viernes, 11 de mayo de 2007

Los frijoles en la de presión

Desde tiempos inmemoriales los frijoles fueron una raza dura de roer. Tal vez por sus hermosos colores, rojos, amarillos y negros despertaron el interés de las cocineras.
Los frijoles se caracterizan por tener una vida de constante desarrollo de carácter, en su etapa temprana son blandos y verdecitos, luego rosados (o blancos o amarillos) y en la madurez adquieren su vivo color, pero también una dureza que los hace difíciles de tratar.
Quizás por esta razón su consumo en anteriores épocas estaba sujeto bien a la macabra cocción de jóvenes frijoles verdes (que en realidad son rosados o blancos o amarillos o jaspeados) o a un proceso lento pero eficaz, en el que la vida del frijol se ahogaba en agua durante varios días, haciéndolos cada vez más blandos.
Con el advenimiento de la tecnología, en las artes culinarias apareció un arma letal para cualquier frijol, “la olla de presión”, dicho descubrimiento de comienzos de siglo pasado y cuya autoría aún se la disputan un gringo, un mexicano, un colombiano y un español (Sí, hombres todos), trajo consigo un drama para toda una raza de frijoles: tener que morir en la de presión.

No es coincidencia que años más tarde se popularizara el término depresión en la jerga sicológica, cuya definición también se disputan un gringo, un mexicano, un colombiano y un español (Sí, hombres todos), y se refiere a un estado de abatimiento (del verbo batir, se ha batido), que puede ser transitorio o permanente. En la mayoría de los casos, se trata de un rápido cambio de estado en el que el paciente pasa de una dureza de carácter a un ablandamiento emocional, socavando su potencialidad, debilitando su base de sustentación afectiva (Tomado de www.psiquipedia.com). Primera lección de etimología.

Pues queridos/as y cada vez menos lectores/as, me siento como los frijoles en la de presión y solo espero que la válvula sirva, y que la cantidad de agua y el tiempo sean los justos, de lo contrario me desharé.

Para terminar, segunda lección de etimología: ¿se habían preguntado por qué llaman colon al colon? porque gracias a Colón al igual que al colon, la diversidad de frijoles como la de las culturas se ha hecho una masa homogénea, una mierda. De paso entendemos la colonialidad

sábado, 5 de mayo de 2007

Adiós a la ciudad de hierro


Luego de más de cuatro meses de estar pudriéndose en el potrero junto al portal, la ciudad de hierro finalmente se fue. Desde su llegada hace unos seis meses se presumía que su paso no tendría éxito, pues la economía de mercados y la libre competencia pudren hasta una ciudad, si tu ciudad no es competitiva se va.

En mis 51 años he visto varias ciudades de hierro, lamentablemente esta última aunque me trajo recuerdos de mi infancia en el 68, puso de manifiesto que la vida nos hace ser cada ves más hoscos. Seguridad, ohhhh seguridad tan evocada en estos días por dos presidentes. Pensando en la seguridad personal, no pude estar tranquilo, me preocupaba que mis hijos y nietos subieran a ese monstruo de patas apoyadas en ladrillos, con rodillas derruidas por el óxido, una montaña rusa que asustaba más por el ruido que por las caídas, una rueda de Chicago que parecía de Choachi por su tamaño.

Y pensar que en el 68 no me fije en las rodillas y pies de la ciudad.

El espectáculo tan solo duro dos meses, pero la ciudad permaneció abandonada cerca de 4 meses, sabía de pueblos fantasmas, pero no de ciudades de hierro abandonadas.

Pero finalmente se fue, ayer la vi partir, se fue con honores; lo que no recordaba del 68 era la forma en que las ciudades se van, recordé los 80´s cuando mi hijo mayor veía una serie de dibujos animados “transformers”; la ciudad se transformó, la montaña rusa se convirtió en trailer, pero lo más emocionante fue ver a la Rueda de Chicago trasformarse en araña, tejer su red, enrollarse sobre si y sacar las ruedas de sus patas…

Si, la ciudad se fue, quise tomarle una foto antes de irse pero no me dejaron , pues los recuerdos de la ciudad no se guardan como imágenes, se guardan como emociones…