miércoles, 28 de agosto de 2013

De la vida, la docencia y la fe

"Profesor, la Universidad habla y habla que es verde, que es ecológica, habla de sostenibilidad y uno no ve qué está haciendo para serla. Veo regar las plantas en el día, veo que no clasifican basuras, veo llaves abiertas en los baños. Profesor, el sistema del grifo deja abierto el agua x tiempo más de lo necesario, salen x litros por minuto, se usa x veces a la hora, sabe cuánto estamos desperdiciando." 

¿Tatiana, qué propones para pasar a la acción? ¿quieres estar en el semillero de investigación?

Conversación con una estudiante al finalizar la tercera clase sobre desarrollo sostenible.

Desde ese día en adelante semana tras semana me buscaba en la facultad para mostrarme sus avances en la propuesta que ideó, tenía más voluntarias en el semillero que cualquier otro proyecto, sus informes opcionales incluían citas, referencias, gráficos, videos y hasta la presentación bonita para sus compañeros; averiguó cuántos períodicos repartían a la entrada de la U y así calculó el peso, averiguó por el precio del papel reciclado, dónde venderlo, al tiempo averiguó los datos de lluviosidad en esa parte de la ciudad, de forma que hizo una propuesta de cuántos períodicos se necesitaban recoger durante cuánto tiempo, para construir un colector de aguas lluvias.


En las clases siempre complementaba mis explicaciones, si les hablaba de adaptación ella contaba cómo la veía en su ciudad, si les ponía a ver películas o les citaba un poema, ella traía sus propias propuestas  ¿profe, cómo es que no lo sabes?.


La salida de campo del semestre llegó y ella no podía asistir, en reunión me explicó las razones y me pidió discresión. A cambio de salida le dije que me presentara su informe de semillero, el de sostenibilidad en la U.

Vinieron las vacaciones, comienza semestre y en la primera sesión de semillero allí estaba en primera fila, su proyecto avanzaba y caímos en la cuenta de que nunca había asistido a semillero, pero lideraba un proyecto del mismo, "te das cuenta lo dura que eres". Pasaron las semanas, los encuentros eran para discutir conceptos, la diferencia entre sustentabilidad y sostenibilidad, la llevaría a explicar este tema en semillero.

Logramos un par de cupos para estudiantes de semillero a en evento académico, para seleccionar las ganadoras, pedí carta de intención, nuevamente Tatiana con una carta -informe de cuatro páginas con citas, referencias y un anexo, no solo ganó, sino que me trajo a la memoria las razones de su falta a la salida de campo.

Empezó a faltar a clases y a semillero; no pido el número celular de mis alumnos así que el correo fue el único mecanismo: "hazme saber cómo estás, cualquier cosa que necesites dímelo".

Es miércoles salgo de clase de inglés, viene hacia mí con los ojos aguados, ya sé que pasó, buscamos un espacio donde hablar tranquilamente, y allí, su relato acompañado de lágrimas me puso en la más dura de las situaciones, la impotencia, el no saber qué decir o qué hacer.

A sus 18 años se ha quedado huérfana pues su madre murió de cáncer, a sus 18 años se dice grande, pues su hermano de 12 no tiene la fortaleza, le duele su hermano. En una semana ha tenido que sufrir la muerte de la madre, el reconomiento del cuerpo, escoger el ataúd, el cepelio, la pérdida de la casa, la búsqueda de una nueva, tener que buscar trabajo, saber de deudas, pensar en cómo pagar la pensión de su hermano, la custodia y la universidad. 
Mientras, mi mente se pregunta ¿y la comida?, ¿y los buses?, esta u es muy cara, ¿de qué van a vivir?.

Me narra los momentos previos, me cuenta que Dios le había dicho que a su mamá le darían pocos días de vida, pero luego viviría sana y que su milagro cambiaría la fe de muchos. Mi mente agnóstica piensa en paralelo, pinches religiones que generan falsas expectativas. La estudiante parece escuchar mi mente: al morir repetía y oraba las promesas de Dios, pero me di cuenta que no me había fallado, ahora mi madre está en paz y feliz, somos sus hijos quienes nos hemos transformado.

