miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando una puerta se cierra, se abren muchas.

No sé si era 2001 o 2002, pero en esa época, el internet como herramienta para encontrar empleo era incipiente. Así que fue la amiga, de la hermana, de la amiga, de la compañera, de una conocida, quien me dio un dato: "necesitan diseñador". 

Del oscuro piso 11 de un edificio en la 72 en el que trabajaba, salí a golpear la puerta de madera de una casa antigua y bien conservada junto al parque Nacional. Se abrió la puerta y entregué mi hoja de vida, sin sospechar, como nunca se sospecha, que en ese momento mi vida tomaría un nuevo rumbo.

Fui seleccionado, inicié en Bogotá como diseñador web de un sitio, luego de otro, y otro más, aprendí de biocomercio, aves, biodiversidad. Los de la casa vieja, aburridos con los diseños de un colega, me mandaron a tres departamentos para diseñar una estrategia de comunicación, aprendí de restauración y paisajes rurales. 

Los de la casa vieja se juntaron con una organización internacional que trabaja en agricultura y alimentos, recordaron que soy diseñador industrial y me mandaron a tres departamentos para desarrollar productos con artesanos, aprendí de mercados, sostenibilidad, lana, negocios, economía campesina. La casa vieja se hizo el destino frecuente durante casi tres años. 

Apareció una nueva convocatoria y un 23 de abril de 2004, la puerta de madera se abrió para recibirme por tiempo permanente. Un equipo de siete personas jóvenes (entre los 23 y los...no sé cuántos años tenía JAG) de diferentes disciplinas, tan jóvenes que nuestros interlocutores no nos creían cuando les hablábamos. Nos hicimos buenos amigos, nos dábamos consejos de mejora, en lo académico y hasta de cocina. Crecimos, matrimonios, divorcios, maestrías, migración.

Recorrí casi los 32 departamentos de Colombia, incluso salí varias veces del país, y aprendí tanto, tanto, que no cabe en este pequeño espacio. La puerta de madera se cerró en diciembre de 2008, pero antes y después de cerrarse me abrió muchas más puertas, una de ellas mi trabajo actual.

Hoy 10 años después de ese 23 de abril de 2004, ninguno de los siete del equipo trabaja en la casa vieja, todos tenemos maestría, más de la mitad hemos vivido fuera de Colombia, todos, somos de alguna forma exitosos, tres viven fuera y una de esas tres personas me escribe justo 10 años después para abrir otra puerta, ¿y ahora?.