viernes, 8 de septiembre de 2017

Temblor, sismo, terremoto

11.48 pm del jueves 7 de septiembre, acostado y con el TV encendido, ojeo un par de libros para la tesis. Siento temblar -¡Oye, está temblando muy fuerte! le digo por WhatsApp a una amiga con la que hablaba.
Temblaba cada vez más fuerte, así que salí de la habitación, observé desde la puerta los árboles moverse y escuché un ruido muy fuerte, pensé ha de ser el viento de la tormenta, pero no había viento, seguía temblando, así que salí al jardín, calculando un sitio donde ningún muro o árbol me cayera encima.

Temblaba tan fuerte que se sentía aun estando parado en el pasto del jardín, las casas crujían, las puertas sonaban durísimo, se escuchaban las cosas caer, los gritos de los vecinos y eso que vivo a las afueras de la ciudad, mis vecinos están a media cuadra los más cercanos. 

Miré al cielo, estaba rojo, una especie de rayos de colores aparecieron, naranja, azul y verde, la escena era apoteósica, pensé era el fin del mundo. Así debieron pasar segundos que para uno son eternos. Con el cese del temblor llegó un vecino asustado a mi jardín.

Yo no tenía idea que lo de las luces era efecto del terremoto, lo supe a la mañana siguiente, tampoco me imaginaba que el temblor fuera de 8.2, en ese instante me parecía una experiencia bacana de vivir. Se fue la energía, pero por Twitter vi la magnitud del sismo, me enteré que el epicentro fue a 400 km de donde vivo, en una zona que conozco y en la cual trabajé. 

Luego, los amigos colombianos que andan aquí me escribieron por WhatsApp, después dos profesores me escribieron diciendo, "Fredy, cómo estás tú que vives solo".

En ese momento me puse a pensar que había sido una tragedia. En la madrugada fue difícil dormir, muchas réplicas y muy fuertes. A las 6.00 me despertó mi madre y mi familia. Me enteré de las noticias sobre víctimas y daños. También leí que había visto un fenómeno muy raro, el de las luces. 

De las preguntas más divertidas que me hicieron desde Colombia fueron, ¿le pediste a dios? (saben que soy ateo), no le pedí a dios, en el momento del temblor solo pensaba en lo que significaba vivir esa experiencia. Me preguntaron si tome fotos o videos, no lo hice, ni se me ocurrió, aparte, todo pasa muy rápido, me concentré en ver. ¿Has pensado en regresarte a Colombia?, noooo, esto había y hay que vivirlo. ¿No te dio duro estar solo? no, ni siquiera tuve tiempo de pensar en eso, de nuevo, solo pensaba en lo que estaba viviendo.

Me he puesto a pensar también en lo que hubiera pasado si esto hubiera ocurrido en Colombia, quizás una tragedia de mayor magnitud. 
Me ha dejado pensando también el tratamiento que los medios le hacen a estas noticias, por fuera de México hablan de terremoto, devastación, destrucción de México. Aquí los medios hablan de sismo o temblor.  
Sean medios nacionales o extranjeros, se encargan de magnificar los estragos, solo van a donde hay la mayor cantidad de muertos. Van más de 90 víctimas mortales y se calculan más de 300 mil damnificados, de estos últimos casi nadie habla, casi nadie los entrevista. Tristemente lo que vende es la sangre y la muerte.

