Del aeropuerto a la ciudad, le pregunto a mi vecina de silla del bus si el paradero es San Diego, me responde que sí, además de decirme "usted no es de aquí, camine lo llevo a que coja taxi seguro". Sin dudarlo la sigo, hasta compartimos taxi, algo que en Bogotá es impensable. Recordé entonces una de mis primeras visitas a Medellín, en el metro conversaba con una compañera de trabajo sobre el lugar al que íbamos, la señora sentada junto a nosotros, sin conocernos, se metió en la conversación y nos indicó qué ruta tomar y en qué estación bajarnos, amabilidad paisa.
Las casualidades que nunca faltan, hacen que tan solo a unas cuadras se alojen los estudiantes de noveno que vienen de salida de campo. La buena nueva es que eso implica que reciba una visita importante con un valioso mensaje. Me habla de la geografía colombiana, de los Andes, no tanto de estas tierras paisas, sino de las zonas que aunque más frías tienen tal calidez que colma el cuerpo y el alma. Disfruto el mensaje, recorro letra a letra, palabra a palabra como queriendo que la carta se extendiera más. Gracias por ese mensaje.
Camino por las calles de Laureles, no sé si sea el día, la hora, pero en medio de las lloviznas, las calles lucen limpias, los semáforos tienen el botón para peatones y sirve, en el metro la gente hace fila para entrar, deja salir primero. En el metro se anuncia cada parada en inglés y español, además se dice qué lugares visitar cerca a cada estación, y hasta nos piden que sonriamos, que es parte de la vida y de la cultura. En ese momento, retorna el desapego a Bogotá.
En el metrocable rumbo a Parque Arvi, me pregunta el amable vendedor de boletos, "¿cómo está, sí o que, que bien?", su sonrisa se contagia y le digo que estoy enamorado de su ciudad, que qué belleza, que Bogota es... Me interrumpe, "pero cuál es el problema, véngase a vivir aquí que hay empleó, eso consigue fácil".
Mientras el metro cable asciende, el color ladrilló de los edificios cambia por el color ladrillo de los bloques de las casas de las comunas, poco a poco el verde la ruralidad va aumentando hasta que dejamos atrás la ciudad para volar sobre un área protegida. Se llega a una estación del metro cable espectacular, es la entrada a Parque Arvi, techos verdes, artesanos y productores locales vendiendo en la plazoleta, señalización, no hay basuras en el suelo, hay canecas de clasificación de residuos que se usan, soy feliz.
Un café y la fortuna nuevamente me sonríe pues la chiva me lleva gratis al hotel en medio de montañas cubiertas de bosque y para completar una habitación con vista a la represa, espectacular.
La tarde es joven, luego de aguevarme y no subir al canopy, camino por un bello sendero, tomo fotos, varias que me servirán para conferencias, quiero estrenar el macro y no hay insectos, mi pasión por estos es recompensada porque nuevamente los azares del destino me llevan al único museo de insectos de Colombia, una buena conversación con el biólogo aunque las fotos me quedaron feas.
Regreso en medio de las lloviznas y en las fotos hago de mi un fantasma cruzando senderos...El aguacero nublaría la tarde y amanecería con el arrullo de las lluvia.
La mañana siguiente, no muy temprano me levanto, salgo en busca de los insectos que no había visto, las gotas de rocío son las protagonistas. Ahora sí a lo que vine, recorro el mismo sendero pero rápido pues debo tomar la misma chiva que me lleva al lugar de reunión.
En el Tambo, espero a que Oscar llegue, mientras tanto observo las dinámicas del lugar, converso con un guía, para cuando llega, ya sé varias de las actividades sociales y ambientales que llevan a cabo.
Empieza un recorrido por un sendero que aún se encuentra cerrado al público, orquídeas, bromelias y anturios, entre ellos el famoso negro que están probando sembrar para re introducir y repoblar los bosques. Tampoco hay insectos, pero la interpretación de un par de guías, el orquídeario en construcción y las ideas innovadoras me hacen decirles muchas veces, espectacular.
Oscar, líder de sostenibilidad, me conoce de hace tiempo, me pregunta cada rato cómo me parece, le digo espectacular, me dice, no sabés lo que me alegra escucharte porque vos conocés la mayoría de iniciativas del país.
De regreso a la plazoleta me cuentan de los programas de turismo rural, de la integración de familias vecinas del parque, de cómo promueven las actividades productivas de los vecinos, de los programas de manejo de residuos, que le mejoraron la cocina a las familias, que llevan registro de cuánto han subido las ventas en la plazoleta y cómo cada vez benefician a más familias. Incluso cifras de reducción del uso de leña. Ya no hay espectacular que valga.
Otro almuerzo que pido pequeño y resulta tan grande y con frijoles, como ayer harán que ya no cene, mienta extranjeros llegan y llegan, la reina de belleza de Antioquia salta, hay una hora para descansar según Oscar, le digo que me iré a buscar bichos bonitos, él se ríe. Apenas a 59 metros de reojo veo una hoja con borde gris, es una lagartija mudando de piel, luego otra sobre un helecho, aparecen al fin insectos de colores, mariposas, espectaculares.
La tarde sería para la entrevista con quienes han construido, planificado y diseñado esta propuesta de turismo sostenible, ahora conozco además sus planes biológicos, de manejo de bosques, las cifras de cada área, pero lo más importante, el espíritu con que se creó el Parque hace más de 50 años, darle la oportunidad de visitar una finca a quienes no la tienen, hoy el espíritu se mantiene incluso hay zonas de pic nic con amueblamiento, hoy no es una finca, es un área protegida con múltiples actividades recreativas, donde todos tiene acceso a internet gratis, un lugar donde la directora habla con todos los empleados como quien habla con los amigos, lo que me lleva a decir al final de ela entrevista, espectacular.
Los azares sonríen, me llevarían hasta el aeropuerto, en el camino las trabajadoras del parque me cuentan que viven en Rionegro y Guarne, les preguntó qué tal es vivir allá, espectacular.
Pd. Quizá lo único que me hace dudar de este lugar para vivir, es la cantidad de uribistas que aún se sigue encontrando.