En la bella Colombia el servicio al cliente es bueno, la gente es amable, Bogotá es hasta bonita, la ciudad ha mejorado, de hecho no tenemos tantos problemas; el aeropuerto el Dorado, sería el comienzo del regreso a la verdad.
Tan sólo unas horas después de llegar de México, una rápida visita a mi nuevo empleo (ya les contaré), derecho al aeropuerto rumbo a Putumayo, de nuevo las hamburguesas del Corral, los encuentros con conocidos, los acentos que imito, las mujeres con los jeanes mas ajustados del mundo, los Andes, el verde colombiano, los ríos amarillos que se ven desde el avión, luego la bella selva del Amazonas, los cerros que muestran la carretera a Nariño, exhalación.
Ya en la conferencia, sin mucho público la verdad, con los compañeros y los atrasos de costumbre, se inicia la bienvenida. ¡No se afanen que somos amigos de los de la aerolínea!, nos damos entonces tiempo para el almuerzo, un pescado de opción rápida se toma 45 minutos, 10 comiendo, 20 de atraso del conductor y a 140km por carreteras muy diferentes de las de México nos vamos al aeropuerto.
Con el vuelo cerrado lo único que vemos es el avión, ya va en el cielo, mañana no habrá vuelo, los de la ciudad cercana están sobrevendidos y yo debo estar en Bogotá para entrevista de trabajo.
Como apenas llegué al país ando con celu en prepago, por ser iPhone los datos acaban el saldo, por no avisar al banco que ya regresé me bloquean la cuenta, también la de internet, así que sin dinero, sin teléfono, sin vuelo y con una gripa que pretende acabarme, Colombia me da la bienvenida.
Sin muchas ganas acepto las 14 horas por tierra hacia Bogotá, no duermo en los buses, menos con gripa, el aire acondicionado es peor, pero debo llegar a mi cita de 9:00am, Bogotá me recibe con un trancón a las 11:00am.
El apartamento se demorará más dice el maestro de obra, las cuentas ya las desbloquearon, la ciudad está en caos, el servicio al cliente es perverso, y me debo preparar para mi entrevista.
Pienso ahora que tal vez estando afuera creé un bello imaginario sobre la esperanza y el extrañamiento del país, bienvenido pues a la realidad, bienvenido pues al desorden.