lunes, 21 de marzo de 2016

Confabulaciones de la naturaleza, a la Selva Lacandona

Cuando desde Colombia formulé la propuesta de tesis, mi único criterio de selección del lugar y la comunidad fue Google y el azar, sabía que había otras comunidades, quizá menos estudiadas y más pop como las zapatistas. Sabía también de las críticas a la comunidad que elegí, pero esto al contrario me impulsó a continuar.

Luego vendrían las malas noticias, no es fácil trabajar allá, no lo aceptan, piensa en buscar otro lugar. La naturaleza confabula de manera misteriosa y a la semana siguiente conocí a una familia de la comunidad que me abrió las puertas a su territorio. Amro en 45 minutos me cuenta la historia de su pueblo, de su cultura, sus preocupaciones, da la casualidad que su apellido y sus ancestros aparecen en los libros de antropología que había consultado. La felicidad me atropella.

- Tienes que ir a conocer el lugar en el que trabajarás, hablar con la gente, ¿si no, cómo vas a formular la investigación? (Palabras del tutor y posibles cotutores).

Viernes, antes de salir de viaje, mi tutor pregunta -¿Cómo harás la observación? Le respondo con cautela e inseguridad. Él, con la amabilidad y la paciencia que lo caracteriza, toma su cuaderno y me enseña cómo hacer un diario de campo, sonrío como niño en dulcería, sueño con que a esta edad me vuelva antropólogo.

El sábado en la mañana emprendemos el viaje, me acompañan y me guían la joven pareja con la que trabajaré. Nos vamos por Ocosingo, la roza, tumba y quema, las milpas, los caracoles zapatistas, pasan de la teoría de las clases de agroecología a la práctica junto a la carretera. 





Tres buses, en los dos primeros soy el único turista y extranjero (a veces olvido que lo soy), en el tercero somos 11 pasajeros, unos hablan en tzotzil, otros tzetzal, otros chol, uno francés, otros maya, otro inglés y uno alemán. No sé cuánto es la suma pero el resto hablamos español. 

Siete horas de recorrido, pocas charlas y a las 6.30pm pongo un píe en el lugar en el que trabajaré cuatro años.

Aunque en general los paisajes de Chiapas son muy verdes, la ruta hacia la selva hace honor a su nombre. Había leído de su riqueza y estado de conservación, de los problemas con los territorios en conflicto de uso, había leído también sobre la cultura de las comunidades lacandonas, sus formas de vestir... paulatinamente los textos se convierten en territorio.

Recorro senderos, veo los ríos, las plantas, los animales, hablo con la gente y observo, eso hago la mayoría del tiempo. Es inevitable pensar en el bello y amado Amazonas colombiano, hay tantas similitudes, en los dioses, las historias, los vestidos, los usos de las plantas, la arquitectura. Justo hoy hace tres meses caminaba con ticunas selva adentro en busca de la ceiba, hoy camino con mayas en la selva del sur del norte también en busca de la ceiba.

Las diferencias son, las vías, aquí carreteras pavimentadas y líneas de energía llegan a cada comunidad. La infraestructura ecoturística y los guiones de interpretación...por momentos pienso en traer a mis amigos colombianos a que vean otras experiencias. 

Pero la salida es de estudio, no les describiré los detalles pues aprendí que eso es mi diario de campo y más adelante lo usaré en mi tesis, por lo que no lo puedo publicar. Lo que si les contaré es que por momentos sentí que no era el lugar para hacer mi investigación,  en otros me sentí defraudado, en otros pensé que aquí no había ya nada qué hacer...

Pero la naturaleza confabula de manera extraña. La curiosidad turística de conocer las ruinas de Bonampak, me lleva a conocer otras ruinas, y eso me pone a pensar en el concepto de museo y cultura. Luego escucho los guiones de interpretación tanto de culturas inexistentes como las existentes, y encuentro patrones. Luego conozco una par de turistas hombres que juro son pareja, y juro también que uno me estaba coqueteando, me invitan unas cervezas e invitan también a miembros de la comunidad indígena, y entonces, mientras observo y participo en la conversación, cerveza tras cerveza y sorbo tras sorbo, voy deconstruyendo la idea de tesis...así cuando en los días siguientes observaba y participaba en senderos, las preguntas de investigación aparecieron como una suerte de hechizo...ya están en el lado izquierdo de mi diario de campo.

El camino de regreso es más lento, voy modo turista así que los buses por seguridad no pasan por Ocosingo, aprovecho las 12 horas de trayecto para leer. Una profesora me manda dos artículos, por los títulos pienso que ya hicieron lo que quiero hacer, pero luego veo que no. Los leo y encuentro un apellido repetido en varias citas, busco al autor, se trata de un antropólogo que critica a todos los antropólogos y que trabaja temas similares al que quiero hacer... La naturaleza confabula.

Dos días después de mi regreso, me encuentro por casualidad con un compañero en un café, hablamos de nuestras tesis, le hablo con emoción de mi tema, de los cambios, del autor que encontré, le digo el apellido, y mi compañero se sabe el nombre, resulta que vive en esta misma ciudad. 

Luego le hablo a mis tutores de los cambios en el tema, su sonrisa y cara de emoción me hace soñar con ser antropólogo. Les cuento también del autor, me dicen que es algo así como el rockstar de mi tema, comunidad y área de estudio, y que le consulte si quiere ser de mi consejo tutelar. Aunque me advierten que es llevado de su parecer, critica a todo el mundo y es sarcástico...
Para no hacer esta entrada más larga, la naturaleza confabuló y el rockstar dijo que si... me siento como niño en dulcería.


