domingo, 23 de enero de 2011

Partir, Con el Azul nostalgia



- Hoy están azules, ¿por qué?... al fin lo entiendo, es el azul de la nostalgia.
Palabras de Bones al verme a los ojos, días antes de partir, desde hace tiempo adelanta estudios de etología que implican el análisis de mis gestos y el cambio en el color de mis ojos, quiere entender mi semiótica corporal.
Una nevada de despedida, colarme en clases de Bones para saber cómo es una en EEUU, recorrer las calles de Fort Collins con la cámara como queriendo llevarme toda esta experiencia en recuerdo vivo. Ad portas de partir y luego de más de un mes de verlas, al fin se pueden fotografiar las ardillas que corren por los jardines de la U.
Rápidamente pasan las horas y como flash pasan los días, trato de no dormir mucho para sentir que los días son más largos, para extender esos últimos momentos de estar junto a Bones.
Jugamos racquetball, mi último baño en la tina, se llega el viernes, terminamos el vino italiano, la amabilidad mexicana no tiene límite y Lalo nos presta su camioneta para el siguiente día, charlas, pláticas y el pálpito se hace más fuerte.
Sin ganas de levantarnos, haciéndole el quite a salir, camino lento, hago todo lento para que me deje el avión, Bones se para en la puerta y amenaza con comerse las llaves para no dejarme ir, los abrazos amainan la tristeza.
Ya en el aeropuerto la despedida que pretendemos eterna, con la calidez que nos caracteriza, mientras paso seguridad la busco a mi alrededor, mi cara de cusumbo le produce la risa con la que la encuentro entre la gente para mandarnos los últimos besos al viento y heme en la ruta hacia Colombia.
Horas de vuelo en las que mi única alegría es saber que ya entiendo lo que me dicen en inglés, de nuevo Houston y las particulares características de la fila me indican que es de colombianos.
Cinco horas más de vuelo, al tiempo que siento que algo se me quedó, al tiempo que siento una nostalgia infinita. Damas y caballeros bienvenidos a Colombia, lamentamos informarles que se dañó el muelle y tendremos que desplazarnos por escaleras…de nuevo el caos y el ruido.
Partir, al fin entiendo la palabra, partir duele; sé que este no es el relato de mi regreso, el regreso será a mi hogar, el regreso será con mi familia, con Mis Huesitos, donde sea que sea, ese será mi regreso.

lunes, 17 de enero de 2011

La tensa calma del invierno


La ciudad blanca por la nieve, casi vacía por la ausencia de estudiantes que están de vacaciones, una casa debe quedar atrás y un apartamento nuevo por ocupar; hablar de "nuestro" me emociona aun cuando apenas restan 12 días aquí en "nuestro".

Los días más fríos son los de enero, la nieve se descongela lentamente pues la temperatura está bajo cero, montar bici es odisea en calles que se hacen pistas de hielo.

Madrugada de mi día treinta aquí: "amor, sal a ver por la ventana", un paisaje blanco en el que se dibujan siluetas de árboles grises y cafés, nieve cayendo en copos del tamaño de plumas, el olor a .... de gato que precede y acompaña las nevadas, como niño me quedo en la ventana saltando de la alegría, no aguantamos las ganas y salimos a caminar, 4 capas de ropa y te sientes como un colchón andante.
Una noche blanca, iluminada por la nieve es para visitar a Lalo y Helen que han vuelto, muestra de fotos de viajes y al salir, el termómetro indica que estamos a -17C, sigue nevando.

Multiples planes se convierten en días en el apartamento viendo a la ventana, a veces hace sol pero ves el termómetro y dice que son -21C, mi cuerpo acostumbrado al trópico se rehusa a creer que si hay sol haga frío, pero es suficiente un minuto fuera para que los dedos sientan un frío que quema, que los pómulos se sientan como muros que pierden movimiento.

Luego vendrían tardes caminando pues los días más duros pasaron, visitas a las cervecerías (Fort Collins está repleto de cervecerías artesanales), almuerzos a restaurantes en el DownTown, mi inglés poco a poco, bueno poquito a poquito va mejorando.

