lunes, 22 de diciembre de 2008

Guaviare, la puerta de la selva


Los monólogos con boletas de primera fila, escucho las tres charlas cucas hasta las 11:00, 1130 pm en la casa, se hacen los trabajos de la U, se empaca a la 1:00am y a las 4:00 en el aeropuerto. Es la rutina que amo…




Las 24 horas del viaje anterior no dieron sino para apreciar el paisaje desde el aire, más de un mes después regreso, el viejo avión con apenas 14 pasajeros cruza Bogotá de occidente a oriente en menos de dos minutos, Monserrate y Guadalupe desde arriba apenas unos segundos, cruzas los cerros y ves Chingaza, lagunas oscuras que en el páramo contrastan con los claros de su vegetación, abismos que nos muestran las capas de pasado y el ímpetu de la tierra, atrás la cordillera, aparece el llano y en el piedemonte Villao surcado por el río trenzado que parece llegará al borde de la mesa; sabanas que se pierden a lo lejos, relictos de bosque que se extienden como raíces, como vasos capilares sobre el plano, treinta minutos y parece hemos llegado, la puerta de la selva como me han dicho, el Guaviare amarillo abraza unas islas, las playas de verano se extienden en sus curvas y un par de madreviejas se han hecho lagunas.



Jairo, el alumno me recibe, la frescura matutina con sus 26 grados es amena, un cielo despejado, sin nubes me recuerda los cielos de Chile, aunque los de aquí tienen más color; del hotel al aula hay tan solo dos cuadras así que hay tiempo para preparar la clase y para un baño, efecto refrescante que se pierde cuando es medio día, y las dos cuadras hacen que cuando llegues al aula ya estés bañado en sudor. He descubierto con estas clases en Guaviare y con la respuesta de los alumnos una nueva pasión.
San José es un pueblo en crecimiento, es un lugar de colonos donde consigues en una mesa gente de todo el país; dijo Yuber un alumno músico que a Guaviare llegaron los Boyacenses a raspar coca, los costeños a sembrarla y los paisas a inventarse las marrullas para tumbar a alguien, ha de ser por la coca, por lo alejado, por la selva que San José ha sufrido tantas cosas…

Caminando bajo las cubiertas de las aceras, muy útiles por cierto pues el calor es sofocante, veo a unos indígenas, he leído muchas vallas, …promesas con el nombre de una etnia, ajena a los embates del comercio, hoteles, festivales, restaurantes, piscinas y hasta bares son nukak, más nunca les preguntan o consultan, su nombre es el gancho a este lugar…
Si por azares de la vida hace unos meses representé al Alex junto al Ministro, hoy por otros azares represento a la Exter junto al Gobernador, gracias dios por darme la facilidad de improvisar.
Una promesa de clase en campo nos lleva a playa Güio y Laguna Negra, dichosos a ver dioses hechos bichos, arañas tejen cruces en los muros, insectos emplumados de ojos rojos, libélulas carmesí sobre aguas verdes, las pavas que en el monte lucen sus tocados, tortugas asoleándose en los troncos, gaviotas, patos y martines que vuelan sobre el verde de este bosque, reflejo en el negro de las aguas cuyos susurros se mezclan con los cantos que vienen del bosque, micos y monos saltan por encima de nosotros, si es Guaviare, y este es tan solo uno de tantos sitios, pensar que tenemos selva a solo 7 horas es promesa e ilusión.

Llega la mañana del regreso y el viaje me trae de nuevo a mi realidad, a un trabajo que se acaba con el año, a los viajes que supongo disminuirán.

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