sábado, 19 de septiembre de 2009

Plutón atravesado

Sábado de amor y amistad, la rumba de viernes de mis nuevos vecinos termina a las 6:30 am, su silencio me despierta y entonces se desvanece mi intenso sueño en el que me fue revelado el argumento de un libro que escribiré. Los rayos de sol sobre los árboles de mi ventana prometen un día azul y caluroso, se hacen impulso para levantarme a andar desnudo por mi casa, tomar el sol, escuchar la banda sonora de Amelíe, apuntar mi sueño, el de la trama del libro.

El desayuno de siempre, para el comensal de siempre, en la mesa de nunca, con la soledad de siempre, me rehuso a seguir así, recuerdo que Andy Warhol anda en la Candelaria y que mi hermana irá hoy, una visita rápida por su Mao, Marilyn, Reagan, y sus vacas...

Las sonrisas de mí sobrina me sacan por momentos de mis redes, sus grandes ojos y largas pestañas centran la atención de los asistentes a la galería, Warhol pudo ser genio pero mi sobri es hermosa.

Camino solitario por la Cande, bajo un intenso sol, mi madre por teléfono pregunta si ando en desparche de amor y de amistad.

Debo confesar que ya ni sé cómo me siento, hoy no sé para dónde ir, no sé qué hacer, de aquel cuento de no planear sólo queda el saber que tampoco sirvió.
He hablado con Yura, me dijo hace ya rato que debíamos estar preparados, el casposo Plutón se atravesó en nuestra casa 3 y dicen los que dicen saber que es tiempo de cambios, de transformaciones, tiempos difíciles pero decisivos...

El sol de hoy me ha puesto a pensar, la luna nueva que no veo me lo ha confirmado, más bajo ya no se puede, de aquí en adelante lo que queda es subir, seguro que ese par me alejaron a Plutón.

martes, 15 de septiembre de 2009

Acostumbrado a perder

Llega la primavera con sus rayos de sol a las australes tierras de Zlop, aquí en la Maca en el corazón de Bogotá se completan 25 horas de lluvia. Las más fuertes se sintieron entre las 3:00 y las 4:00 am, con el frío de la lluvia, de estos 2650 msnm y de la soledad de estas noches, mis horas de sueño disminuyen y se reemplazan por este remolino de pensamientos que pareciese no terminar nunca. 
No estás acostumbrado a perder...
Quizás porque sostengo que la mejor etapa de mi vida es esta, quizás porque afirmo que he hecho todo lo que he querido en la vida, quizás porque vivo agradecido de la vida, quizás por todo esto se piense que no he perdido nada en la vida.
En el remolino de pensamientos llegan mis primeros recuerdos de infancia, nunca perdí las ilusiones de que el Niño Dios y Papa Noel fueran quienes en navidad traían los regalos, nunca, pues desde siempre supe que era mi madre.
Nunca perdí una materia, nunca perdí un curso, como nunca perdí la bicicleta que mi padre me regalaría por ser el mejor en el colegio porque nunca me la regaló. 
¿Qué he perdido?, perdí mis amigos de infancia al menos cuatro veces que cambié de colegio, perdí a mi padre a mis 10 años, perdí cierta comodidad económica en la época de la apertura, perdí mis primeros negocios, dos mascotas, un ternero, tres conejos y una oveja...
Seguí perdiendo, perdí el amor en el estudio (me dediqué a trabajar y no me interesaba tener novia), perdí cuatro empresas que creé, perdí mis tres primeros empleos, perdí mi tiempo en negocios inviables. 
Seguí perdiendo, perdí un apartamento propio con el doble de área que en el que vivo pagando arriendo, perdí mis muebles, la nevera, la lavadora, perdí mi colección de soldados de plomo y la colección de artesanías que había logrado luego de 40 viajes por el país. 
Hace poco perdí el empleo que más he disfrutado en la vida y llevo dos meses desempleado, perdí mi ritmo de viaje. 
Si, he perdido mucho, pero tienen razón, aún no me acostumbro a perder.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Las artes culinarias... mientras tanto

Mientras llega lo trascendente he dedicarle unas líneas a las artes culinarias.
Comienzo confesando que una de las cosas que más odio de vivir solo es comer precisamente solo, confieso también que me encanta cocinar pero odio hacerlo para un solo comensal, ha de ser por eso que no tengo comedor. 
En una tarde de desempleo pasan las horas sumergido en La Invención del Tercer Mundo, cuestionando el desarrollo, paseando por Leff y su epistemología ambiental, de repente y a pesar de los autores su sistemia me hace daño, mi cerebro se revela y desata un hambre grande...
Miro entonces la nevera, hay pescado, hay espaguetis (no en la nevera), el cerebro revelado dicta pronto su sentencia, merluza en medio de especias, pasta al burro y coca cola... mi cerebro es chicanero por supuesto suena bien, pero hacerlo es complicado.
Les confieso otra cosa, no me gustan las sistemias, no hay recetas, me lo invento... mientras busco la cebolla, el jengibre y la sal, me doy cuenta de mi falta de rigurosidad, ser sistémico me cuesta, los procesos mucho más, paso 1, paso 2, 3 segundos en el horno, 5 onzas de mantequilla... no señor, no así funciono, meto dedos en la sal, si se tocan es pa un huevo, huele bien?, así sabrá... 
En las artes culinarias al igual que en otras cosas, improviso y lo peor es que funciona; sin que suene a que soy chef, si probaran mis creaciones, chocolate normalito, pasto al burro (mejicano)...
Cocinar es pues terapia y la quiero compartir, sin embargo no me pidan la receta, o mejor se las doy ya, sientan sal entre sus dedos, usen aceite de oliva al gusto, la pasta no al dente sino al gusto de su diente, sientan todo cuanto tocan, cocinar como otras cosas es un arte de sentir... 
Pa pensar vuelvo a Escobar y su cuento de desarrollo.