sábado, 21 de mayo de 2011

Rumbo a México

Con la meta de mudarnos de país en un día presurosos nos levantamos, las cosas están clasificadas y empacadas, botar, donar, regalar, cargar lo mas preciado, tarea difícil en la que un abrigo rojo que regalé se va a la basura, se entregan las llaves de este hogar de los últimos meses, la rubia de piel extrabronceada por primera vez sin lentes oscuros deja ver porqué los usaba.

La maratónica labor nos lleva a exceder los límites de velocidad rumbo al aeropuerto, un auto gris intempestivamente se mete en la vía y Bones lo esquiva acelerando, cinco minutos después el mismo auto gris encendió la sirena y nos pidió orillarnos, este paseo no hubiera sido completo si la policía no nos hubiese detenido.

A una hora de retraso se suma la entrega del coche rentado, la tanqueada y una hora de fila, por fin en el checking, la mala fortuna nos llega con BritVona, una mujer que nos hace el viaje imposible, nos pospone el viaje cuatro días, luego no nos deja comprar otro tiquete, luego no quería dejarnos viajar cuando compramos otro por nuestra cuenta. Ahora nuestro destino del día ya no era Tuxtla sino el DF.
Corremos absurdamente pero las largas filas en seguridad nos detienen, luego unas nutrías de madera en la aduana, luego mi Skywalker, en esos momentos entiendes porqué hay metros y bandas transportadoras, para que corras innecesariamente, al llegar a la sala, con la cara típica de amabilidad de Continental nos dicen: "si ese era su vuelo, lo perdieron"...con el segundo vuelo perdido resignados esperamos a que nos manden en el siguiente vuelo, 3:45pm, luego las lluvias de aquí y de allá lo convirtieron en 7:30pm, ya México no será hoy.

11:30 en Houston y mañana primer vuelo, hotel barato en el que se compran los tiquetes DF- Tuxla, mañana será mejor.
Tres horas de sueño y de nuevo al aeropuerto, de nuevo seguridad y al fin rumbo a México, en el vuelo sigo pensando en inglés, qué responderé en migración de México, un par de horas y ya tierra mexicana, el gran DF que se extiende hasta donde no vemos, el aeropuerto en obra aún desde el avión me sitúa nuevamente en Latinoamérica.

Sigo respondiendo en inglés, almuerzo típico y de nuevo el sabor de la carne de verdad, unas coronas para celebrar "estamos en México, lo logramos", tres guacamoles y le digo a Bones que si aguantamos el rojo fijo el verde también pues parece sin picante, dos coronas más para pasar la primer picada que nos llevó hasta las lágrimas.

Hora de abordar el siguiente vuelo, el motor más ruidoso que de costumbre, el despegar más movido que de costumbre, las alas más temblorosas que de costumbre y la turbulencia más mucho más fuerte que de costumbre "bueno amor, al menos llegamos a México, ya si se cae este avión cumplimos la meta". Un tequila a bordo espanta el miedo, empezamos el descenso y el paisaje en la ventana va cambiando, se deja la zona árida, aparece el verde, bosques y montañas, embalses azules y finalmente aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Tuxtla Gutierrez, mientras se busca el taxi soporto los 40C con mi nueva pinta: sombrero, gafas oscuras, camisa Hugo Boss y botas Toms verdes.
Un totalmente Renault nos lleva, a medida que atravesamos las calles recuerdo los bosques secos de Santa Marta, los balnearios de toda Colombia, la arquitectura neoduitamense...estamos en Latinoamérica carajo. Empezamos el ascenso y el paisaje nuevamente cambia, el bosque cambia de color, ascendemos, pasamos en una hora de 400msnm a 2200msnm, bienvenidos a San Cristobal de las Casas, aquel imaginario de pueblito desaparece, 120 mil habitantes no son de un pueblo, tampoco el tamaño de esta ciudad, recuerdo ahora las calles de Pasto, Tunja, Duitama, Sogamoso, Mocoa, Florencia...

