El camino de la modernidad prometía sacarnos del oscurantismo irracional, pues "las ciencias", esos carriles no conectados de ese único camino, nos mostrarían la verdad, lo real, el mundo tal y como es, cuantificado y mensurable; lo real sería entonces lo que se probase, atrás quedaría la metafísica.
No había mejor invento que la máquina, símbolo del ser humano como creador. El sueño máximo del dominio de la naturaleza y la humanidad, se hizo posible y ahora eran vistas como máquinas programables explotables.
Las ciencias se convirtieron en simples generadoras de herramientas e instrumentos, por esa senda, la racionalidad y la modernidad se hicieron dogma, solo existe un futuro posible: el desarrollo y una única forma de llegar a él: el crecimiento económico.
La teoría de la evolución era incuestionable, entonces la competencia entre especies y la supervivencia del más fuerte se hicieron también leyes naturales, somos seres competitivos e individualistas, "es parte de nuestra naturaleza".
Parecía entonces que las ciencias se hablaban entre ellas, de la biología, la economía aprendió que la competencia garantiza la evolución de las empresas, se sumó la educación y ahora el ser competitivo y tener las competencias son inneludibles para el desarrollo.
Parecía entonces que las ciencias se hablaban entre ellas, de la biología, la economía aprendió que la competencia garantiza la evolución de las empresas, se sumó la educación y ahora el ser competitivo y tener las competencias son inneludibles para el desarrollo.
Y hace ya más de un siglo que vivimos la modernidad el "modus hodiernus" el "Modo de hoy", ese único modo cuyo "hoy" se quedó estancado en el sueño de un futuro, hoy pasado que nunca se cumplió.
La educación no escapó a esa única visión, pasó a ser instrumental, dar las herramientas para que las personas mantuvieran el camino, el objeto era ahora aprender a ser instrumentos del desarrollo y el crecimiento. Las leyes naturales se aprenden entonces como los Diez Mandamientos, incuestionables, innegables. La evolución y la creación se diferencian entonces por la doctrina que sigas.
Hoy, vivimos el futuro de muchos que siguieron y forjaron ese camino. Hoy vivimos una crisis de la humanidad, una crisis de valores, una crisis ambiental, social, cultural, una crisis civilizatoria (Leff, Max-Neef, Morin) y nos seguimos preguntando ¿qué hacer para alcanzar el sueño de la modernidad? ¿Cómo enderezar nuestro camino hacia el desarrollo?
Es aquí cuando el papel de la educación debe ser cuestionado, es aquí donde debemos preguntarnos sobre el devenir de las ciencias, es aquí donde debemos preguntar, qué es, para qué y para quiénes es el conocimiento.
Mientras nuestras escuelas y facultades de economía y administración sigan confundiendo desarrollo con crecimiento económico, la meta seguirá siendo la riqueza y la acumulación, y el camino, la competencia y el individualismo.
Mientras nuestras escuelas y facultades de economía y administración sigan confundiendo comunidades, poblaciones y personas con empresas, seguiremos buscando gerentes de ciudades y gerentes "sí mismos". Como si la vida, cual empresa solo buscara la rentabilidad.
Mientras las escuelas de leyes y economía sigan priorizando los derechos de las personas de papel sobre los derechos de las personas de carne y hueso, la meta seguirá siendo la riqueza y la acumulación, el camino la competencia y el individualismo, y primará la libertad de empresa sobre la libertad humana.
Mientras la educación siga replicando recetas que no han funcionado, para alcanzar "la modernización y el desarrollo" que tampoco han funcionado, el futuro será un ciclo eterno de la mala canción.
Mientras la educación siga siendo para el trabajo y la empresa, en lugar de ser educación para la vida y la felicidad (Foucault, Jimenez), la humanidad seguirá un cúmulo de infelices viviendo para trabajar.
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