Días enteros dedicados a nosotros, viendo pelis, escuchando música, cocinando y amor ... súbitamente y sin frecuencias definidas, como si nos turnáramos, es ella o soy yo, nos miramos, sus ojos o mis ojos se hacen agua, sin decirnos nada sabemos que es nostalgia y tristeza de saber que se acerca mi partida, algunas onomatopeyas que se cubren con un abrazo.

Así, mucho a mucho se pasan estos días, mientras mis noches con poco sueño, se llenan de sueños y planes para este tipo que se supone no planea... poco a poco se aclara el "nuestro", un nuestro sin lugar, un nuestro donde sea.

martes, 4 de enero de 2011

California, Californiaaa. (Léase cantando)



6:00 am aún oscuro, junto con Bones, Lili, Marian, Dany y Eugenio nos dirigimos hacia Denver al tiempo que el sol se aparece al fondo de la gran planicie, con un cielo en degrade de rosados, naranjas y azules, siluetas negras de los árboles desplumados (Bones, 2010) son el marco de la carretera.

Reviso el iPhone, deben venir las rutas, los destinos, los hoteles, las páginas web y las actividades que haremos durante el viaje, gracias a la rigurosa planeación que caracteriza a Bones. Las rutinas de aeropuerto que en EEUU toman casi una hora, finalmente y ya sólo con Bones a las 8:45am salimos hacia San Francisco, sin embargo al llegar a OC, el invierno fuerte de nuestro destino nos retiene por casi 4 horas, aprovechamos el tiempo para conocer el Orange County, bueno, su aeropuerto que es lo único que podemos ver.
Ya en San Francisco el tren aéreo (que no va por el aire) nos lleva hasta la renta del auto, de allí salimos en busca del hotel, al llegar preguntamos por la reserva y no es en ese hotel, es en el de al lado jijijiji, eso me pasa por no apuntar, dice Bones.
En el auto recorremos una ciudad ecléctica, llena de mezclas de arquitectura, rascacielos, puentes inmensos, chinatown, douwntown, la zona costera, puede que sea de noche, pero la ciudad tiene un encanto que me hace pensar en el concepto de cosmopolita, metro, buses de un piso, de dos, de uno y medio, trolleys;rostros asíaticos, indios, latinos, gringos, europeos, eso si pocos carecusumbo. Para calmar el hambre un delicioso perro caliente por tan solo US$6 que con la bebida serían US$10.

El siguiente día es para el MuirWood Park, de camino la parada obligada en el Golden Gate Bridge (que realmente es rojo), una carretera repleta de curvas que me recuerda a Colombia, nos internamos por un bosque de árboles con ramas con crespos y aparecen unos gigantes más altos que las sequoias, árboles milenarios con ramas que parecen cansadas de contar los años, senderos hermosos, señalización perfecta, muchos idiomas se mezclan, escogemos el sendero del Ocean View que nos lleva a ver la avenida con ese nombre pero no el océano; ya de salida nos compramos un pequeño redwood de madera, mide 160 cms y es para la pared de la futura casa que en Colombia o donde sea tendremos, luego habríamos de pensar cómo llevarlo en los aviones.
Están de moda los acuarios y pasamos al de San Francisco en Pier 39, la verdad no vayan, lo único bueno está por fuera y es un pequeño mall sobre el puerto repleto de pequeñas tiendas con bobadas y recordatorios.

Es la hora de tomar carretera, Bones nuevamente al volante, la autopista 1 hacia el sur, puede que sea más demorada y repleta de curvas pero el paisaje es increíble, las fuertes olas del Pacífico casi que golpean la carretera, faros, grandes fincas, puentes que datan de 1932, hermosos pueblos y hasta vacas.

