martes, 15 de junio de 2010

Cartagena de Indias, el nuevo destino




30 meses después, la ciudad ha cambiado su look, no tanto como el mío pero luce diferente, la Ciudad amurallada repleta de hoteles, de boutiques, de tiendas de artesanías, de casas en construcción, eso si los bares y los vendedores ambulantes de siempre.
Acostumbrado a reuniones con abuelas ticuna, yagua y cocama, con la abuela Lucía que en su escaso español nos contaba como el azucar y la sal apenas hacia 30 años habían llegado a su comunidad en el Amazonas; acostumbrado a los jóvenes indígenas con camisetas de marca "marca LLerás en el tarjetón", con la costumbre de llegar en jean y tenis a las reuniones sabía que Cartagena sería distinto.
Aquí, mujeres estrato 8 vestidas como para un desfile, con apodos de 4 letras me explican que el problema de los vendedores ambulantes se da en todo el mundo, "es que cuando estuve en Roma, casi no me quito de encima al vendedor de flores", yo sabía que no hablaba del barrio Class Roma en Bogotá; Maye por su lado insistía en que no quería la Cancunización del destino, "es que es triste ver como ha cambiado esa ciudad desde que la he estado visitando".Yo, recién llegado de Leticia, mi máxima comparación sería con Ciudad de Panamá, Quito o San José de Costa Rica.
La manilla verde que dice "Mockus presidente" habría de traerme muchos problemas, en una ciudad como esta en el que el índice de Gini se acerca al 1, pensar diferente es ser mamerto, eso sumado a mi pelo largo puso a prueba mi capacidad de facilitador, aquí por advertencia de Edna no podría usar mi sentido del humor negro, me tocó recurrir a las jugadas autoritarias de Uribe, esas con las que le gente piensa que uno es más inteligente.

Huyo hacia un recorrido de esas calles llenas de colores, de flores azules y púrpura sobre balcones de madera, de materas de las que brotan árboles que atan las casas a la tierra, huyo para ver los contrastes de una ciudad bella habitada por unos de día y habitada por otros de noche, una ciudad que ya no es de los cartageneros.

Lo divertido pensar que aquí nació Mis Bones y que luego de 20 años de su partida de esta ciudad me ponga a buscarle un rollo de chocolate de Rosita Bennedeti que sorprendentemente aún vive y más sorprendente que yo le haya conseguido el postre apenas con una hora de encargo.

Así, luego de escasos tres días de visita, a dos horas del vuelo, me siento en la playa a ver el atardecer mientras espero el postre para mi Amor; habrían de haberme visto correr por la ciudad, subirme al avión, bajarme en Bogotá llevando un caja y una cara de pastel.

Sabia la vida, sabía Mis bones de la sorpresa, por eso cuando llego a la fría Maca, a mi fría ciudad abro la puerta para encontrar a la bella cartagenera que salta de alegría al ver el postre.

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