sábado, 23 de junio de 2007

Florencia.

Tenía que ser alemán para ser tan frío este avión, con motores de hélice, con ventanas de vidrios rayados que impidieron buenas fotos.
A pesar de que la capacidad es de 32 solo veníamos 10 pasajeros, de los cuales tres eran franceses cansones que se creen amos del mundo, de aquellos que creen que viniendo a Caquetá lo están salvando.

Viaje algo aburrido, luego de despegar me parece extraño ver desde el avión la misma parte de la ciudad en la que hace hora y media estaba trabajando, ahora estoy unos metros más arriba y la torre Colpatria luce tan chiquita, se ve la parte sur de esta ciudad, esa que nadie ve, que crece en los cerros, con calles amarillas, con techos de hojalata, paradójicamente rodeada de verde.

Parece que el país entero está en invierno pues todo el viaje estuvo acompañado de nubes, creo que ya la turbulencia hace parte de del paisaje. No hay fotos, tal vez 3 o 4 del final cuando el descenso permitió ver como las montañas se unen con una inmensa llanura, bordada por los ríos, nuevamente los rayones del vidrio impiden buenas fotos.
¿Has soñado con atravesar un arco iris?... El avión se aproxima a la pista y piensas que aterrizará sobre el río, de un lado la llanura, del otro la montaña, una suave lluvia decora las ventanas, el sol fuerte de la tarde realza las siluetas de las montañas y los árboles, es un juego de contraluz.
Puede ser muy racional la causa: dos componentes, lluvia y sol, se suman, las gotas de agua actúan como prismas descomponiendo la luz en sus gamas generando el llamado arco iris.
Retomo. en pleno descenso, a punto de aterrizar, de un lado la llanura, del otro la montaña, la lluvia y el sol, al frente el arco de colores sobre la pista, el ángulo evita tomar fotos, pero la recompensa es grande, después de atravesar esa pista que parece de tierra, después de que el avión frío da una vuelta en U de forma que ahora vemos al lado opuesto, el arco nuevamente está al frente, levanto un puño y digo gracias, ¿quién se ha dado el lujo de atravesar un arco iris?.

En 45 minutos pasas de 2600 a 3500 y finalmente aterrizamos a 240 msnm, a pesar de estar tan bajo el invierno evita que este cuerpo blanco se deshidrate.

De los últimos dos viajes me sorprende como puede llover tanto, llueven días enteros, con sus noches, esta lluvia eterna lleva ya tres días, la gente está tan acostumbrada que ya no usa paraguas, el agua se seca a los 15 minutos de que entras a algún sitio. La lluvia es tibia y de vez en cuando una gota toca mis labios, la lluvia tibia me sabe a ti.
Esta ciudad de arquitectura neoecléctica, mezcla de diferentes tendencias, cada quien construye como se le ocurre, crece desordenada, la construyen en los cerros, cuando desde los mismos cerros se ve la llanura, eterno problema de las ciudades colombianas, quizá los palmiranos sean de los pocos que se salven.

La convocatoria ha sido un fracaso, de supuestos 30 no llegan sino 9, de 12 empresarios no llega ninguno, a una cita de las 8:00 am los primeros llegan a las 10:00, no hubo otra cosa que posponer el taller. Tenemos pues dos horas libres, como en todos los municipios turísticos no hay nada que hacer o por lo menos nadie lo sabe.

Tomamos un bus, atravesamos esta ciudad de lado a lado, llegamos a barrios donde la arquitectura si es homogénea, las casas de madera, con una sola ventana, una puerta y el piso en tierra son todas igualitas, las calles amarillas se hacen ríos y los niños descalzos se bañan en ellos, y emprenden carreras en las que los pollos y las gallinas los acompañan.

En la tarde luego de la jornada laboral le pedimos a una florenciana que nos lleve a algún sitio bonito, ella promete llevarnos a unos ríos y a tomar aguadepanela con queso.
Tan solo a un kilómetro de la ciudad parece que la selva te rodea, tal vez sea que este trópico, estos pocos metros sobre el nivel del mar hacen que los árboles y el bosque sean tan imponentes, ascendemos por unos cerros y la vista es espectacular, la niebla realza las siluetas de la tierra, la distancia se transforma en matices de montañas.

La lluvia produce muchos derrumbes en la vía y la conductora seguida por los comentarios de los fotógrafos por poco y se sale de la carretera, por fortuna salió por el lado de la montaña y no del abismo.

Al cabo de hora y media de curvas, no llegamos a ninguna parte, la dichosa aguadepanela no existe, el ejercito ya nos ha detenido tres veces y cerrará la carretera, esto sumado a la lluvia, y el susto previo, llevan a nuestra conductora a disminuir la velocidad, ahora vamos a 20Kph…rumbo a Florencia.

La lluvia en el techo, el fondo musical de mis sueños que siempre me conducen.

El último día, el de las carreras, lo que no se hizo en dos días se hará en cinco horas, hago lo que me gusta trabajar con la gente, el único hombre del grupo, trabajo con madres cabeza de hogar que cultivan heliconias y follajes, con la ortografía más mala, pero con los mejores ánimos…no creo ser machista.
Una de las mujeres me dice que si nunca me bronceo, que no había visto a alguien más blanco (tercera vez en este viaje), tomamos una foto de su brazo junto al mío, publicidad de Benetton.

Las señoras deciden que trabajaremos de largo, lo que nos lleva a aumentar las carreras, solo a las 3:00 pm salimos, almorzamos a las 4 y debemos estar en el aeropuerto a las 415, la lluvia aún nos acompaña y los lugareños apuestan a que nos tendremos que quedar. Terminamos de ajustar facturas a las 445.
A pesar de que dicen que los alemanes son cumplidos, el mismo avión alemán que saldría a las 515, sale a las 6:00, pero justo a las 700 aterriza.

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