lunes, 16 de febrero de 2015

Memorias de mi educación pública

Los primeros recuerdos de colegio se remontan a los crucifijos en cada salón y los castigos por defender a las niñas, o darle un puño accidental a mi mejor amigo al explicarle lo que había pasado en Profesión Peligro, de allí pasaría a un colegio de curas donde la profesora Magdalena me acompañó en la muerte de mi padre, además, gané concursos de cuento y de pintura, mis temas siempre sociales. 

A los 11 años, cansado de curas y religión le pedí a mi madre pasar a un colegio público, idea que le gustó pues era más barato y al cabo de dos meses quedaría becado por promedio hasta terminar bachillerato. 

De mi paso por el primer colegio público recuerdo las clases de historia y geografía dictadas por una pareja de esposos. El profesor de historia orgulloso de mi desempeño del primer bimestre, me llevó salón por salón diciendo que yo era el mejor alumno que había tenido, al siguiente bimestre pasé a ser el segundo del curso y el mismo profesor, me llevó de salón en salón diciendo que yo era el peor alumno que había tenido, la exigencia dolía, pero sus bromas me enseñaron a ver la vida de otra manera.

Tan solo un año después, a los 12 le dije a mi madre que quería estudiar en el campo, el colegio agrícola me recibiría por 5 años, con 17 materias cada año, me enseñaron a sembrar zanahorias, hortalizas, papá, maíz, frutales, de allí aprendí que un buen trabajador no tiene malas herramientas, aprendí a ser paciente y responsable, las plantas crecen lento y mueren fácil. Aprendí a amar la tierra.

Me enseñaron a vacunar conejos, ovejas, caballos, vacas y cerdos, cuidar gallinas y pollos, esquilar ovejas, castrar marranos, por supuesto también me enseñaron a sacrificarlos, aprendí el valor de la vida de los otros no humanos.

Me enseñaron carpintería, electricidad, ornamentación, a soldar, mecánica y hasta a manejar tractor. Aprendí que cada oficio es importante y valioso, que las labores hechas con las manos alimentan y fortalecen el espíritu.

Me enseñaron también a hacer encuestas, entrevistas, a hablar con la gente en algo que se llamaba Técnicas de Promoción para la Comunidad, hasta a saludar me enseñaron. Aprendí a respetar a los campesinos, padres de mis compañeros de colegio, mis tíos y abuelos. 

Me enseñaron sociales, historia, democracia, física, contabilidad, matemáticas y química, de ellas aprendí a ser crítico y antidogmático, a no tragar entero, a cuestionar, pero lo que más recuerdo es que aprendí mi gran responsabilidad con la sociedad "ustedes son afortunados, la mayoría de sus vecinos de vereda y del pueblo no podrán estudiar secundaria, ¿no creen que le deben algo a ellos?".  

Así las clases de contabilidad mostraban cómo ayudar a los campesinos sacando costos de producción, las de química explicaban porqué los blanqueadores de lana se podían hacer con materiales de la finca....Aprendí a ser solidario, a cooperar y que lo que veía en el colegio servía para algo.

Aprendí además a valorar la educación pública y a mis maestros, por eso el gran sueño era poder pasar a la universidad más importante del país, pública por supuesto. Pasé y el primer aprendizaje de la Nacional fue a ser humilde, ya no era el más pilo, creativo o inteligente, era uno más, y muchas veces el menos.

¿Y qué me enseñaron en diseño? a dibujar, crear, pensar, física, mecánica, química, muchas artes, música, historia y por supuesto a diseñar, aprendí sobre la exigencia, a no quejarme, a respetar y cumplir, a cuestionar, a analizar, pero lo que más valoro es que en varias clases los profesores sin ponerse de acuerdo (creo yo) nos decían: "ustedes son privilegiados, aquí están 28 de 1280 que se presentaron, eso no los hace mejores, les da una gran responsabilidad, piensen cada uno a cuántas personas les corresponde ayudar"... si podía estudiar diseño industrial la carrera más consumista del mundo, pero primaba la preocupación social y ambiental.

Me faltaría la maestría, ya con recursos para pagar pública o privada, opté por la pública, simplemente porque al ver el currículo supe que me seguirían enseñando a pensar, cuestionar y analizar, por supuesto lo hicieron, nuevamente trasnochadas, muchas lecturas y muchos temas densos, la maestría me cambió completamente la forma en que entendía al mundo.

Hoy mientras doy clases en una universidad privada, hago memorias de mi educación, no sé si en todos los casos sea igual, si es que tuve suerte o aproveché las cosas, pero me siento afortunado y agradecido, hoy trato desde lo que hago de cumplir con la responsabilidad social que me enseñaron.

PD: Más tarde aprendí, también en la educación pública, aprendí que durante años invisibilicé a las mujeres y a la mujer, que al hablar de los campesinos, los maestros, los niños, en realidad no incluyo a las mujeres, y es uno de los temas más difíciles de aprender por el privilegio del que he disfrutado toda la vida.


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