Con la fortaleza que le da su fe, me habla de todas las cosas por las que tiene que responder; llevamos 45 minutos hablando, entre sus fortalezas y mis balbuceos, intentos de la respuesta apropiada. Antes de irse me dice que su madre les dio el ejemplo, que ella no se puede quedar atrás, que tiene que responderle. 
Solo atino a recordar la muerte de mi padre como gesto de solidaridad y compasión (compartir la pasión).

Mientras se marcha, la mezcla de sentimientos: impotencia, admiración, compasión, admiro su fe, pero mi agnóstico no puede dejarle todo a Dios, algo vamos a tener que hacer.

domingo, 11 de agosto de 2013

Respuestas simples a los escépticos del cambio climático.

No se ustedes pero me tiene jarto esa visión limitada de algunos biólogos, físicos, y de otras disciplinas respecto al cambio climático, la de algunos ingenieros, administradores y economistas no, pues siempre ha sido así. 

Una profesora de la U. Nacional dice con orgullo: "no nos creamos tanto, el hombre no puede cambiar los ciclos del planeta". Primero profesora, eso de hablar del "hombre" se superó hace rato, se habla del ser humano. Pero incluso si se refiere al hombre como género ¿no puede un hombre hacerle mal clima a alguien?

Estimada profesora, le pido un favor, salga y mire a través de la ventana, esa ciudad que tiene al frente ha cambiado ciclos, ¿de dónde cree que salió el agua que le llega al tubo? Pues de un río que fue desviado y cuyo caudal hídrico fue modificado, imagínese bióloga que ese cambió del río es un cambio en el ciclo que afecta entre otros, a los peces en sus ciclos reproductivos, otros animales comen peces, los peces se alimentan de otros organismos, cadena trófica que llaman justamente los biólogos.

Ese paisaje urbano, altamente intervenido, cambia ciclos o ¿es que los ecosistemas, las plantas, las aves, no se han afectado con la expansión de las ciudades? ¿Será que el viento sigue siendo el mismo que antes de la ciudad? una cosa es clara y no es el viento, las partículas que hoy carga el viento por supuesto no son las mismas. 

Estimada bióloga, mire un poco más arriba, ojalá de mañana y en días fríos, sí, ese gris es una capa de smog ¿usted cree que estaba en 1492?

Es que el hombre no puede cambiar el clima: estimado físico acérquese al control del aire acondicionado o a la calefacción. 
¡Pero usted si es bobo es únicamente la temperatura y no el clima! 
Estimados físico y bióloga, salgan a bailar a un sitio, preferiblemente concurrido, ojalá cerrado, a medida que avance la noche y el movimiento aumente, el calor corporal y el sudor afectarán la humedad del recinto y si tuvieron chance de ir al Antifaz verán incluso que empiesa a llover dentro del lugar, lluvia de sudor.

¡Pero usted si bobo, la Tierra es un sistema abierto!,
Estimados todos, sí, la Tierra es un sistema abierto, intercambiamos energía con el sol y otras estrellas, pero solo algunos seres vivos, entre ellos las plantas y el fotoplanctón, son capaces de convertir esa energía en biomasa, mientras animales como el ser humano no (no de forma natural).

Las plantas, sí esas que mediante la fotosíntesis convierten energía en biomasa, han sido reducidas vertiginosamente por los seres humanos, sí, me refiero a la tala de bosques y a la extensión de la frontera agrícola. Los seres humanos hemos acabado con gran cantidad de los bosques y coberturas vegetales.
Por otro lado, el fotoplancton que también produce biomasa, aun cuando es más resiliente, también sufre los efectos del ser humano y la contaminación de los mares.