viernes, 14 de julio de 2017

Misterio y pasión

Federico, un hombre maduro, delgado, de pelo liso como el del mal ladrón descrito por Saramago, acudió a la invitación con la rabia propia de quien pasa por un mal momento doble, del corazón y de la mente, dolor en el sentipensar diría Federico, él con sus típicos clichés seudoacadémicos. 
Clarisa, joven mujer delgada, con el pelo rizado de ese que Saramago describe como el de los ángeles y las almas buenas, se presenta con una sonrisa que saca a Federico del ensimismamiento que tenía; al ver el bello rostro de Clarisa, Federico  se dijo "mirada al piso", así notó y soñó con las botas azules Dr. Martens que ella llevaba puestas.
Poco recuerda de las charlas de los demás, Federico se concentró en el hablar de Clarisa. Luego, cuando él habló, sintió que sus palabras repletas de dolor en el sentipensar la habían espantado, criticó a los antropólogos y se dio cuenta que ella es antropóloga.
Sin embargo, la comida los acercaría, Federico confundido, no sabía si era diplomacia entre colegas o interés de ella, no atinó a saber si en realidad lo estaba invitando a bailar y pasear, quizás por eso, no le pidió el teléfono.
Las siguientes dos semanas Federico se preguntó, cómo pudo ser tan lento, buscó entre sus correos, encontró su dirección, le escribió y sintió con su respuesta que el momento había pasado. 
Una tarde de viernes va a teatro, luego vinos, luego a rumbear, allí en la sala medio oscura del sitio más jipipandroso de San Juan de Los Remedios, con su pelo de ángel, con un short y medias largas de flores, Clarisa saludó a Federico, cruce de sonrisas, preguntas de rutina, soy Cáncer, yo soy Leo, una corta charla, la insinuación de un "vernos algún día", Gerardo la compañía de Clarisa aparece,  las Mares, las compañías de Federico reaparecieron, dos salsas más y despedida. 
De ahí en adelante las casualidades se seguirían repitiendo. Clarisa y Federico llevaban cada uno más de dos años de vivir en San Juan y no se conocían, ahora, de una semana a otra, se empezaron a encontrar casi a diario. 
En un primer almuerzo Clarisa esperaba a Federico en el restaurante con una chocolatina Jet, él no pudo evitar la sonrisa, la facilidad de conversa fue mutua. Él supo que estaba siendo sujeto de un estudio etnográfico y gustoso dijo que lo continuaran al calor de un té, de esta manera resultaron en la terraza de la calle Drake. Conversaron principalmente de él, una suerte de interrogatorio más allá del ¿estudias o trabajas? Le preguntó de sus cómo, sus por qué, por qué aquí. 
Despedida, luego chat y Federico se sorprendió porque Clarisa lo había googleado y le hizo bromas con las vainas que él ha escrito. Mucho a mucho se fue sintiendo la afinidad, no solo de la conversa, de los temas y sonrisas, de las miradas perdidas en el ocaso. 

El segundo almuerzo Federico llegó primero, la esperaba con un libro, ella lo abrió, lo ojeó y le dijo "Sos tesito". Le recomendó un aparte, ella lo empezó a leer. Fue la primera vez que alguien le leyó en voz alta algo que él había escrito, "vos criticando a los antropólogos, diciendo que no sos uno y mirate, sos antropólogo". Volvieron a la terraza a continuar las conversas, esta vez el interrogatorio fue mutuo, vieron un ovni, se rieron de los turistas alemanes que dejaron volar las cartas, se siguieron descubriendo en las afinidades, en las vainas en común, también en las diferencias, en los desencuentros, en las malas pasadas del amor y los amorios. Para cerrar la tarde,  Federico le escribió una dedicatoria en el libro que tituló, Misterio y Pasión, los tés que bebieron esa tarde.  Luego la despedida.
  • Finalmente, ¿qué harás en tu cumpleaños? si no has decidido qué hacer en tu cumple, si no te sale algo, yo encantada soy tu plan B.
  • Hola querida Plan A, te invito a cenar y tomarnos unos vinos el día de mi cumpleaños.

Es el día de su cumple, a eso de las 8.00 pm se encuentran, cada uno ya tiene dos copas de vino en la cabeza, de nuevo las conversas, de nuevo las sonrisas y afinidades, comida tradicional, caminatas, cervezas, luego de cuatro horas de charlas van por una acera del centro de San Juan:
  • Contame, cuánto duró tu matrimonio.
  • Ya está bueno, sabes muchas cosas de mí, pero no sé de ti, si eres casada o no, si tienes novio o no
  • Es que a vos te salen tan bonitas las narraciones y los cuentos de tu vida,  y no, no soy casada
  • ¿Arrejuntada?
  • A eso sí, hace 11 años vivo con mi pareja, imaginate.
Conversarían dos horas más al calor de mezcales y cervezas, ahora con menos afinidades y más complicidades, ya no con elogios, sino consejos mutuos, con el escucharse mutuo de dos personas que comparten soledades y desamores en el extranjero. 
Federico le habló del blog en el que cuenta sus historias, lo que no le dijo, es que el subtítulo del blog coincidía con la reciente frase de Clarisa "A veces prefiero el cuento de mi vida".


viernes, 24 de marzo de 2017

De buen vecino a ingeniero

El orgullo propio de haber sido capaz de desbaratar y reparar mi MacBook pro me tendría con una sonrisa varios días. Sin embargo, las noticias tristes vendrían de una amiga de infancia con quien compartimos el haber perdido a nuestros padres,  el cáncer la vuelve a visitar y esta vez parece que se la llevará. Mary sé que nunca leerás esto, hace 15 años no hablamos pero siempre estás y estarás en el corazón.