Destino 1, el acuario de Monterey, con dos acuarios en EEUU, dos en Colombia y uno en Costa Rica, sigo siendo neófito en el tema pero dicen que es uno de los mejores del mundo; repleto de gente, sin líneas de tiempo o actividades, se recorre al gusto de cada quien, con diversas actividades al gusto de cada quien; nuevamente Bones rasguña el vidrio donde están las nutrias, yo desenfundo mi Nikón con el nuevo lente 55-300 y feliz tomo fotografías; anémonas, medusas, pulpos, nuevamente nemo, nuevamente doris, estrellas de mar y es la hora de continuar.
Después de Half Moon de muchos pueblos que no recuerdo, la puesta de sol es el cuadro de la carretera, se supone faltan 7 horas para llegar a los Angeles, así que en contra de lo planeado decidimos quedarnos en un Morro Bay, en un motel tipo película gringa...no hablaré mucho de este sitio, es 29/12 tenía planeada una cena que finalmente no se dio.
Retomamos la carretera, con los almuerzos en el auto, las paradas a Starbucks para aprovechar el wifi y seguir planeando la ruta, salida accidental a un bello pueblo junto al mar, con casas de madera con diseños parecidos a los de Gaudi, casas coloniales, un ambiente de paz y tranquilidad, de vida lenta al que prometemos volver algún día, se llama Carmel city y es de ensueño.
Largas horas por la autopista que deja de ser la 1 y se une a muchas para sumar ocho carriles en cada sentido, lagrimita de la risa de Bones, con el copiloto tan aburrido que soy, se hace bromas que le producen carcajadas.

Contrastes de montañas nevadas en el fondo, la costa, la costa fría, perdimos una reserva en Long Beach, no hay cupo en el hotel así que seguiremos hasta San Diego, según Google serían 2 horas, pero el trancón une a Los Angeles con San Diego.
Un bello hotel en el sector Carmel, piso 8, nuevamente conduzco para recorrer esta pequeña ciudad junto al mar. Al siguiente día, vamos hasta Danna Point en Orange County, un pequeño crucerito para ver delfines, leones de mar; nuevamente el lente 55-300, nuevamente fotos a Bones que va muy bien con sus pintas en esta ciudad de estrellas y artistas. Decenas de delfines nadan junto al barco, de fondo la playa, las mansiones sobre acantilados y más allá las montañas nevadas, el frío del mar y un estudio previo a lo que parecen ardillas de cola delgada en la playa.
Es 31, regresamos al hotel, un encuentro con un representante de los Z en el ascensor, hay fiesta de año nuevo en el hotel, vestidos espectaculares, con Bones es plan romántico, peli en la cama, champagna, tabla de quesos, amor y...la noche perfecta
1/01/11, desayuno con salmón a la habitación, baño en la tina... si es cierto que lo que haces el primero es presagio de lo que harás en el año, este será espectacular, el mejor año nuevo de la vida.

Emprendemos el regreso a San Francisco, ciudades sin limites, no sabes donde termina una y comienza la siguiente, nuevamente Beverlly Hills, tomamos la autopista más rápida y recta, es una línea que llega hasta donde el horizonte lo permite, así por horas y horas; llevaba tiempo sin conducir y nunca había conducido un automático, 4 horas seguidas a 120km por hora son el sueño de muchos en Colombia.
Ya en San Francisco, desayunamos en un bistro hermoso, con mimosa, unos huevos encapsulados, unas papas, valieron la pena los 65 dólares. El último día es para el Golden Gate Park donde se reúnen atracciones para todos, conservatorio de flores, jardín botánico, la academia de las ciencias, la casa japonesa; a más de 6000 km de distancia de mi hogar vengo a ver el ecosistema de Amazonas en una pequeña cúpula (pese a ser la más grande del mundo), pirarucus, gamitanas, presos en esta urna de vidrio, ay dioses, si estos gringos vieran la magnitud y la belleza de nuestras selvas...
Cena en Bistro Goudin junto a Pier 39, la costa a un lado y sabemos que Alcatraz está de fondo, la música perfecta, pasamos por la famosa fábrica de pan del primer piso, nuevamente de noche recorremos las calles de San Francisco y mañana es el regreso.




En el avión de regreso observamos las rocky mountain, ajustamos la hora, Fort Collins está cubierta totalmente de nieve, alegre pero congelado llego y Lucky me recibe feliz, es mi mejor amigo en los EEUU, no sé su raza, pero vaya que es bueno sentir que alguien te extraña.


- Te quiero
- yo a ti, dijo ella. No solo son sus palabras minutos antes lo venía diciendo con sus ojos y sus labios (piensa él)... (fragmentos de conversación en el bistro).