No sé si generalizo, pero en América Latina nos forman con la idea de tener que conocer Europa, fue mi sueño desde niño, me llamaba más la atención que conocer los EEUU. Luego, al trabajar en turismo el deseo por este viaje aumentó. Desde hace unos 10 años venía posponiéndolo, "cuando terminé la maestría", "de regalo de tu grado", "de aniversario", "el año que viene".... y así.
Cuando supe de la oportunidad de hacer estancia doctoral fuera, lo primero que se me ocurrió fue ir a visitar mi país, "Cómo se te ocurre, aprovecha y conoces", me dijo un profesor colombiano. Después de tres segundos de pensarlo, me convencí y le escribí a una de mis evaluadoras de tesis que vive en España, es mi oportunidad, me dije y a ella le pareció.
Casi año y medio tomó lograr la estancia, entre convencer a mi director, mi comité asesor, conseguir los papeles, que en posgrado me aceptaran y una beca. Les confieso, la beca es poquito dinero, no alcanza ni para el alojamiento, por lo que hay que tener buenos ahorros y millas acumuladas, si de un viaje al exterior se trata.
Como el presupuesto es limitado, compré los tiquetes aéreos con millas, me alcanzó hasta Paris, por eso resulté dando la vuelta: Tuxtla, Ciudad de México, Munich, Paris, Madrid, Alicante. Sí, cuatro países, cinco vuelos que sumaron 16 horas, casi dos días viajando.
"Uno te escucha y piensa que haz hecho todo lo que quieres en la vida", me dijo Estela la sicóloga, recuerdo que me enojé al escucharla, luego me explicaría que no es que haga lo que quiero sin importarme nada, sino que en realidad, como pocos, he tenido la oportunidad de hacer cambios y decidir en mi vida, con los costos que implica hacer lo que uno quiera.
Así que este viaje es también lo quiero, aunque implica separarme de Rivera de Mar, cuando mejor estamos.