
Unos ojos negros que se enfocan, unas pestañas largas que parecen apuntando, unos dientes blancos y grandes que luego dejarían escapar dos preguntas, todo en una sola mirada… y entonces la sangre fluye por el rostro, el blanco se torna rosa, mi mirada se baja y aflora una sonrisa.
Increíble que a mis 33 la sutil coquetería de una mirada me haga sonrojar…y de paso sonreír.
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