Ya no hay cuentos, no hay historias, ya no hay versos qué contar, solo vivo sin sentir.
He vivido entre tormentas que de niño nunca ví, más los grises de los cielos en mi mente se quedaron, trasformaron mi arco iris y mi forma de sentir.
Ya no hay cuentos, no hay historias, ya no hay versos que contar, solo observa, ya no actúes, pasa pues al otro lado, justo allá en medio del público.
Ya no sientas solo observa, que hay de malo en observar sin sentir que esa es la vida, al final es el sentir el que amarga tus bebidas, solo traga, no mastiques.
La faena continua, no te toca, es su dolor, el de ellos, el de allá, date el lujo de la distancia, date el lujo de observar.
No te sientas por error protagonista de tu vida, al final solo serás un actor que representa lo que el público desea.
Y si optas por actuar, pues que el blanco de tu rostro no permita que el color atraviese los telones, pues el público es voraz, juzgará tu colorido, mirará solo los grises, pensará que son tormentas, no verá tus verdes claros, ni tu sepia, ni el naranja.
Ya no sientas, qué hay de malo en pensar que nada importa, no te tomes tan en serio, al final solo es la vida
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