El ahora rutinario trayecto casa-universidad, me ofrece mañana tras mañana y tarde tras tarde la grata compañía de los cerros orientales; mientras leo las noticias, peleo en Twiter y soy activista ecológico en Facebook, aprovecho para ver las casas que avanzan montaña arriba reemplazando los bosques y el verde que caracterizaba la ciudad.
Estas casas no son exclusivamente de los más pobres, hay también conjuntos cerrados de los más adinerados de la capital y del País. Mientras los unos dejan el ladrillo a la vista por estética, los otros por falta de recursos dejan el bloque a la vista; mientras unos lucen mapas en la entrada que parecen laberintos conectados por el pavimento, los otros sin mapa son laberintos conectados por escaleras; mientras los unos ponen vidrios en los cercos para que nadie se meta, los otros reciclan el vidrio cuando sus vecinos los dejan meter.
Así, día a día observo las diferencias entre los unos y los otros, las casas en constante construcción de los otros que con varillas apuntando al cielo indican que quieren llegar cada vez más alto; mientras los unos construyen cada vez mas alto y más arriba para seguir demostrando que están por encima de los otros.
Sea sobre los unos o sobre los otros, llueve algunas mañanas y el agua llega a la 7a, entonces me pregunto por la justicia natural.
Podríamos pensar que la naturaleza es injusta y se ensaña con los más pobres, son quienes pierden sus casas con el desbordamiento de ríos, tsunamis u otras mal llamadas tragedias naturales; mi abuelo por su parte decía, que cuando caen las lluvias o hace sol, pobres y ricos se mojan o se broncean, la naturaleza es justa en la distribución, agregaría yo.
¿Dónde esta el problema? ¿es la naturaleza justa o injusta?
Básicamente la lluvia cae a ricos y pobres, pero la forma en que cada uno puede resguardarse, protegerse o aprovecharla es lo que cambia, es la vulnerabilidad lo que hace la diferencia.
Así, quienes tienen más recursos pueden prepararse mejor, construyen casas en lugares más seguros, con materiales y sistemas igualmente seguros. Si se mojan su nutrición y sistema de salud los tendrá mejor preparados a enfermedades, por ende su vulnerabilidad es menor.
No niego que hay excepciones, muchos “pobres" (Referido a escasez monetaria) conocen la lluvia y las crecientes de los ríos, se adaptan, eso si, cuando las desconocen pues paila. Hay comunidades rurales que están más preparadas para los cambios climáticos, si no, vean fotos de palafitas en el Pacífico y Amazonas colombiano, de forma que cuando sube el río las casas no se inundan. O simplemente escuchen a las abuelas "deje que el niño se ensucie, ande descalzo, así se hará fuerte".
Pero volvamos al punto, lo cierto es que estos días llueve más en Bogotá, ya hay inundaciones, los acostumbrados derrumbes y como siempre los más afectados son los pobres o mejor, la población en situación de mayor vulnerabilidad; vuelven por ende los titulares sobre la naturaleza injusta, recuerdo entonces que hace varios años se dijo que los conjuntos o urbanizaciones no podían tener sus áreas verdes cerradas, en aras de la justicia con los demás, el acceso debía ser libre.
Vuelvo a los cerros, los otros viven rodeados de áreas verdes cuya geografía impide y afecta las construcciones los unos mantienen cercadas sus áreas verdes, sólo ingresan quienes pertenezcan al club de los unos...y ya concluyo.
Puede ser entonces que la naturaleza sea justa, pero el ser humano sea injusto por naturaleza.