viernes, 6 de marzo de 2015

Problemas con el cálculo

Domingo, extrañamente despierto antes de las 6:00 am, en esas conversaciones conmigo, en las que tengo las mil respuestas opcionales a las mil preguntas que me hago, si, eso que mi madre llama "pensar mucho", "no piense tanto que se enferma", me lo ha dicho toda la vida.

La taza de cereal, los ruidos de Tito durmiendo al lado, de repente aparece un dolor en el abdomen, recuerdo que hace menos de una semana en el Transmilenio me dio un dolor similar, agudo e incremental, de esos que te sacan lagrimitas, espero como en esa ocasión que me pase a los 15 minutos. 
Pasa media hora, luego una, hora y media, ya estoy revolcándome del dolor, mientras Tito me mira asustado y se acerca al abdomen como queriendo hacer algo. 
Conozco este dolor, he pasado por cálculos renales, infecciones renales y apendicitis, busco las fuerzas para ponerme de píe y caminar, torcido y agachado por un taxi que me lleve al hospital.

Bienvenido al sistema de salud colombiano, son necesarias tres revisiones con diferentes médicos para aceptar que es una urgencia, las preguntas de rigor, luego el golpecito en la espalda a la altura del riñón, ese del que ya no te levantarás, aún así te preguntan si te dolió... las lagrimitas y pasamos a la fase II, esperar en una silla a que me llamen... ¿pueden darme algo para el dolor?

Empiezan a pasar las horas, luego un llamado para ponerme medicamentos que me preparen para la dosis de morfina, minutos después el dolor ha disminuido y entiendo porqué la gente se convierte en adicta a esta droga... sigue la espera sentado, luego exámenes y de las dos horas que se gastarían en entregar los resultados pasan a seis. Sabemos que son cálculos, pero debemos esperar...sentados.

Sé que pasaré esta primera noche sentado sin poder dormir, porque en urgencias no hay camillas. A eso de la media noche la uróloga confirma que son cálculos, al día siguiente a primera hora me harán una cirugía. Sentado aguardo a que pasen las horas, a las 5:45am la uróloga vuelve, me dice que no coma nada ( ya llevó 24 horas en esas)porque me harán cirugía, a las 5:55am vuelve y me dice que ya no harán cirugía, que estaré en observación para expulsar el cálculo naturalmente...¿Como o no como?

Sentado veo mis vecinos de urgencias, poco a poco conocemos las historias de todos, de los abuelos que llevan cinco días durmiendo en sillas, del boyacense que convirtió la sala de urgencias en su oficina de negocios y hasta compra un carro aquí, de la joven que lleva cuatro días sin que sepan qué tiene, la indígena que tiene apendicitis, los cuatro más que llegan por cálculos, el sospechoso policía.

El día transcurre más lento de lo que uno se pueda imaginar, el cansancio y el hambre se acentúan, al llegar la noche me dicen que sí puedo comer, pero que mañana no, porque ahora sí me harán la cirugía. Segunda noche sentado, adolorido, sin poder dormir, noto que mis pies parecen de hobbit.

Amanece y a duras penas notas la diferencia entre el día y la noche por los cambios de turno de médicos y enfermeros, la promesa de la uróloga de hacerme la cirugía se va aplazando de hora en hora, cada vez con más hambre, cada vez más cansado, cada vez con más sueño. A las 12:00 me dicen que ahora sí, me preparo con un baño y rasurada. Vuelvo a la silla, a la 1:30 me dicen que debo cambiarme rápido y subir, que es ya o ya. Llego a la sala de cirugía, me siento en un bello sofá, firmo las autorizaciones, me explican el procedimiento, y me siento, minutos, media hora, una hora, y que la cirugía debe esperar. 
A eso de las 6.00 pm al fin, entro al quirófano, a diferencia de la última vez que me pusieron anestesia general y quizás por el sueño acumulado, no recuerdo más de tres segundos después de ponerme la mascarilla.

Tiempo después despierto y juro que estoy en medio de mis alumnos de maestría quienes me preguntan cosas aburridas de investigación, resulto respondiendo las preguntas entre enfermeras, sí es Fredy, sí es ambulatoria, sí un cálculo... Busco en mi abdomen si tengo el catéter, respiro tranquilo no tengo nada. 
Tengo inmensas ganas de orinar y este es el momento para explicarme que la cirugía consiste en meter por mi pene un dispositivo con una cámara, atravesar la uretra, la vejiga y llegar al riñón para sacar una piedra del tamaño de un frijol negro, por el mismo lugar por el que metieron el dispositivo, sí, por ahí, así que orinar se convierte en un ejercicio doloroso en el que cada vez recuerdo por donde pasó el dispositivo y que tiñe mis líquidos de un bello rojo.

Las pruebas antes de salir, que no hay mareo, que puedo beber, comer y orinar, los papeles y que debo volver a que me extraigan el catéter JJ, sí, sí, sí me lo pusieron, es interno, (me explicaría el señor internet), así que la sensación de dolor y el color al orinar serán así por las próximas dos semanas, y sí, me sacarán el catéter  por el mismo lugar por el que lo metieron...lo sé, los hombres somos muy gallinas, cuando me explicaron el procedimiento ya me dolía.

A media noche, llego a mi casa, una cama por fin.

Ahora, tengo mis hipótesis sobre los orígenes del cálculo, uno es que me sacan unos piedronones que se hicieron uno en el riñón, aunque mi sobrina de seis años dice que la causa es que como piedras.





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