Dos meses parecían tan poco cuando estaba a punto de migrar, hoy con dos meses en México, siento lejano ese mi pasado y mi vida en Bogotá, el ruido, el caos, los edificios altos, los aviones de la ciudad. Es lejano también mi trabajo como docente, ahora se siente extraño cuando algún alumno me dice profe, justo después de que salgo de clase como estudiante... se sienten también lejanos los problemas, los retrocesos, las cada vez más absurdas posturas de aquel campus donde trabajé varios años.
He aprendido las rutinas de la casa como si llevara años aquí, sé que hay que encender la bomba de agua y cambiar los cilindros de gas cada cierto tiempo para que no me vuelva a quedar a medio bañar bajo la ducha. Sé a qué horas sentarme en dónde, para aprovechar el calor del sol, sé los horarios a los que hay que alimentar a Nirvana, porque la casa incluye mascota. Sé también de las rutinas del mercado, qué comprar en las plazas y en el tianguis, qué comprar en Chedraui y que comprar en Aurrera.
Sé pagar las facturas, que aunque parezcan bobada, es muy útil cuando te quedas sin energía un día y descubres que hay que poner una tarjeta sobre el medidor, que con eso se captura el valor que luego debo ir a pagar, y luego debo volver a poner la tarjeta para que el medidor se entere que pagué.
Ya tengo papelería, lavandería y tiendas identificadas, la más cerquita queda a 1,4km, los cuales me tomaban 14 minutos caminando y ahora esos mismos 14 me toma llegar a estudiar en bicicleta...si ya tengo bicicleta, lo mismo que un ajo creciendo en el jardín, dos recuadros hechos por mi, un jaguar y una mata que decoran mi hogar.
Son también dos meses de doctorado. Una salida de campo a Tabasco a conocer unos ejidos sus milpas, un grupo de personas que trabajan cacao orgánico, meliponas, siembran manglares y hacen ecoturismo. Fue también el momento de sorprenderme porque aquí los maestros conducen los buses en que vamos, porque dormimos todos en el mismo lugar, porque los maestros estaban en los camarotes contiguos, porque nos invitaban cerveza y porque todas las comidas eran en casas de campesinos.
Son semanas de clases con múltiples profesores, diversos temas, decenas de lecturas, uno que otro ensayo y presentación. Son como esas clases en que les decía a mis estudiantes que se prepararan porque sería muchísima información, zips que se expandirían en sus cabezas...así, desde sistemas complejos, pasando por la milpa, la quema, la gobernanza, las historia campesina, la polinización, hasta la importancia de la mierda humana, transcurren mis días pensando por momentos que de esos temas ya sé y en otros, que me encuentro en la clase equivocada.
Son semanas también de conocer compañeros, de identificar sus posturas, de saber los líderes, los que hablan mucho, los que quieren figurar, los que maman gallo todo el tiempo... es volverme a encontrar con esa cara que conozco desde hace más de 15 años cuando respondo a la pregunta sobre mi profesión: soy diseñador industrial.
Y por esos caminos, y en medio de las clases y los días, nuevamente me cuestiono ese afán de la academia por criticar todo, desde un correo de agradecimiento hasta un video de divulgación… nuevamente me pregunto el sentido de la ciencia y la investigación, los egos, la racionalidad, dicen valorar el conocimiento y los saberes tradicionales pero desprecian los trabajos que no se publiquen en revistas indexadas, dicen criticar el neocolonialismo y la racionalidad neoliberal, pero hacemos análisis de bases de datos de revistas indexadas que solo incluyen artículos en inglés y solo interesan los autores que más citas y artículos acumulen…y criticando el capitalismo.
He aprendido las rutinas de la casa como si llevara años aquí, sé que hay que encender la bomba de agua y cambiar los cilindros de gas cada cierto tiempo para que no me vuelva a quedar a medio bañar bajo la ducha. Sé a qué horas sentarme en dónde, para aprovechar el calor del sol, sé los horarios a los que hay que alimentar a Nirvana, porque la casa incluye mascota. Sé también de las rutinas del mercado, qué comprar en las plazas y en el tianguis, qué comprar en Chedraui y que comprar en Aurrera.
Sé pagar las facturas, que aunque parezcan bobada, es muy útil cuando te quedas sin energía un día y descubres que hay que poner una tarjeta sobre el medidor, que con eso se captura el valor que luego debo ir a pagar, y luego debo volver a poner la tarjeta para que el medidor se entere que pagué.
