He tomado por costumbre de fin de año no hacer evaluaciones de lo que se hizo, este año es más fácil que nunca, pues no se hizo nada. Se pasó bien con los altibajos propios de la vida.
Amazonas, luego Providencia y de retiro de descanso nos vamos para la Guajira, El Matuy un lugar en Palomino, sin energía eléctrica para el desconecte y el reconecte.
Una semana seria lo justo para un par de caminatas a las desembocaduras del San Salvador y el Palomino, jugar con las olas y cuatro botellas de vino hechas lulosa y mangosa. Para ver maria mulatas, medusas y ardillas, no nos pidan que hagamos más, nuestro trabajo es caminar y conocer sitios, déjenos descansar.
Luego de la ineludible charla, el ultimátum, los acuerdos y una sola meta para el 2015. Las demás se perderían por cuenta de la meta, aunque luego aparecerían como decisiones por tomar.
Al regreso a Bogotá, Tito está en depresión por haberlo dejado en un hotel, hereda nuestros males, no come, no toma agua, se enferma de los riñones, se le alborota la dermatitis y toca hospitalizarlo. No lo podremos volver a dejar en hotel, nuestro gato como nosotros prefiere la soledad a tener que socializar.
Se llega el 31, las uvas y los deseos, no los contare para que se me sigan cumpliendo. Se llega el 2015, el de decisiones, doctorado, irse a vivir a la finca, cambiar de trabajo, cortarse el pelo, cambiar de estilo de ropa.
Por lo pronto ya decidí mis regalos, de año nuevo un iPhone 6, de cumpleaños una cámara profesional más grande. Así va mi crisis de los 40. No se hizo nada en esta vida, no había por qué, solo ser feliz
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