¿Y qué hace un diseñador industrial hablando de sostenibilidad, de turismo, de temas sociales?
Por varios años esta fue la pregunta luego de, realizar alguna conferencia, que alguien me presentara en un evento o simplemente cuando un nuevo jefe quería saber qué había estudiado.
Mi respuesta cada vez más elaborada, pasaba desde cuestionar la pregunta por irrelevante o por discriminar, hasta tratar de maquillar con la maestría en ambiente y desarrollo. Incluso alguna vez adelantándome a la pregunta, dije en una conferencia que la preocupación y la acción ambiental y ecológica no son exclusivas de biólogos, ni siquiera de profesionales...hubo aplausos.
La verdad, como muchos de los estudiantes de últimos semestres en pregrado o los recién graduados, sentí en esa época de juventud que no había aprendido nada en la universidad y que diseño industrial era un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad. Eso si, nunca me arrepentí de haber estudiando diseño.
Durante los primeros años de profesional la búsqueda de trabajo solo confirmaba mi supuesto, nadie buscaba un diseñador industrial y quienes los buscaban lo que necesitaban era dibujantes o vendedores.
Luego de cortarme el pelo para mejorar mi presentación, logré ser vendedor y dibujante, los azares del destino me llevarían a la industria de desarrollo de software donde mi primer jefe me presentaba como "el mejor diseñador de interfaces gráficas de usuario del país". Rápidamente autoaprendí a programar, a convertir las necesidades de los clientes en diagramas y diseños lógicos y físicos. Descubrí que tenía una habilidad supuestamente innata para entender los problemas de los usuarios y convertirlos en requerimientos de programación para los ingenieros, al punto que los clientes pedían a mis jefes que yo asistiera a todas las reuniones porque servía de puente.
Los mismos azares me llevarían al mundo ambiental, ecológico y al trabajo con comunidades. Ahí descubrí una habilidad supuestamente innata de trabajar con comunidades, podía comunicarme fácilmente con campesinos, les podía hablar de ergonomía en las ruanas sin nombrar ergonomía.
Los azares del destino de estos días me reencontraron con compañeros de hace diez años en el mundo ambiental, también con compañeros de hace 15 en el mundo del software, de hace 20 en el diseño y hace 22 cuando era estudiante en un colegio agropecuario y con mis tíos de esa infancia en el campo. Entonces es inevitable mirar hacia atrás para reencontrar que las habilidades innatas no lo son.
En el colegio agropecuario además de aprender a sembrar maíz, hortalizas y frutas, vacunar y castrar toros, cerdos y ovejos, aprendí algo que se llamaba Técnicas de Promoción para la Comunidad, a los 15 años ya sabíamos cómo diseñar encuestas sin sesgar la respuesta y también cómo sentarse a hablar con comunidades, al fin y al cabo mis compañeros de colegio eran campesinos hijos de campesinos, aprendimos a movernos en la cotidianidad.
Reencontré también que las habilidades para entender al usuario y a los ingenieros, para proponer soluciones independientemente de conocer la técnica para construir las herramientas, de poder trabajar en diferentes sectores, esas habilidades tampoco son innatas.
Fue justo el estudiar diseño industrial, lo que me ayudó. El enfoque en partir de necesidades y problemáticas para buscar soluciones integrales. No importaba si era plástico, metal o madera, no importaba si era una silla, una lámpara, una cama o un carro, no importaba la industria en la que trabajáramos, debíamos entender la necesidad y la problemática en su contexto, así no supiéramos de física de materiales. Aprendimos que el diseño sin las demás ciencias era vacío, sabíamos que necesitábamos de los demás para poder sobrevivir.
Nos enseñaron a ser críticos y autocríticos, a buscar e investigar, nos planteaban retos sin darnos soluciones, y aprendimos tanto, que incluso fuimos críticos con los profesores que decían que los diseñadores son los amos de la forma. Aprendimos tanto, que hoy es difícil encontrarse con otro diseñador que haga lo mismo que uno, cada quien se ha adaptado a su sector, y en la mayoría de los casos, lo hace bien.
Los azares del destino llevaron a que esta semana una estudiante a quien le dirijo su trabajo de grado, me enviara una imagen por whatsapp sobre la relación que existe entre "tensegrity" resiliencia y adaptación, el ojo se me aguó; en octavo semestre diseñamos con José Luis un sistema de protección de caída de altura para obreros en construcción, nos basamos en tensegrity porque era adaptable y aprovechaba las habilidades de los trabajadores, se apoyaba en las estructuras del edificio.
En octavo semestre no había Google, ni yo sabía qué era resiliencia, ni que trabajaría en ecología, con comunidades o como docente, en octavo semestre con José nos sentimos en el lugar equivocado pues los profesores nos dijeron "muy buena la idea, pero tensegrity es arquitectura".
En octavo semestre no había Google, ni yo sabía qué era resiliencia, ni que trabajaría en ecología, con comunidades o como docente, en octavo semestre con José nos sentimos en el lugar equivocado pues los profesores nos dijeron "muy buena la idea, pero tensegrity es arquitectura".
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