aguacate además de ser una extraña mezcla es un raro desayuno, pero créanme fue delicioso, tortillas y totopos al desayuno, a la comida (almuerzo en colombiano) y a la cena, por supuesto con mariscos.
Horas y horas en botes, horas y horas entre esteros y manglares, desde la mañana hasta la noche, así, desde la niebla matutina con sus primeros rayos de sol que acentúan las siluetas de los pescadores, hasta los atardeceres en que el agua y el cielo se hacen dorados, separados tan sólo por las siluetas negras de palmas y de mangle.

¿Y de mi?. Volví a ese mundo en el que el disfrute del paisaje y del trabajo te llena, volví a horas y horas en un bote bajo el sol alejado de mis taras y mis karmas, volví a la pasión del trabajo. Aunque debo reconocerlo, pobre de mis compañeros, parecía preso recién liberado, hablaba y hablaba al punto que mi trabajo de regreso fue mantener despierto al conductor; prometieron no escogerme de compañero de vuelos de más de dos horas.

PD:
Muchas gracias a Allan por brindarme el chance de trabajar en este bello lugar.
Gracias a George Wallace quien me puso en contacto con Allan (si el famoso George Wallace).
Gracias a Bones quien me llevó a una fiesta donde conocí a George