jueves, 28 de agosto de 2014

Sentarse en el pasto húmedo


Desde muy niño mi madre y mi abuela me enseñaron que era malo sentarse en el pasto mojado, se le sube el frío, me decían. 

Más tarde, cuando era adolescente alguna vez me senté en el pasto húmedo, vi un copetón en un árbol y se lo señalé a mi hermano menor.  De repente mi cuerpo dejó de responder, no podía hablar, no podía mover los brazos, luego las piernas, luego eran los párpados y finalmente me desmayé. 
Minutos después al despertar, estaba rodeado de mi madre y los vecinos, faltaban un par de días para mi cumpleaños 14 y por ese desmayo estuve hospitalizado y no hubo celebración. 

Desde entonces nunca me senté en el pasto húmedo, pongo ropa o algo que me proteja, aún cuando el diagnóstico de lo que me  ocurrió fue ataque de amebas que se me subieron a la cabeza y hasta me hicieron desvariar y convertir las cortinas en mujeres bailando. 

Nunca me senté en el pasto, hasta hoy. Me senté a pensar en las decisiones que debo tomar. Recordé esta historia de mi juventud, recordé también mi clase de la semana pasada con los estudiantes de maestría en la que les hice unos ejercicios heurísticos que creó Elizalde para romper paradigmas, dos de ellos hablan de cómo nuestro cerebro nos engaña, se inventa y complementa información, se inventa realidades a partir de la experiencia, solo para darnos seguridad. Otro ejercicio habla de cómo existen cosmogonías que se pretenden imponer como si fueran la única realidad, de cómo, al hacer parte de esos grupos sociales con esas cosmogonías nos llevan también a inventarnos realidades socialmente aceptadas. 

Caí en la cuenta de que estaba sentado en el pasto húmedo, que había visto un copetón como en mi adolescencia y no me desmayé; caí en la cuenta de que lo que dice Elizalde no solo aplica para los paradigmas científicos y teóricos, caí en la cuenta de que no estoy obligado a tomar decisiones, ni ha decir sí a lo que la sociedad dice que debería decir sí. 
Por mucho que decisión diga deci-si. 

Caí en la cuenta que así como me levanté del desmayo, me he levantado muchas veces más y que si la culpa no es del pasto húmedo sino de las amebas, me puedo seguir sentando a echar globos sin llegar a ninguna parte. 

sábado, 9 de agosto de 2014

Retorno

"Éramos un grupo de jóvenes de 23, 26 y 27 años con un jefe de 29 a los que nos pusieron a soñar, lo que decíamos serían los lineamientos de esa política no solo en Colombia, pues fuimos pioneros en el mundo" MTB

Al abrir aquella vieja  puerta de madera entré a hacer parte de un equipo de jóvenes soñadores un poco crecidos y creídos, debo reconocerlo. Ninguno, ni siquiera el jefe del equipo había cumplido los 30. Con jeanes, camisetas y tennis, unos punketos, unos con el pelo azul y otros fucsia hablábamos con la seguridad que daba el no saber que lo que hacíamos era importante no solo para el país. 

Así, Lachaus armaba convenios con autoridades ambientales, MTB definía criterios y protocolos biológicos, Ladri hacia lo mismo en agricultura ecológica, Josedi analizaba mercados y otros tantos nos encargábamos de información.. Hoy recuerdo haber ayudado en una presentación para la cumbre de ecoturismo de 2002. 

Tampoco ayudaban nuestras caras de jóvenes que sumadas a las pintas provocaban en quienes nos visitaban en busca de información el cuestionamiento repetitivo ¿Usted cuántos años tiene y usted si sabe?

Recorrimos el país de punta a punta, pasábamos de las plantas medicinales, a los frutales amazónicos, a las flores tropicales, a las mariposas, al ecoturismo y hasta de café y caña aprendimos. Visitamos aeropuertos de edificios de madera, o con apenas sillas de plástico como counter. 

El Instituto y el país se fue quedando chico, el jefe fue el primero en salir, le siguieron MTB, Male, Rodri, Lachaus y Josedi. A la par iban entrando Jag, Zlop, DMG, LuisaLo. 

EEUU, Suecia, Suiza, Chile, Perú y Australia. Unctad, TNC, OEA etc, fueron los destinos a los que paulatinamente fueron migrando. 
Un pequeño grupo quedaríamos hasta el día en que el tema y la gestión del equipo fueron muy grandes para el Instituto. 

Para ese entonces ya cada uno había escrito al menos un libro y había dado una conferencia internacional, los lineamientos creados habían sido ajustados y ratificados en varios países, pero aún en ese entonces, seguíamos sin ser darnos cuenta de lo trascendencia de lo que habíamos hecho. 

Siguieron los años y de aquel equipo inicial apenas quedaban recuerdos, algunos siguieron en los mismos temas en múltiples latitudes, otros cambiamos de tema específico aunque seguimos con ambientosos y sociolísticos. Y por los azares y ciclos de la vida, los jóvenes de aquella época hoy rondamos los 40, años más, años menos, la nostalgia supongo, ha invadido a algunos y han retornado al país y a la ciudad, nos hemos vuelto a encontrar en eventos. 

Quizás por esa nostalgia y su retorno al país, MTB nos invitó a una reunión, más de 10 años sin verla, al resto las había visto este semestre luego de varios años también, conversamos sobre el pasado, recordamos nuestros inicios, nos quejamos de los jefes y de la sociedad que se roba las ideas de subalternos y latinos, criticamos que aún trabajando en el exterior, los consultores internacionales son del norte del planeta...conversamos y en medio de los recuerdos, por instantes, solo por instantes caímos en la cuenta de lo que hicimos de jóvenes, para luego reírnos y continuar hablando de la vida y los temas mundanos propios de nuestra edad, los hijos, las mascotas y las enfermedades. 

Tres días después me reuniría con un equipo de investigadores, me llamaron para asesorarlos en ecoturismo, un ingeniero me habla de temas ambientales, cambio climático, restauración, suelos, etc, como quien le habla a un niño sobre física cuántica. Luego me presenta la parte donde yo aportaría, no sin antes explicarme qué es biocomercio y negocios verdes, sus principios y criterios, sonrío, Marta la jefe del equipo sonríe y le dice eso no se lo expliques a él.

Tiempo después le contaría que esa definición y esos criterios son justo los sueños de un grupo de jóvenes de hace poco más de una década.