Paradojas del regreso:
  1. En una clase de investigación acción participativa nos enseñaron la importancia de no beber licor con las comunidades que trabajemos la investigación... la entré cagando.
  2. Luego de varios años me encuentro por las redes con un compa, se va a hacer  maestría en Francia, me cuenta que ya sabe francés, le respondo:

- Súper. Quiero aprovechar estos 4 años para aprender francés también. Aunque ahora me dicen que debo aprender una lengua maya que habla la comunidad con la que trabajaré.


- Jajajaja Fredy 8a no podría ser Fredy 8a sin meterse en cuento bien volado jajaja

Si mis estimados lectores, lo que quiero hacer de tesis es volado, la naturaleza así lo confabula.


domingo, 13 de marzo de 2016

Dos meses después

Dos meses parecían tan poco cuando estaba a punto de migrar, hoy con dos meses en México, siento lejano ese mi pasado y mi vida en Bogotá, el ruido, el caos, los edificios altos, los aviones de la ciudad. Es lejano también mi trabajo como docente, ahora se siente extraño cuando algún alumno me dice profe, justo después de que salgo de clase como estudiante... se sienten también lejanos los problemas, los retrocesos, las cada vez más absurdas posturas de aquel campus donde trabajé varios años.

He aprendido las rutinas de la casa como si llevara años aquí, sé que hay que encender la bomba de agua y cambiar los cilindros de gas cada cierto tiempo para que no me vuelva a quedar a medio bañar bajo la ducha. Sé a qué horas sentarme en dónde, para aprovechar el calor del sol, sé los horarios a los que hay que alimentar a Nirvana, porque la casa incluye mascota. Sé también de las rutinas del mercado, qué comprar en las plazas y en el tianguis, qué comprar en Chedraui y que comprar en Aurrera. 

Sé pagar las facturas, que aunque parezcan bobada, es muy útil cuando te quedas sin energía un día y descubres que hay que poner una tarjeta sobre el medidor, que con eso se captura el valor que luego debo ir a pagar, y luego debo volver a poner la tarjeta para que el medidor se entere que pagué.

Ya tengo papelería, lavandería y tiendas identificadas, la más cerquita queda a 1,4km, los cuales me tomaban 14 minutos caminando y ahora esos mismos 14 me toma llegar a estudiar en bicicleta...si ya tengo bicicleta, lo mismo que un ajo creciendo en el jardín, dos recuadros hechos por mi, un jaguar y una mata que decoran mi hogar.

Son también dos meses de doctorado. Una salida de campo a Tabasco a conocer unos ejidos sus milpas, un grupo de personas que trabajan cacao orgánico, meliponas, siembran manglares y hacen ecoturismo. Fue también el momento de sorprenderme porque aquí los maestros conducen los buses en que vamos, porque dormimos todos en el mismo lugar, porque los maestros estaban en los camarotes contiguos, porque nos invitaban cerveza y porque todas las comidas eran en casas de campesinos.

Son semanas de clases con múltiples profesores, diversos temas, decenas de lecturas, uno que otro ensayo y presentación. Son como esas clases en que les decía a mis estudiantes que se prepararan porque sería muchísima información, zips que se expandirían en sus cabezas...así, desde sistemas complejos, pasando por la milpa, la quema, la gobernanza, las historia campesina, la polinización, hasta la importancia de la mierda humana, transcurren mis días pensando por momentos que de esos temas ya sé y en otros, que me encuentro en la clase equivocada.

Son semanas también de conocer compañeros, de identificar sus posturas, de saber los líderes, los que hablan mucho, los que quieren figurar, los que maman gallo todo el tiempo... es volverme a encontrar con esa cara que conozco desde hace más de 15 años cuando respondo a la pregunta sobre mi profesión: soy diseñador industrial.

Y por esos caminos, y en medio de las clases y los días, nuevamente me cuestiono ese afán de la academia por criticar todo, desde un correo de agradecimiento hasta un video de divulgación… nuevamente me pregunto el sentido de la ciencia y la investigación, los egos, la racionalidad, dicen valorar el conocimiento y los saberes tradicionales pero desprecian los trabajos que no se publiquen en revistas indexadas, dicen criticar el neocolonialismo y la racionalidad neoliberal, pero hacemos análisis de bases de datos de revistas indexadas que solo incluyen artículos en inglés y solo interesan los autores que más citas y artículos acumulen…y criticando el capitalismo.



Mis reflexiones aumentan con este modo de vida, cuando se pasan más de tres días seguidos sin hablar a viva voz con alguien, cuando se vive solo en una casa sola a las afueras de una ciudad pequeña, la ausencia de ruido se llena con los pensamientos sobre lo que soy y lo que siento.

Dos meses después, no deja de sentirse raro reiniciar de cero, el F docente-investigador conocido en su mundo académico-laboral, las clases, el semillero y sus logros, de pronto dejan de existir. Aquí soy simplemente F, un estudiante colombiano de doctorado. De aquella falta de modestia, de participar en las reuniones de trabajo, del sentido del humor y la tomadera de pelo, paso a simplemente no hablar mucho, mi modo asocial. 

Entonces en una salida de campo conozco un semillero agroecológico manejado por un joven indígena, recuerdo a mis jóvenes de semillero en Bogotá, a mis alumnos, mis clases... me doy cuenta que no es solo que me haya ido y hoy ese sea mi pasado lejano, es también que ellos se quedaron y soy su pasado lejano...mal de nuestros tiempos, la celeridad del olvido.

Me acuerdo entonces, que hace años orgulloso pensaba que no me apegaba y no acumulaba, porque había decidido no tener casa, carro... Luego en la migración hace dos meses descubrí el apego por mis libros y artesanías, también los dejé.  Ahora sé de mis apegos a los logros, a las cosas bonitas del pasado que han llenado mi vida...qué difícil es dejarlas ir, pero bueno, son solo dos meses.