martes, 8 de diciembre de 2009

Solo velitas

Luego de 34, justo cuando medio mi existencia, llega el primer siete de diciembre en que las velas se prendieron sin hablar, sin público, sin nadie al lado. Las explosiones de los fuegos y los juegos llaman a ver, Monserrate el cerro de mi ventana está iluminado; el sonido es ahora en la torre Colpatria, salgo en camiseta y me encuentro con que tengo vecinos, muchos vecinos, vecinos jóvenes, una pareja de gringos y otra de árabes, descubro que hay familias y muchos niños en estas cuadras.

Regreso a mi casa, enciendo las velas y con ellas vuelvo a mi infancia en vacaciones, cuando los abuelos me llevaban a ver las luces en diciembre, a esas navidades y año nuevo que se celebraban en la vereda, solos los tres en la finca viendo al otro lado del cerro las únicas lucecitas encendidas que provenían de las casas que ya contaban con energía, vuelvo a esos momentos en que se celebraba sin celebrar, sin vino, sin galletas, sin cenas, sin energía, solo viendo la noche, las velas de aquel entonces eran para ver, las de hoy para recordar.

Después de todo recordé, que no es la primera vez que solo veo la noche.









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