jueves, 30 de agosto de 2007

Día 2: De flores, japoneses y más flores en Risaralda.

Un desayuno americano tan frío como la soledad de estos días, 10 minutos antes de lo previsto llega el carro de Elkin…argolla de oro de un centímetro de ancho, un campero modelo 2008 con todos los juguetes, me siento un traqueto atravesando Pereira.
En busca de orquídeas llegamos a Eva, el japonés Masanobu Tsubota, nos recibe, su rostro oriental pronto contrasta con su acento “buenas pues señores, en que les puedo servir”, “sigan pues, sean bienvenidos y camine les muestro el laboratorio que es la verraquera”. Es el japonés más paisa que yo haya visto.
Un laboratorio en el que el día es noche y la noche es día para este universo de mundos en botellas, habitados por gnomos y orquídeas, no puedo evitar la comparación con esos barcos construidos dentro de botellas que cuando niño pensé estaban tripulados por pequeños duendes que no iban a ninguna parte. Duendes en cápsulas siiii duendes en cápsulas.
Seguimos en una hora, un proceso que para las orquídeas dura 6 años, finalmente las plantas florecidas, formas similares cubiertas de diversos colores y texturas entretienen a Germán el fotógrafo, a mi nuevamente las llamadas me recuerdan el estrés de Bogotá, solo una ardilla que pasa junto a mi, logra calmar este enojo de las cosas que no salen.
Me despido de Masa, que evidentemente si sabe japonés pues habla así con su hermano cuyo nombre por obvias razones no recuerdo.
La visita al cultivo de heliconias y follajes es una ilusión de una semana, he hablado con Nathaly quien nos coordina la visita, nunca la he visto, estoy en el primer piso del edificio, la llamo y pregunta ¿cómo te reconozco?, respondo: fácil tengo cara de rolo, en el encuentro su risa a carcajadas, me lo confirmó “tenés cara de rolo”. Nos vemos y parece que fuésemos amigos de hace años, la amabilidad paisa en ocasiones incomprendida por los cachacos, me hace amar estas tierras.
Julio, un hombre moreno con rostro agresivo nos espera enojado por la espera de una hora, nos lleva a una finca rodeada de café, guaduas y bosque, 25 hectáreas de flores y follajes tropicales de colores, que desde la entrada nos dejan extasiados, nuevamente son tantos los nombres y colores que los olvido, entre maracas, aves del paraíso, heliconias, avanzamos lentamente deteniéndonos en cada nueva flor.
Mariposas negras con rojo, mariquitas, libélulas rojas, ojalá fuesen tan lentas que pudiera fotografiarlas. Las mariposas y estas flores me hacen pensar en un regalo para vos, pero la duda de seguir siendo eludible reaparece. Entiendo el proceso de cultivo de las heliconias, las actividades fuertes propias de los hombres y las de motricidad fina para las mujeres, aquí la jefe es mujer, la administración es una actividad que requiere fineza.
Para finalizar una cena con Mónica, rato sin verla, hablamos de trabajo y luego chisme, fue imposible evitar ser protagonista de uno.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Zona cafetera: Día uno Manizales – Aranzazu.


Zona cafetera:
Día uno Manizales – Aranzazu.


El mensaje del eclipse me despertó, al observar el cielo esas nubes que tanto me gustan, ocultaron el milagro. Destino al aeropuerto en un taxi del que desconfié todo el tiempo.
Nuevamente un despegar sobre el centro de la ciudad, pero hoy se que no estás; sin ventanas lo único que queda es leer, hasta el instante en que me siento como semilla en maraca en este avión, descubro que puedo robarle ventana a mi vecino, para encontrarme con que los cerros se ven ahí no más, veo las casas y los árboles; solo queda esperar que esto cese. Al cabo de 3 minutos anuncian el aterrizaje, desde luego en una pista inclinada el avión tiene que rebotar.


Nos reciben los Andes en silueta, las nubes que los cubren levemente y un nevado que se sabe pero no se ve.
Atravieso esta ciudad y no se si admirar o renegar de los manizalitas, cómo pueden crear una ciudad en un terreno tan quebrado, una casa es de un piso por delante y de cuatro por detrás.
De una al trabajo, en la ruta hacia Aranzazu recuerdo estos caminos recorridos hace ya 4 años, hoy los veo diferentes entiendo que son los corredores biológicos, los cercos vivos, hoy soy quien guío.
Este camino de curvas como esas tuyas que recorrí, solo me hace recordarte y pensar que cada vez estamos más lejos, justo cuando más cerca estábamos.

Ya en Aranzazú nos recibe Daniel será nuestro guía, el fotógrafo captura paso a paso el proceso de transformación del fique, rostros campesinos que reflejan el duro trabajo, niños alegres con la tranquilidad de este aire, no recordaba la belleza de las mujeres paisas, no recordaba que las más atractivas tienen 14 años y que las que tienen mi edad lucen de 40 y tienen hijos de 15.

Recorriendo un vivero, justo sobre una joven planta de fique una libélula azul clara, me saluda, . Infructuosamente trato de enfocarla con mi Canon, pronto el fotógrafo con su Nikon de 8 veces el valor de la mía, captura esa bella imagen, yo por lo pronto me quedo con una mancha azul sobre una verde.


