lunes, 13 de junio de 2011

San Cristóbal de las Casas

Recibo monedas y billetes, los leo, los observo, la cultura mexicana se expresa hasta en ellos, recorro las calles con nombre, nombres de personas, las calles también cuentan historias. Las calles del centro me recuerdan algunas de Cartagena de Indias, partes de pueblos coloniales en Colombia, reina la diversidad de colores, de grupos indígenas, diversas lenguas y juro que Rammstein canta en Tsotsil pues los indígenas que caminan en las calles cantan sus letras y siguen hablando, yo no entiendo ni lo uno, ni lo otro.

Extranjeros por doquier, el centro se caracteriza por ese modelo de turismo en el que los locales hacen los oficios varios, gomelos son los dueños y administran, hipies extranjeros cantan en las calles de noche para el siguiente día ir a los restaurantes caros, mientras los indígenas se rebuscan la vida vendiendo artesanías en las calles.

Buscamos casa a las afueras, con la celeridad y atacades que nos caracteriza una cabaña en la montaña, rodeada de bosque y caminos como cuevas en medio de árboles nos seduce. De fuera es perfecta, tarde nos daríamos cuenta que por dentro las falencias son grandes.
El resto de San Cris me recuerda a Tunja, Sogamoso, Duitama, Florencia, Mocoa, esas ciudades en constante construcción, de arquitectura ecléctica o neoduitamense donde el bloque a la vista reina. Los combis y los micros (colectivos) uniformados de blanco salen del centro hacia los extremos, ayudantes gritan las paradas en un español que tardaría días en comprender, golpean el coche una vez para parar, dos para arrancar y muchas veces si el auto debe seguir en reversa.

En el transporte público conoces la ciudad, pasas de escuchar norteña y duranguense, a la Rabiosa de Shakira y luego Franco de Vita quien yo juraba que ya estaba pensionado en Venezuela; familias indígenas se suben hablando sus lenguas, apenas entiendo los números, su olor, común al de los indígenas andinos de Colombia una mezcla de leña, humo, sudor y aceites.


Poco a poco aprendo la jerga chiapaneca, en Tuxtla ceno y veo en concierto a Molotov y a Fobia, siiii, heme en México cantando ¡Viva México cabrones!, aprendo qué es chido, chinga, chingar, chingado, pocamadre, desmadre, chafa, desaprendo que chequear es irregular, que platica no es el diminutivo de dinero sino una charla, que chaqueta es chamarra y decir que la cojo es ser vulgar.

Visito los mercados donde descubro un mundo de colores, en vestidos, en alimentos, en plásticos, sé que no puedo comer casi nada, ni las tortas, ni tortillas, ni los tacos, ni los tamales si los venden en la calle. Las primeras visitas Bones se sorprendía de que a mi me hablaran en inglés, luego cuando fui con Helen, descubrimos que lo que para el resto cuesta $10, para nosotros cuesta $20, pero es que quien manda a una polaca y a un colombiano güero a ir al mercado juntos. Del "mono" en Colombia ahora soy güero en México, aquí como en el Pacífico y Amazonas colombiano me ven como turista

Bones pronto saldrá, así que me lleva de paseo al Cañón del Sumidero, garzas, cocodrilos y muros de piedra de 1000 metros a cada lado, llueve, no hay muchas fotos, la casa de la marimba, Chiapas de Corso, Eugi y Mauro me dan clases de historia que luego les compartiré.

Ya en la nueva cabaña la biodiversidad me encanta, las grandes ventanas dejan ver los bosques primarios y secundarios que rodean a SanCris, el cerro no me deja ver el centro, descubro que tengo una ardilla en el jardín, que hay más de 7 tipos de aves entre ellas una azul grande con cejas amarillas, luego descubro un insecto palo de 20cms de envergadura, por los dioses, cuanta biodiversidad, días después descubro una tarántula en la entrada...dios, exceso de biodiversidad.


Bones se va, llegan los días de soledad, ya no es como Colombia, ni siquiera como Fort Collins, la soledad aquí hace mella, días enteros en los que lo único que hago es ver que pase el día, charlas con Helen Sadl, quien comparte conmigo la desocupación y las razones de viaje.

Llegaron las lluvias, de aquel clima como Medellín o Pereira, pasamos a días fríos, en los que la compañera fiel que siempre me visita a la misma hora es la lluvia, aguaceros fuertes e intensos, pero cortos, Helen dice que así son los mexicanos... su esposo lo es, supongo tiene razón.

Mucho a mucho la soledad me ataca, reaparece el insomnio, me hago tristeza, me convierto en el Fungi King, acabo El Río, me recomiendan ahora leer el Océano para entretenerme más tiempo.

Surge un posible proyecto, en ecoturismo y con comunidades, lo que me gusta, me apasiona, pero mi emocionómetro apenas se mueve... si yo no le cuento, para mi no hay gracia, ella es la razón.

Entonces vuelvo a mis días...y yo que hablaría sobre estado del arte...

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Me gustaron tus fotos, menos la de la tarántula...me dio mareo :S..=)