También noticias tristes de un compañero de estudio que está en la maestría, Ebello y Eriest, además de asesores son como los padres de este grupo de estudiantes, nos cuentan que está enfermo y organizamos una "cooperacha". De lo más bello de estar aquí es esa facilidad de cooperación y colaboración,  aquí o por lo menos en este grupo, la compasión y la solidaridad no son escasas. Una de las estudiantes no ha recibido dinero de la beca pero colabora, otra aplazó este año su doctorado y tampoco recibe dinero, Ebello y Eriest pagan los exámenes médicos del joven, mi presupuesto es limitado pero sé que el compañero necesita más de este dinero que yo.

Con ese sentimiento de haber podido colaborar llego feliz a la casa. Mi vecina volvió en la mañana con su hijo que estaba enfermo, me dice que otros vecinos la dejaron sin energía eléctrica, le dije que fuéramos a donde está el daño a ver si la podemos arreglar. Luego de intentos de discusión con el electricista que la dejó sin luz, le digo que mejor viéramos en la casa. Nos damos cuenta que hay luz en partes de la casa, así que sin aislantes eléctricos, ni las herramientas adecuadas me pongo a buscar el daño. 
Una rasuradora se hace tester, detecto hasta dónde hay flujo de energía, cambiamos los fusibles. El problema persiste en otra parte de la casa, de nuevo el tester y debemos reemplazar otro fusible. Nos tomó casi cuatro horas incluyendo las idas del hijo de la vecina a la ferretería por los fusibles. Entre unas y otras, llegó el mensajero de DHL, preguntó por Fredy, mi vecina responde que ya va, y me llama "ingeniero". 

Luego de un año y tres meses de llamarme "vecino" hoy me gradué de ingeniero.

martes, 21 de marzo de 2017

Ser parte del comunidad, la creación de vínculos.

Bauman decía que las redes sociales nos crean la ilusión de pertenecer a una comunidad, sostiene  que en las redes sociales tenemos la potestad de escoger, agregar, borrar miembros y amigos, con un clic creamos una amistad, un vínculo. Pero ser parte de una comunidad o crear comunidad no es sencillo, en ellas no podemos escoger como en las redes sociales. En un libro que acabo de publicar, hago referencia a tejer el territorio con la comunidad, crear vínculos es la base del proceso largo y no siempre exitoso.
Llegué de la selva antes de lo presupuestado debido a que en este momento la comunidad no quiere investigadores. Los entiendo, los investigadores son también extractivistas que en nada benefician a la comunidad, luego de las primeras horas de tristeza y casi depresión, caí en la cuenta de que yo andaba cometiendo el mismo error a pesar de siempre haberles manifestado que yo quería dejar algo para ellos y de haber construido la problemática de mi tesis con ellos. Costó un tiempo buscar soluciones, lo bueno es que vuelvo en dos meses a compartir con la comunidad algunas cosas que sé. Lo mejor es que esto es parte del aprendizaje y también me sirve en la tesis, no obstante la reflexión me hizo preguntarme muchas cosas más.

Fin de semana de puente en México y también en Colombia, el regreso antes de la selva, sumado al daño de mi portátil me tienen desparchado y cuando eso me pasa, las horas y los días se hacen eternas divagaciones y monólogos mentales. Me encierro en mi casa a las afueras del pueblo donde no hay vecinos para siquiera intercambiar dos frases.
Me doy cuenta que habito en un mundo ficticio llamado Facebook, no vivo en México, sigo viviendo en Colombia, aunque ya me lo había dicho Ebellio, no había caído en la cuenta, vivo pegado de las noticias de Colombia, pendiente del chat de algún estudiante que me haga sentirme maestro de nuevo, pendiente de esos los pocos amigos que tenía en Colombia, pendiente de que me despidan un mensaje, pendiente de cualquier señal de allá que me sirva de disculpa para no salir aquí.
Dura y lentamente me doy cuenta que ellos, familia, amigos, examigos, exestudiantes viven allá, mi vida está aquí, y aquí no he construido vínculos, aquí aún no hago parte de una comunidad.

Así que de nuevo me sumo en las depresiones que me caracterizan, pero pronto me pongo un reto, cierro Facebook, cierro Instagram, no sé cuánto me dure el impulso, pero debo empezar a construir vínculos con esta tierra en la que vivo, de lo contrario ni la tesis ni la vida en estos tres años serán.
No cierro WhatsApp, ni correos, ni iMessenger, esos son para la familia y los amigos, de aquí y de allá.

Pos data: sé que llevaba meses sin escribir aquí, mucho que contar, entradas incompletas que guardo en mis notas esperando tener las ganas de publicarlas... ahí irán apareciendo.