A medida que pasan los días, a medida que mi estado deja de ser transitorio, van disminuyendo los quejares y los pensares, van disminuyendo las respuestas elaboradas, van disminuyendo mis propias preguntas. Las preguntas se hacen repetitivas, las respuestas empiezan a serlo:
¿Qué me cuentas? - nada.
¿Qué haces? - nada. ¿Qué harás? -nada.
¿Qué piensas hacer? - nada.
Y es que parece que estoy en la fase de aceptación de la nada, ¿qué de malo tiene que no haga nada, ni sueñe con nada, ni quiera hacer nada?. Bueno, lo acepto, tengo 36 años, no tengo casa, ni carro, ni maestría, ni beca, no tengo nada. Lo peor es que no me importa nada.
Infructuoso trato de coger impulso, sé que debe haber algo; balance del año, terminé tesis pero no me gradúo este año, me publicaron un artículo, pero lo hice el año anterior, tengo trabajo, pero muy poquito casi nada.
Continuo con el impulso, ¿qué quiero hacer?, no sé, ¿dónde quiero estar? no sé, ¿quiero estudiar, trabajar, hacer phd, irme a Europa, a Chile? pues no sé.
Así pasan los días, sin que pase nada, de vez en cuando la educación y formación occidental hacen mella, entonces me pregunto ¿qué he hecho hoy? pronto me respondo:
¡mierda no he hecho nada!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario