miércoles, 17 de septiembre de 2014

Yo también merecí un cero

¿Ya leyeron a Candelo y a Dreiffus? No. 
¿Prepararon el ejercicio del ascensor? No

Decido continuar la clase, el tema inicia con cadenas productivas, para pasar a cadenas de valor y luego a redes de colaboración.
En todas las clases busco un diálogo con los estudiantes, por lo que la participación es vital ¿Qué es una cadena productiva? El silencio es la respuesta de estudiantes de administración de empresas de octavo semestre, de forma que la clase se convierte en un monólogo en el que me respondo en público. 

A propósito ¿ya diseñaron sus fichas de recolección de información? No. Recuerden que en dos semanas no solo deberán entregar las fichas, también deberán entregar los resultados de la recolección de información, además analizada ¿Han avanzado en algo? No

¿Leyeron a Swarbrooke? No. Entonces saquen una hoja y sobre Swarbrooke será el único que no les preguntaré. 

Solo hasta ese momento se escuchan sus voces para protestar por hacerles quiz. Hacen un acuerdo para entregarme en blanco, asumen que así no lo calificaré. "El man mínimo nos debe poner uno, porque vinimos"

Recuerdo inmediatamente, 20 años atrás era un viernes, clase de ergonomía con la profesora 3m, estábamos en tercer semestre y nos pusimos de acuerdo para no entregar un trabajo, "usted dijo que era para después" la profesora no ocultó su enojo y los compañeros más grandes se levantaron a pelear.

José Luis, mi amigo, como de costumbre llegó tarde a la clase de 5:00pm, la profesora al contrario de regañarlo, le preguntó con una sonrisa de amabilidad ¿trajiste la tarea para hoy? José Luis con la tranquilidad y despiste que lo caracteriza respondió, sí, y entregó el trabajo. 

La profesora no nos dijo nada, nosotros menos, nos sentamos con la cabeza baja y asumimos que todos, incluso quienes habíamos hecho el trabajo pero no lo entregamos cumpliendo el acuerdo, sacamos un merecido cero, todos menos José Luis. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

Medellín y parque Arví, espectacular

Del aeropuerto a la ciudad, le pregunto a mi vecina de silla del bus si el paradero es San Diego, me responde que sí, además de decirme "usted no es de aquí, camine lo llevo a que coja taxi seguro". Sin dudarlo la sigo, hasta compartimos taxi, algo que en Bogotá es impensable.  Recordé entonces una de mis primeras visitas a Medellín, en el metro  conversaba con una compañera de trabajo sobre el lugar al que íbamos, la señora sentada junto a nosotros, sin conocernos, se metió en la conversación y nos indicó qué ruta tomar y en qué estación bajarnos, amabilidad paisa. 

Las casualidades que nunca faltan, hacen que tan solo a unas cuadras se alojen los estudiantes de noveno que vienen de salida de campo. La buena nueva es que eso implica que reciba una visita importante con un valioso mensaje. Me habla de la geografía colombiana, de los Andes, no tanto de estas tierras paisas, sino de las zonas que aunque más frías tienen tal calidez que colma el cuerpo y el alma. Disfruto el mensaje, recorro letra a letra, palabra a palabra como queriendo que la carta se extendiera más. Gracias por ese mensaje.

Camino por las calles de Laureles, no sé si sea el día, la hora, pero en medio de las lloviznas, las calles lucen limpias, los semáforos tienen el botón para peatones y sirve, en el metro la gente hace fila para entrar, deja salir primero. En el metro se anuncia cada parada en inglés y español, además se dice qué lugares visitar cerca a cada estación, y hasta nos piden que sonriamos, que es parte de la vida y de la cultura. En ese momento, retorna el desapego a Bogotá. 

En el metrocable rumbo a Parque Arvi, me pregunta el amable vendedor de boletos, "¿cómo está, sí o que, que bien?", su sonrisa se contagia y le digo que estoy enamorado de su ciudad, que qué belleza, que Bogota es... Me interrumpe, "pero cuál es el problema, véngase a vivir aquí que hay empleó, eso consigue fácil". 



Mientras el metro cable asciende, el color ladrilló de los edificios cambia por el color ladrillo de los bloques de las casas de las comunas, poco a poco el verde la ruralidad va aumentando hasta que dejamos atrás la ciudad para volar sobre un área protegida. Se llega a una estación del metro cable espectacular, es la entrada a Parque Arvi, techos verdes, artesanos y productores locales vendiendo en la plazoleta, señalización, no hay basuras en el suelo, hay canecas de clasificación de residuos que se usan, soy feliz. 
Un café y la fortuna nuevamente me sonríe pues la chiva me lleva gratis al hotel en medio de montañas cubiertas de bosque y para completar una habitación con vista a la represa, espectacular. 


La tarde es joven, luego de aguevarme y no subir al canopy, camino por un bello sendero, tomo fotos, varias que me servirán para conferencias, quiero estrenar el macro y no hay insectos, mi pasión por estos es recompensada porque nuevamente los azares del destino me llevan al único museo de insectos de Colombia, una buena conversación con el biólogo aunque las fotos me quedaron feas. 
Regreso en medio de las lloviznas y en las fotos hago de mi un fantasma cruzando senderos...El aguacero nublaría la tarde y amanecería con el arrullo de las lluvia. 

La mañana siguiente, no muy temprano me levanto, salgo en busca de los insectos que no había visto, las gotas de rocío son las protagonistas. Ahora sí a lo que vine, recorro el mismo sendero pero rápido pues debo tomar la misma chiva que me lleva al lugar de reunión. 







En el Tambo, espero a que Oscar llegue, mientras tanto observo las dinámicas del lugar, converso con un guía, para cuando llega, ya sé varias de las actividades sociales y ambientales que llevan a cabo. 
Empieza un recorrido por un sendero que aún se encuentra cerrado al público, orquídeas, bromelias y anturios, entre ellos el famoso negro que están probando sembrar para re introducir y repoblar los bosques. Tampoco hay insectos, pero la interpretación de un par de guías, el orquídeario en construcción y las ideas innovadoras me hacen decirles muchas veces, espectacular. 
Oscar, líder de sostenibilidad, me conoce de hace tiempo, me pregunta cada rato cómo me parece, le digo espectacular, me dice, no sabés lo que me alegra escucharte porque vos conocés la mayoría de iniciativas del país. 

De regreso a la plazoleta me cuentan de los programas de turismo rural, de la integración de familias vecinas del parque, de cómo promueven las actividades productivas de los vecinos, de los programas de manejo de residuos, que le mejoraron la cocina a las familias, que llevan registro de cuánto han subido las ventas en la plazoleta y cómo cada vez benefician a más familias. Incluso cifras de reducción del uso de leña. Ya no hay espectacular que valga. 

Otro almuerzo que pido pequeño y resulta tan grande y con frijoles, como ayer harán que ya no cene, mienta extranjeros llegan y llegan, la reina de  belleza de Antioquia salta, hay una hora para descansar según Oscar, le digo que me iré a buscar bichos bonitos, él se ríe. Apenas a 59 metros de reojo veo una hoja con borde gris, es una lagartija mudando de piel, luego otra sobre un helecho, aparecen al fin insectos de colores, mariposas, espectaculares. 

La tarde sería para la entrevista con quienes han construido, planificado y diseñado esta propuesta de turismo sostenible, ahora conozco además sus planes biológicos, de manejo de bosques, las cifras de cada área, pero lo más importante, el espíritu con que se creó el Parque hace más de 50 años, darle la oportunidad de visitar una finca a quienes no la tienen, hoy el espíritu se mantiene incluso hay zonas de pic nic con amueblamiento, hoy no es una finca, es un área protegida con múltiples actividades recreativas, donde todos tiene acceso a internet gratis, un lugar donde la directora habla con todos los empleados como quien habla con los amigos, lo que me lleva a decir al final de ela entrevista, espectacular.

Los azares sonríen, me llevarían hasta el aeropuerto, en el camino las trabajadoras del parque me cuentan que viven en Rionegro y Guarne, les preguntó qué tal es vivir allá, espectacular.

Pd. Quizá lo único que me hace dudar de este lugar para vivir, es la cantidad de uribistas que aún se sigue encontrando. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sobre entender al otro y la otredad

¿Qué se siente tener los ojos verde-azul? 
- No sé, porque desde que nací siempre han sido así. 

Pregunta que me han hecho varias veces, la respuesta algo cruda es sincera pues no puedo imaginarme o suponer cómo sería tener los ojos de otro color, y que me lleva a pensar sobre lo siguiente:

"Ser capaz de ponerse en los zapatos de otro", se basa en la premisa de entender la realidad del otro a partir de la propia. Bajo esa premisa lo máximo que pasará es que los zapatos me queden grandes o chicos, pues incluso los tacones altos se aprenden a manejar, pero ¿qué pasa con quienes no tienen piernas, quienes no pueden caminar o quienes no usan zapatos?  ¿Me puedo poner en su lugar?
Ubicarse en el lugar del otro es tratar de entender al otro a partir de lo que soy, pero si no soy homosexual, cómo me voy a poner en su lugar. 

Esto se relaciona con otra premisa que dice que todos somos iguales, cuando la verdad es que todos somos diferentes, desde el físico a nuestros modos de pensamiento y creencias. 
Sumemos esta, a la primera premisa, soy capaz de ponerme en los zapatos de un musulmán porque somos humanos y todos somos iguales; suena absurdo, no puedo pensar como un musulmán porque no nací, ni crecí en esa cultura, menos aún si se tiene en cuenta que soy pagano. 

Así, llegamos a una frase del cristianismo, "Dios nos hizo a imagen y semejanza suya". Entonces ¿Dios es negro, blanco, amarillo...hombre, mujer?¿ Recuerdan cuando los cristianos pintaban a dios blanco y de ojos azules?
Algunos dirán es metáfora, no es literal, se refiere al interior. Entonces ¿Dios es heterosexual, bisexual, homosexual? ¿Dios es tímido, hiperactivo, bipolar?  Espero que no me digan normal, porque qué es ser normal, ¿ser como todos?

Por eso hoy hay quienes hablan de otredad, no se trata de que todos somos iguales, tampoco de tratar de entender al otro desde mi modo de pensar, se trata simplemente de ser consientes de que todos somos diferentes, convivir y respetar la diferencia.