Nuestra casa temporal es en el centro, allí la arquitectura trata de conservar un aire colonial, recuerdo el centro histórico de Cartagena de Indias, cientos de extranjeros en las calles, nuevamente el casete de inglés se activa.

Pronto descubrimos que nuestros vecinos son Lean y Jean, vamos pues a celebrar, tres rondas de Indio y cuatro brindis con Bones "bienvenidos a México".

martes, 17 de mayo de 2011

Mi prima vera

Veinticinco años después de aquella primera vez en la que planté árboles en la finca de mi padre en Boyacá, el destino me lleva a repetir mi ambientalismo, esta vez en los Estados Unidos. Un paisaje completamente diferente, un viento que me recuerda al Cocuy y un grupo de voluntarios entre vejetes y jovenzuelos gringos en el que los latinos somos como las uvas pasas en el arroz con leche.

Súbitamente las hojas aparecen y los árboles desplumados reverdecen, poco a poco los días se hacen más largos, los atardeceres se tornan rosa y llegan los cambios de temperatura, un día 5C al siguiente 24C, si dicen que es la primavera.

Con Bones en campo empiezo a extrañar la TV que no veía, el teléfono que no usaba y el celu que ya no sonaba, heme en una soledad similar a la de la Maca pero aún más silenciosa. Para no aburrirme Bones me comunica con una Polaca, Helen Sald, 45 minutos de charla para darnos cuenta que en Europa, en África o en América los seres humanos somos esencialmente iguales de básicos. Para seguirme entreteniendo Bones me comunica con una brasilera y un peruano, dos horas de almuerzo y me doy cuenta que incluso aquí, sorprende que un diseñador esté en el mundo ambientoso y turístico, incluso aquí las mismas dicusiones de la universidad pública versus la universidad privada, como si ya no supiera que me ha costado el doble llegar a donde estoy, si es que donde estoy tiene algo de relevancia.

Con la calma que da el no tener qué hacer, recorro calles en busca de los florecidos tulipanes, miro en la ventana a lo lejos buscando quién sabe qué. No sé si sea la prima vera, no sé si sea la tranquilidad, quizás, lo más seguro es que nací con un aire de nostalgia, un aire que se hace bocanada, exalación, suspiro…si un suspiro constante de ese algo, de esa nada, que siempre me acompaña y me abandona.

Pasan los días y ya me siento cómodo en esta tranquilidad y en esta calma, entiendo las normas, me gusta mucho la ciudad. Pero el mes de estadía está por acabar, aprovechamos entonces ya con Bones. La sopa de cerveza con queso en el Down Town, las hamburgueserías más tradicionales, las caminatas por las calles representativas soñando con esas casas de cuento y deleitándonos con los fondees.

En busca de las montañas nevadas del Parque Roosevelt salimos aprovechando el carro rentado, google maps falla, el Iphone sin señal también, así que a las montañas nevadas llegamos, al Roosevelt también pero no a donde planeamos. La justa despedida a estos bosques y al río, se cumplen las locuras de último momento y las fantasías de hace tiempo, uno de esos días que nunca se olvidarán, pura alegría.

El espíritu latino hace mella, Micaela una gringuita dulce quiere ir a bailar, Bones como buena amiga la secunda, la última noche en Fort Collins es para Río, los avisos aseguran rumba salsera, al entrar, una casa como de principios de siglo XX, dos salones, una cantidad de gringos intentando aplicar lo que han aprendido en sus clases, algunos logran pasos interesantes que nada tienen que ver con el ritmo de la música que preciso es de Juanes y aquí juran que es salsa; es chistoso, parece que esos cantantes salseros del Valle que dejamos de escuchar hace 20 años en Colombia, aquí son los que suenan... es chistoso también, las dos últimas veces que he bailado salsa ha sido aquí a miles de kilométros de mi bella patria...así pasa el último día.

Se acaba pues el paso por los Estados Unidos, el próximo post ya será desde México...nos leemos pues en unos días