Es decir que justo estamos acabando con los seres vivos cuya función es crear biomasa. Si en un sistema disminuye el número de elementos base en el ciclo de transformación de los "inputs" en este caso la energía, ¿no se cambia el ciclo?

Entonces para generar energía recurrimos a otras fuentes artificiales, principamente hidrocarburos y ahí volvemos a los ciclos; al usar hidrocarburos aumentamos las emisiones de CO2 y otros gases, aquí volvemos a que justo las plantas que de manera natural capturan CO2 se estan reduciendo, pues es muy fácil entender el fenómeno. 

Como dijo Augusto Angel Maya los impactos del ser humano en la naturaleza no son recientes, existen desde hace rato, ¿acaso no se han extinguido especies a causa de la caza, incluso desde el paleolítico?

Estimada bióloga si los hombres primitivos fueron capaces de acabar especies, ¿esas especies no hicieron parte de ciclos tróficos (ecológicos)?

Me dirán que la naturaleza sobrevivió, se adaptó, que los dinosaurios también desaparecieron. Les respondo que por supuesto, la naturaleza sobrevivirá a los errores de la humanidad, se acabarán muchas especies por causa humana o natural, pero lo que discutimos es la capacidad del ser humano de cambiar ciclos y la pérdida de biodiversidad se ha acelerado en los últimos años, justamente por causas humanas.

viernes, 9 de agosto de 2013

De vuelta al Putumayo

Las petroleras casi hacen del vuelo un charter en el que una trabajadora social, un preso, sus dos guardianes y yo, somos los únicos que no venimos en misión petróleo.
Desde el avión le encuentro el corazón al río Caquetá. 

De vuelta al aeropuerto de Villa Garzón, aquel del que escribí hace años pues el checking se hacía en una mesa de plástico, sin techo, sin nada, el despachador llegaba con su libreta de boletos de avión para llenarlos con bolígrafo. Hoy ya hay techo y hasta impresora.
No hay transporte a Mocoa desde el aeropuerto, el que hay es de uso exclusivo de los petroleros. Salgo a llamar un taxi, es hora de almorzar y justo veo un restaurante de carretera al frente. A la 1:16 pasará un bus hacia Mocoa, dice el dueño y mesero del restaurante, almuerzo en 13 minutos, pago en 1, paso la carretera y con la puntualidad de un tren inglés una pequeña van me recoge, abren la puerta y veo un grupo de indígenas músicos de la región con su familia y sus grandes tamboras, me alcancé a ilusionar con que cantarían, pero me conformo con escucharlos hablar en su lengua.
Villa Garzón queda en el valle de muchos ríos, el gran horizonte muestra la llanura, el otro horizonte el pie de monte que se junta con el gran valle. La carretera muestra fragmentos de bosque que se entremezclan con potreros cada vez más grandes y unas pocas vacas cada vez con más territorio (uso intencional del concepto antrópico de territorio).



Los imponentes Andes se ven cada vez más cerca, sé que es una de las zonas más biodiversas, se asciende y los potreros se hacen cada vez más chicos y cada vez menos frecuentes, ya veo la serranía de los Churumbelos que ahora es parque nacional, siempre me ha gustado el bosque lluvioso tan cerquita y las nubes atrapadas en él.
Pero vine a trabajar, visita a un centro experimental donde pronto se inaugurará un área de educación ambiental sobre fauna silvestre del Amazonas, así mi trabajo es recorrer senderos de etnobotánica donde la guía local, toma hojas de plantas en sus manos las frota y me las da a oler para que adivine qué son, luego ella me dice para qué se usan, pude sentir el olor a canela que confundiría a los conquistadores y que los hizo emprender viajes a través de la selva del Amazonas para darse cuenta que no es canela.

Vi una planta con pene y con vagina, no les muestro fotos pues el procurador me demandaría como a Soho.
Mi trabajo es también ver dantas, cerdos silvestres, anacondas, peces grandísimos, presos en este espacio, desgracias a que la gente los caza para tenerlos de mascota y ya no sobrevivirán en el bosque.


