Me fui
Una extraña sensación de tener "una pata aquí y otra allá" como decía mi abuela, combinada con la incertidumbre de no saber si viajaré, ansiedad y nostalgia, acompañarían los primeros días del 2016. Ver por la ventana, observar con detenimiento la rutina de estos cuatro años, cada gesto, cada pequeña acción se me hacía llena de nostalgia.
Es martes 12, luego de tres semanas de espera, de la postergación del vuelo, de pre empacar, me llaman del consulado y recibo la visa a las 5.00pm. Me había arriesgado a dejar el viaje para esa madrugada a las 01.15, entonces ese nudo en la garganta reaparece, me voy, dejaré a mi familia, a Bones, a Tito... Llamo a mi madre, le aviso y paso a despedirme, allí nos reunimos con mis hermanos y sobrina.
Ajusto las maletas, reempaco, ahora los 50 kilos son poco y debo dejar más cosas. Bones me lleva al aeropuerto, despedida de los exsuegros, las tres horas previas al vuelo y me fui.
Órale
Imposible dormir en el avión, muy a las 5.00 am llego a CDMX. Las dos horas de conexión se hacen nada, cuando la fila en migración toma 45 minutos, esperar las maletas 40 más y pasar por aduana otros 35 minutos. La espera de una hora dentro del avión se hace el momento perfecto para dormir. Amanece durante el vuelo, atrás queda CDMX, volamos hacia el sur sobre un tapete de nubes y niebla que no dejan ver nada, la llegada a Tuxtla permite ver bosque seco, cultivos y la falta de lluvia de estos días.
En la fila del autobús reconozco a Alejandro, el colombiano que también viene pero hacer maestría, me presento y conversamos más de dos horas, me recuerda a Alejandro mi joven alumno en Colombia con quien finalmente no nos despedimos. Así pasó con varios amigos...creo que con todos, no hubo despedidas.
Llego a San Cristóbal a medio día, luce prácticamente igual a como lo recordaba. Sin desayunar, ni dormir, una ducha y salgo a la U porque sé que estoy atrasado con el registro. Allí me dirían que me faltan la mitad de documentos, así que junto a Alejandro a quien le faltan dos tercios de documentos, vamos a hacer diligencias.
El joven bogotano es intrépido y entrador, como conozco la ciudad oriento la ruta, pero él es encargado de negociar, así consigue fotos baratas y el certificado médico gratis.
A las 7.00 pm, sin haber comido durante el día, sin dormir y cansado de caminar, vamos a cenar a Tierradentro. Con el afán bogotano me levanto al día siguiente, a continuar con las vueltas, a buscar a mi director de tesis... Me responde que nos veamos en un café a las 5.00 pm.
¿cómo está tu corazón? La charla con mi director de tesis
En punto de las 5.00 pm llego al café, me presento, mucho gusto. Sentado frente a su portátil, Ebellio me saluda y me pregunta cómo está mi corazón. Respondo haciendo alusión al doctorado, a la vida académica y a esta nueva etapa, vuelve a preguntar cómo está mi corazón, cómo estoy y cómo me siento, si ya tengo casa, mientras me señala el lado de su corazón...Me toca el alma, una pausa, le respondo que eso me encanta de Chiapas, termino la respuesta y me dice, -ya habías vivido aquí, así que supongo conoces los ritmos chiapanecos, veo que sigues con el ritmo bogotano, y lo más importante antes que lo académico eres tú, como te sientas, si no has conseguido casa, yo te ayudo.
A la reunión llega luego una compañera de doctorado, luego la esposa de Ebellio, sus hijas, otras de sus alumnas y se convierte en una reunión tan amena. Cerramos con la invitación de Ebellio y su esposa, "nos vemos el viernes próximo a las 5.00 pm en nuestra casa para la siguiente clase".
Los primeros días
Lentamente me ajusto a los ritmos chiapanecos, no se puede rápido porque los ritmos son lentos. Hacía tanto que no me alojaba en un hostal, que había olvidado que mi espíritu champiñonudo no va con estos lugares y los hipis que los frecuentan.
En la soledad pienso varias cosas, por un lado recuerdo esa sensación previa al viaje, esa carga de sentimientos, caigo en la cuenta de que ahora tengo una sensación de tranquilidad, como de haberme quitado muchas cosas de encima, creo que lo que más duele es dar el paso, una vez lo das, todo fluye.
Es como si de pronto ese apego, esa nostalgia, desaparecieran para ser reemplazadas por mi nueva vida. Sé que estoy en un nuevo lugar, nueva cultura, nuevas actividades, pero esta novedad se me hace ya tan familiar, que por momentos olvido que estoy en otro país.
El lugar
Continúa mi búsqueda de casa, los requisitos no son muchos, amoblada, a las afueras, rodeada de verde...Mi lista de seleccionadas inicia con la que me recomendó Ebellio, a tres cuadras de su casa, conocería luego unas con vistas espectaculares, pero con problemas de humedad, muy céntricas, o con algún inconveniente Finalmente a eso de las 6.00 pm recordé la frase de mi abuela cuando salía a vender su ganado, "el primero que la mire, ese es el que la va comprar, no pierda su tiempo".
Les escribo desde una casa a las afueras de SanCris, rodeada de bosques, con una cocina inmensa, sin nada de ruido y un jardín al frente desde donde tomo el sol, muy necesario en estos días de invierno. Aquí, son los cantos de las aves los que me despiertan y el silencio de las noches el que me asusta, aquí haciendo doctorado, tan cerca de ese que era mi ideal de vivir en una casa campestre.
Se llega la primera clase, las expectativas y los nervios son altos, después de todo hace varios años no asisto a clase como alumno, y nunca había visto alguna clase de agroecología. Un grupo de profesores, ninguno con corbata, la mayoría con tennis, dos franceses, un canadiense, una guatemalteca, un colombiano, varios mexicanos uno de los cuales tiene el pelo más largo que el mío y es más joven que yo, nos dan la bienvenida. No les contaré mucho, solo un detalle, el brindis de bienvenida fue un agua de frutas con tamales y quesadillas hechas por un grupo de mujeres indígenas en defensa del maíz (orgánico por supuesto).
En Colombia hay un comercial de Davivienda que habla sobre estar en el lugar equivocado, hoy lo recordé, hoy como pocas veces en la vida, me siento en el lugar en el que debería estar, en el lugar adecuado.