Ya tengo papelería, lavandería y tiendas identificadas, la más cerquita queda a 1,4km, los cuales me tomaban 14 minutos caminando y ahora esos mismos 14 me toma llegar a estudiar en bicicleta...si ya tengo bicicleta, lo mismo que un ajo creciendo en el jardín, dos recuadros hechos por mi, un jaguar y una mata que decoran mi hogar.
Son también dos meses de doctorado. Una salida de campo a Tabasco a conocer unos ejidos sus milpas, un grupo de personas que trabajan cacao orgánico, meliponas, siembran manglares y hacen ecoturismo. Fue también el momento de sorprenderme porque aquí los maestros conducen los buses en que vamos, porque dormimos todos en el mismo lugar, porque los maestros estaban en los camarotes contiguos, porque nos invitaban cerveza y porque todas las comidas eran en casas de campesinos.
Son semanas de clases con múltiples profesores, diversos temas, decenas de lecturas, uno que otro ensayo y presentación. Son como esas clases en que les decía a mis estudiantes que se prepararan porque sería muchísima información, zips que se expandirían en sus cabezas...así, desde sistemas complejos, pasando por la milpa, la quema, la gobernanza, las historia campesina, la polinización, hasta la importancia de la mierda humana, transcurren mis días pensando por momentos que de esos temas ya sé y en otros, que me encuentro en la clase equivocada.
Son semanas también de conocer compañeros, de identificar sus posturas, de saber los líderes, los que hablan mucho, los que quieren figurar, los que maman gallo todo el tiempo... es volverme a encontrar con esa cara que conozco desde hace más de 15 años cuando respondo a la pregunta sobre mi profesión: soy diseñador industrial.
Y por esos caminos, y en medio de las clases y los días, nuevamente me cuestiono ese afán de la academia por criticar todo, desde un correo de agradecimiento hasta un video de divulgación… nuevamente me pregunto el sentido de la ciencia y la investigación, los egos, la racionalidad, dicen valorar el conocimiento y los saberes tradicionales pero desprecian los trabajos que no se publiquen en revistas indexadas, dicen criticar el neocolonialismo y la racionalidad neoliberal, pero hacemos análisis de bases de datos de revistas indexadas que solo incluyen artículos en inglés y solo interesan los autores que más citas y artículos acumulen…y criticando el capitalismo.
Mis reflexiones aumentan con este modo de vida, cuando se pasan más de tres días seguidos sin hablar a viva voz con alguien, cuando se vive solo en una casa sola a las afueras de una ciudad pequeña, la ausencia de ruido se llena con los pensamientos sobre lo que soy y lo que siento.
Dos meses después, no deja de sentirse raro reiniciar de cero, el F docente-investigador conocido en su mundo académico-laboral, las clases, el semillero y sus logros, de pronto dejan de existir. Aquí soy simplemente F, un estudiante colombiano de doctorado. De aquella falta de modestia, de participar en las reuniones de trabajo, del sentido del humor y la tomadera de pelo, paso a simplemente no hablar mucho, mi modo asocial.
Entonces en una salida de campo conozco un semillero agroecológico manejado por un joven indígena, recuerdo a mis jóvenes de semillero en Bogotá, a mis alumnos, mis clases... me doy cuenta que no es solo que me haya ido y hoy ese sea mi pasado lejano, es también que ellos se quedaron y soy su pasado lejano...mal de nuestros tiempos, la celeridad del olvido.
Me acuerdo entonces, que hace años orgulloso pensaba que no me apegaba y no acumulaba, porque había decidido no tener casa, carro... Luego en la migración hace dos meses descubrí el apego por mis libros y artesanías, también los dejé. Ahora sé de mis apegos a los logros, a las cosas bonitas del pasado que han llenado mi vida...qué difícil es dejarlas ir, pero bueno, son solo dos meses.
Me acuerdo entonces, que hace años orgulloso pensaba que no me apegaba y no acumulaba, porque había decidido no tener casa, carro... Luego en la migración hace dos meses descubrí el apego por mis libros y artesanías, también los dejé. Ahora sé de mis apegos a los logros, a las cosas bonitas del pasado que han llenado mi vida...qué difícil es dejarlas ir, pero bueno, son solo dos meses.
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