miércoles, 18 de abril de 2012

Como el cangrejo



Sin que el sol aparezca la alarma interrumpe los nacientes sueños, el gato salta a la cama y maúlla junto a la puerta del baño recordándome que debo levantarme, entredormido llego a la tina y el chorro de agua caliente finalmente me despierta.


Vestirse, maleta, lentes y el desayuno sorpresa de Bones que rompe la rutina...me dirijo a la lucha por el transporte, buses llenos que no se detienen, el más lleno justo es el que me lleva, empujones, frenadas bruscas, tráfico.

Conecto los audífonos, me sumerjo en mi mundo musical y solo mis brazos me sostienen a la realidad en movimiento; con el pelo suelto y pinta de docente, en mis oídos el rock me transporta, ¿Qué pensarían mis alumnos de la música fuerte que escucho para despertarme y alejarme?

La hora de desplazamiento me deja ver el amanecer a través de ventanas empañadas del bus, ya sé que si salgo 5 minutos después tardaré una hora mas.

Día tras día empiezo a reconocer las caras que se repiten en el bus y en las calles, el musculoso de pantalón botatubo, la gordita de iPod y blackberry, las tres señoras que se maquillan en el bus, el calvo de audífonos y mochila.

Me recibe la Candelaria con sus casas coloniales y techos de iglesias, el gris del cielo y mas lluvias de Bogotá, los ríos de estudiantes trepando a la U, el mismo café en vasos desechables que se niegan a dejar de usar, mi oficina con vista doble, los dos muros del rincón.

Las diversas actividades a las que con el pasar de los días voy ordenando, terminan siendo las mismas con pequeñas variaciones de forma.
Los mismos restaurantes y la máxima es encontrar uno nuevo y bueno.

Ahora los ríos de estudiantes descienden de la U, la lucha por el transporte de regreso en el que la ventaja es ir sentado.

En la tarde, cuanto el tiempo de desplazamiento se duplica, las ventanas empañadas del bus me dejan ver el atardecer.  A veces salgo cuando el día aun no es día y regreso cuando ya es de noche, a veces sólo en los fines de semana veo un día desde la casa.

Si lo sé, sé que son menos de cuatro meses en esto, que es muy pronto para verlo rutinario; quizás tengan razón en que soy como un cangrejo, pero no por caminar de lado, sino por moverme del agua a la tierra por los ríos y la playa, quizás soy un cangrejo ermitaño, no me apego a las cosas ni a las casas, lo importante lo llevo en el corazón.