Mi trabajo es poder ver una boruga que luego de seis meses al fin sale de su escondite, mi trabajo es ver un grillo de ojos amarillos, tortugas, mi trabajo es pensar como hacer para que la gente venga a ver los animales sin que se interese por tenerlos en su casa.
Mi trabajo es ver tigrillos cuyos rugidos no merecen el diminutivo, me enteraría luego que uno escapó de su prisión para seguir siendo él, el cazador que aprovechó la oportunidad y se comió 10 guacamayas, es su naturaleza y luego no falta el biólogo que dice que no afectamos los ciclos naturales.


Salgo hacia Mocoa, al llegar me encuentro con las calles que reconozco rápidamente, al mirar la iglesia y la casa colonial de la esquina del parque, Mocoa parece una foto sin tiempo del último siglo.
De Mocoa me encanta que a donde mire las calles siempre terminan en el verde del bosque de piedemonte.



Mi trabajo durante los siguientes sería con otros animales, esta vez hablar con los de mi especie.
En mis viajes trato siempre de darme una escapada y conocer la región, la gente dice envidiar mi trabajo pero he tenido viajes a Santa Marta y otros lados en los que llego en la mañana a una oficina, trabajo el día entero y me regreso en la tarde, sin siquiera haber visto la playa.
No quería que me pasara, el sábado que era libre, se va viendo cortado por las reuniones que no se pudieron el viernes. Vé el mariposario me dice Mireya, no me contesta Mildred, eso ve que ella esta allá.
Un taxi me lleva a 8 kilómetros, junto al río Pepino (intuyo que el nombre se debe al color de sus aguas), un muro de roca y una flecha indica la entrada, hago equilibrio junto al río y me pregunto por qué traje mis zapatos citadinos a esta aventura.



Con el fuerte sonido del río a la izquierda y el verde profundo del bosque camino solitario y me siento en la más aventurada experiencia, es el bosque en su esplendor, árboles de todos los colores y tamaños, plantas chicas y grandes, musgos, líquenes y bromelias, cada árbol es un ecosistema con diversidad de especies que conviven (figura metafórica estimados ecólogos).
Llego al mariposario y hago sonar la campana, nadie sale y no entro pues un aviso así lo indica, lo mismo que las huellas de un perro que presumo grande ¡No hay nadie, perdí mi viaje!
Luego de media hora de sudar por el calor y la humedad, doy el salto y caigo dentro, dos pastores alemanes vienen a recibirme y por fortuna un guía también. Allí me encontré por supuesto con mariposas. También vi el párvulos de monos de varias especies que vinieron para readaptarse y vi llegar a las familias pasar a recogerlos.



Una familia de guacamayas son padres, con sus plumas desordenadas y crespas que denotan su juventud, pavas de monte que se esponjan y se hacen punquetas, ¿quién no se emputaría si lo tienen preso y le molestan la vida?
No me resistí a subir a la casa de la ceiba, había visto varias en fotos pero ya estando aquí, asciendo los 25 metros para poder verme rodeado de las montañas de bosques.




Se acaba el día, debo regresar y me espera el bosque, más protagonistas del pequeño mundo se mimetizan con las hojas. Pese a mi fobia al agua no me resisto a treparme en las piedras del río para las últimas fotos. Salgo a la carretera solitaria que cruza la selva, habría que esperar 20 minutos para que el bus intermunicipal me regresara a Mocoa.
Madrugar en domingo para regresar a la ciudad, ahora el transporte al aeropuerto está garantizado pues me llevará el encargado del chequeo, las últimas fotos y faltando 20 minutos la vía esta bloqueada por un mortal accidente de motocicleta, me dicen que es normal en las mañanas de domingo pues los sábados la gente sale a beber.
Gracias a los petroleros y militares que van en el mismo vuelo, abren la vía y atrás queda nuevamente Putumayo.
Por ahora un beso de flora: