jueves, 5 de septiembre de 2013

La historia de un maestro, mi sueño de maestro

La historia de un maestro

Erase una vez un maestro cuyo discurso bien construido sobre x tema (digamos macroeconomía) fruto del pregrado, maestría y doctorado sobre el mismo eje lo llevaron a ser el experto más famoso del país. Sus estudiantes felices disfrutaban cada una de las clases: la historia del dinero, la banca internacional, el banco central, etc. 



El maestro fue extendiendo su fama y de paso su trabajo, ahora dictaba en pregrado y en maestría, en diferentes universidades del país, sus clases de macroeconomía, economía, desarrollo y teorías de desarrollo. Sus estudiantes felices pues aprendían de macroeconomía, la historia del dinero, la banca internacional, el banco central, etc.
Con su fama extendida, su trabajo expandido, recibió el premio al mejor profesor por enseñar: macroeconomía, la historia del dinero, la banca internacional, el banco central, etc.
Alguna vez una de sus estudiantes se confundió de día y no entró a clase de maestría sino de pregrado, no entró a la clase de teorías del desarrollo sino de economía, con la buena fortuna de encontrar que el gran maestro hablaba de lo mismo que en las clases de teorías de desarrollo, es decir: macroeconomía, la historia del dinero, la banca internacional, el banco central, etc.
La estudiante presentó su ensayo sobre teorías del desarrollo, a lo que el gran maestro cuestionó: ¿qué clase de ensayo es este, por qué no hablas de nada de lo que he dicho en clases?
La estudiante le respondió: ¡Porque la clase se llama teorías del desarrollo!

Mi historia de maestro: placeres de la academia
Te cuestionas y cuestionas, te das la libertad de cuestionarlo todo. Desde chico siempre me he cuestionado, siempre me pregunté ¿y qué pasa si dios no existe? ¿Qué tal nos estemos equivocando y esta apuesta común no es buena? ¿Y si Jesucristo no es dios? ¿y si resulta que el universo no es lo que pensamos? ¿por qué hay que trabajar?, ¿por qué dicen que entre más lo sufres más lo valoras? Preguntas típicas de cualquier niño que me continúo haciendo hasta hoy.
En el mundo académico esas reflexiones y las lecturas para tratar de resolverlas se hacen un placer. Puedes leer al mismo tiempo de filosofía, economía, física para luego contrastarlo con lo que vives y lo que ves a tu alrededor, te puedes gastar el día pensando en si hay una relación entre la física determinista, la física cuántica y la economía, o simplemente llegar al supermercado y pensar en las falacias de la teoría del valor mientras compras coliflor.

Puedes haber dicho varias veces "pienso luego existo" y hoy cuestionar que sea cierto; puede que lo que leiste ayer sobre ética y ambiente, hoy la incorpores en tu clases de economía. Hoy lees de arte y mañana lo incorporas en la clase de sustentabilidad.

Puedes gastar el día pensando para luego escribir tres líneas. Recuerdo los regaños de mi madre cuando estaba en el colegio y en la universidad: "se levantó a pensar", "se sentó a pensar", "haga algo"; hoy al menos el celular o una libreta muestran las tres líneas de resultado.

Puede que disfrutar todos los días de estos placeres académicos, leer, pensar y cuestionar, me permitan nunca llegar a ser el gran maestro del cuento.

Seguiré despertando con ganas de cambiar el mundo, me acostaré sin haberlo logrado, pero al menos tendré la tranquilidad de haberlo intentado.


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