Con los tiquetes comprados motivo clase de maestría que me cancelaron, el viaje se tuvo que hacer, una especie de ansiedad me acompañó durante los días previos, la verdad pocas ganas de ir a Colombia y en especial a Bogotá tenía. Sin dormir, a las 3.00 am tomo un taxi que me lleva desde mi casa en SanCris hasta el aeropuerto de Tuxtla, los $600 se convierten en $700 aunque la charla con el taxista fue divertida. El amanecer se da durante el primer vuelo, almuerzo rápido en CDMX y luego vuelo a Bogotá, empiezo a escuchar los acentos colombianos, me vence el sueño pero algo allá adentro me despierta, miro por la ventanilla y veo la costa, estoy seguro que estamos ya en territorio colombiano, más tarde las fotos que tomé me lo confirmarían, vi el Atrato, el Chocó biogeográfico y finalmente reconocí la turbulencia de la entrada a la Sabana de Bogotá.
Después de 15 horas de viaje, "bienvenido a Colombia" me dicen en migración. Luego serían los reencuentros, los buenos: con Bones, con su, con mi familia, con la comida; y los reencuentros malos: con la universidad, con la ciudad, con su horrible tráfico, con el horrible Transmilenio, con los noticieros, con el uribismo y el peñalosismo, con los gritos, las demoras, el caos. Si por fuera de Colombia estaba optimista sobre el futuro del país con las negociaciones con las Farc, los medios y mucha gente pronto me hacen perder ese optimismo.
Cierre a un ciclo en U:
Edna me había escrito días antes para que aprovechando mi visita, nos viéramos, supuestamente para que habláramos sobre lo que había pasado en los últimos días. Pensé que sería para otros temas y de otra forma, sin embargo, luego de una introducción "como amigos, y entendiendo que veo en ti el interés por seguir siendo docente y por la vida académica, te doy la retroalimentación a manera de consejo"... vendrían una serie de quejas sobre lo mal maestro que soy, no construyo, no tengo corazón, no soy abierto, no aporto. De nada valían los cientos de evaluaciones positivas de pregrado, ni las múltiples felicitaciones de los exalumnos, ahora ocho estudiantes de maestría eran "todos los estudiantes que opinaban negativamente"... Aunque hubo intento de discusión, mejor lo dejé con que siento que la buena vida que llevo ahora en México me hace un llamado a cerrar los ciclos y en eso Exter me está cerrando el que tuve con ellos. Un consejo, cuando invites a alguien a conversar escúchalo, no basta con iniciar diciendo "como amigo"... de lo contrario será un monólogo tipo regaño que justo no es como amigo.
Nueva visión
Superado el impasse, iría a visitar la tierrita, las vacas, los terneros, a respirar ese aire de los páramos a 3500msnm, ver sus frailejones, la mejor herencia que dejó mi padre. Habría tiempo también para un café en Juan Valdez, recordar su sabor, su textura y la suavidad de la crema que lo acompaña, lástima no hubo tiempo sino para uno.
Sin embargo, reencontrarme con la familia fue lo mejor, vale todo, me cambió el panorama de la visita, charlas, regalos, risas. Hace unos días escribí que ahora contemplaba hacer mi vida fuera de Colombia, hoy sé que lo que me ata a mi país, el vínculo positivo es la familia, las buenas amigas y el buen amigo José Luis, es decir las relaciones de afecto que construyen. Sé que si vuelvo a Colombia no será a Bogotá, ni a Exter, quizás ni siquiera vuelva a dar clases, pero ya eso ya no me preocupa, la felicidad no está en los lugares físicos, sino en las relaciones de afecto, en el corazón.
El regreso
El retorno a México se hizo más rápido de lo esperado, pocas maletas, pero mucho afecto en mi viaje de regreso a San Cristóbal de las Casas, maratones, el botón rojo en aduana, la esculcada, los encargos que no se pudieron traer, y la historia de un gatito viajando de Bogotá a San Cristóbal de las Casas a una nueva vida wild, pero esa se las dejo para después.
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