jueves, 18 de abril de 2013

¿Las personas no cambian? Nadie puede cambiar


Es popularmente aceptado que las personas no cambiamos, ¡mija siéntese a esperar a que cambie, porque se le irá toda la vida!

Me niego a creer que somos incapaces de cambiar, acaso somos los mismos de nuestra niñez?, acaso las canas, la calvicie, los kilos de más, las arrugas no son parte del cambio de estar vivos?

Pero es que la esencia no cambia, el que es no deja de ser... Frases de la sabiduría popular, entonces juzgamos a quien con la sabiduría de la vida y la vejez deslumbra, porque en su juventud se equivocó. Es que Maxneef hizo parte del Club de Roma, es que Paulin también...
¿Acaso no nos hemos arrepentido de algo? Yo por ejemplo repetía los términos y estrategias desarrollistas, mi discurso y retórica que en su momento era buena para mi, estaba orientada a ver todo como empresa, hablaba de la ventaja comparativa y la competitiva, yo no quería ser investigador y mucho menos escribir ... Hoy mis escritos de investigación son contracorriente, contra la visión utilitarista y desarrollista.

Un amigo biólogo hace tan solo dos años era homofóbico, "eso no es natural", más allá de la patética posición me sorprende que hoy en día ponga me gusta en las campañas a favor de poblaciones LGBTI y el matrimonio igualitario.

Yo creo que quizás unos cambiemos más que otros, estemos dispuestos más a hacerlo, quizás tenga que ver con el concepto de aprender, el cambio es el resultado del aprendizaje, si nada de lo que leo, estudio, vivo y experimento produce cambios en mi, pues no estoy aprendiendo.

Entonces no creemos en que el cambio sea posible, pero juzgamos si alguien cambia.

Es como si evaluáramos mal en el parcial final a un estudiante porque se equivocó en el primer parcial o no le hiciéramos ningún parcial después del primero que perdió.

Con este escrito entonces busco reivindicar no solamente, el derecho a equivocarse,también el derecho a aprender y por ende el derecho a cambiar, no nos juzguen o desvirtúen nuestras posturas actuales solo porque en el pasado fuimos distintos.

martes, 9 de abril de 2013

A la sabiduría de mi abuelo

Nos gastamos más de dos milenios dividiendo el conocimiento en ciencias, desconociendo el valor de la oralidad y el conocimiento tradicional, para en los últimos 100 años dedicarnos a hacer famosos a los científicos que hablan de transdisciplinariedad y pensamiento holístico.
Pordebajeamos la sabiduría popular para luego descubrir que parte del conocimiento se transmite socialmente en colectivo. 

Mi abuelo, un campesino boyacense nacido a comienzos del siglo XX, cultivaba y sabía cuándo llovería sin ser meteorólogo, tenía su pequeño sistema de riego sin ser hidrólogo, de joven no usó químicos ni fertilizantes sintéticos, su agricultura era la de abono orgánico con material de la finca y tampoco era agrónomo. 

Siempre me hablaba de su juventud y la agricultura tradicional, más tarde en la universidad me dirían que la agricultura tradicional era la de agroquímicos de síntesis ... Así que mi abuelo había pasado de la agricultura tradicional (la que aprendió de sus padres sin químicos) a la agricultura tradicional (que aprendió de sus hijos y -expertos- con químicos) y debía volver a la agricultura tradicional ( sin químicos que le enseñaron a sus nietos como ecológica)

Mi abuelo sabía que para tener agua debía mantener el bosque junto al río; sabía que no podía tumbar el árbol porque se quedaría sin leña el año entrante, entonces sacaba la leña de podas; sabía que debía sembrar los árboles que en 20 años le darían la madera para postes, cercas y columnas. Décadas más tarde su nieto aprendería que eso se llama uso sostenible y no sobrepasar las tasas de regeneración de los recursos naturales renovables.

Mi abuelo sembraba frente a la casa su parcela de diversos tipos de maíz, frijoles, arvejas, habas y hasta papas, todos mezclados, el maíz servía de tutor de la arveja y el frijol, algo que hoy se llama cultivos asociados y policultivos; nada de la parcela era para la venta, era para comer en casa, para sus hijos y nietos, el maíz se cosechaba justo en la época de festividades para hacer chicha y guarapo... Los cultivos de pancoger, los modos de vida y la soberanía alimentaria que su nieto buscaría defender décadas después. 

Sabía el nombre de las aves y sus comidas sin ser ornitólogo, se había tomado a pecho que polvo eres y en polvo te convertirás por eso su casa la hizo en barro, tenía solo una pequeña ventana, pues el cuarto era para dormir, si querías ver fuera pues salías. 

Aún recuerdo sus dibujos con un palo sobre la tierra, trazando líneas que se hacían canales y cambiaban de grosor y color con el paso del agua, todo para explicarme cómo se repartía y turnaba el agua en la vereda, los recuerdo en cada clase de cuencas hídricas, redes sociales y comanejo de los recursos. 

Sé también que mi abuelo tuvo defectos y cometió errores, pero uno no habla mal de los muertos ni de la familia, eso me dijo alguna vez, y es uno de sus errores. 

Mi abuelo solamente fue a la escuela cuatro semanas, yo llevo más de 22 años estudiando y conozco otras personas que con más años aún siguen sin entender lo básico de la vida.
Mi abuelo tan solo compró dos fincas pequeñas, herencia para sus hijos e hijas, construyó  casas de adobe, compró también un burro, vacas para la leche, un radio y cuatro mudas de ropa, no pretendió ser rico. 

A diario dedicaba tiempo al descanso y a lo que llamamos ocio, en las tardes se sentaba con sus dos perros fuera de la casa en un banco de madera para ver el día acabarse, siempre con una sonrisa que tardé años en comprender, mi abuelo se sorprendía día a día de las cosas simples de la vida y la naturaleza, y eso lo hacia feliz.