Luego descubro grillos de varios colores, bella combinación del verde, negro rojo, azul, gasto 45 fotos para poder tomar una. Posteriornmente aparece una araña en el lente cuando enfoco una hoja, el efecto es hermoso, pude hacer un primer plano de la araña sobre verdes de las hojas desenfocadas.


De regreso al pueblo veo como las casas junto a la quebrada parecen insectos estáticos de largas patas en guadua que escalaron estos cerros, parece que ante esta magnífica vista los pobladores responden con una arquitectura dramática que solo es bella en los frentes, donde todos nos vemos, donde queremos ver, donde no hay verdes.


En la tarde cuatro horas de fotos e historias con artesanas, para completar reconozco en una de ellas el acento propio del Sugar Valley. La ilusión matutina del color de las hebras, se pierde con la incesante llamadera recordándome que esto es trabajo y que soy el director de una Red.

jueves, 23 de agosto de 2007

El anturio negro


Nacido a la sombra del bosque risaraldense, sembrado entre capas de hojarasca bogotana que se hacen tierra, creciendo entre pétalos de rosas de colores que se han hecho polvo, existe un anturio que conoce mis historias, mis tristezas y alegrías.

Más de 12 hojas de calendario se esconden bajo estas capas, a cambio el anturio entrega dos grandes hojas en forma de corazón, y una nueva brota con indescriptible belleza.
Son hojas de verde vivo que se posan sobre unos extensos tallos que finalmente se unen a un solo tronco, si es una planta sencilla, la esencia de lo que en diseño se llama minimalismo.

Próximo a la ventana pero protegido del sol, el anturio prefiere como yo los días lluviosos y grises, tal vez porque esos grises del cielo como el negro de su flor reflejan esas extrañas alegrías, una forma distinta de belleza, una belleza sui generis.

Ese anturio que aún no florece, del cual no he visto raíces, me hace sentir el perfecto asesino, yo también cargo ese pedazo de vida que es el único capaz de soportarme.

lunes, 20 de agosto de 2007

Soledad, desespero, desilusión

Meses hablando de ella, he tratado de definirla, describirla y hasta quererla, si la soledad, amiga común con Y2k quien por estos días también se preocupa por ella...
Soledad, compañera que no acompaña, que juega a desvanecerse con los cantos de aves al amanecer, con ilusiones migratorias; soledad me alcancé a ilusionar, pensé que me dejarías pero finalmente no lo harás...

Transiciones en la vida, mutaciones, y transformaciones, desafán por trascender, por planear, una vida de desapego y del meimportaunculismo respecto al futuro.

Las decisiones no se toman, no llegan, llega el momento, el día y en él, un único camino, ya no hay que decidir...

Desespero, no de desesperación, de dejar de esperar, más allá de aguardar, no esperar nada de nadie; si, a veces un dolor de cabeza de 4 días te hace débil, en la soledad esperas un impulso, ese impulso sólo vendrá de ti, de nadie más, cada quién tiene su cabeza y sus dolores.

Desilusión, de nadie, de todos, lo más difícil, no ilusionarse, dejar que migren...

¿Y soñar?... lo único que me queda

viernes, 10 de agosto de 2007

La caja de los sueños

La noche anterior descubrí la forma en que funcionan mis sueños. Parece ser que en mi cerebro los momentos, las palabras, las situaciones y los actores están arrumados, cada vez que me muevo y me despierto, tal como en una caja que se voltea, los momentos, las palabras, las situaciones y los actores se reordenan, dando como resultado un sueño cada vez más loco.
El problema es que el movimiento de las cosas en la caja me despierta, joder y entonces digo maldito insomnio

miércoles, 8 de agosto de 2007

Por qué de este blog

Hace un tiempo conocí en un chat, un hermoso poema de León de Greiff, la mujer con quien hablaba me preguntó si yo era un acontista, he de aceptar que no conocía ni el término, ni el poema, no obstante bastó que me copiaran el primer párrafo para entender que evidentemente soy un acontista o por lo menos me supongo uno.
Ese poema le dio un giro a mi vida y desde esa epoca volvieron las ganas de escribir.
A continuación un fragmento del poema...

RELATO DE GUILLAUME DE LORGES
Yo, señor, soy acontista.
Mi profesión es hacer disparos al aire.
Todavía no habré descendido la primera nube.
Mas, la delicia está en curvar el arco
y en suponer la flecha donde la clava el ojo.

Yo, señor, soy acontista.

¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alcotanes,
[halcones
acudid a la voz del acontista!

y enderecemos nuestras garras a la conquista
de las nubes, volubles como los corazones...
y —cual los corazones— inmutables.

Yo, señor, soy acontista.

También he sido juglar en los mesones.
Revendedor de bulas.
Tañedor de laúd.
Y tragador de fuego y engullidor de sables.
Y bufón en las ferias.

Damas de los castillos a catar diéronme frutos de
[acendrada virtud:
¡noches de bendición!

Otras noches fueron bien miserables.

Yo, señor, soy acontista.

También me he entretenido en cosas serias:
conocí al asno de Buridán
y al propio Buridán, que estuvo en la Tour de Nesle
(alguna vez fui con él,
pero me devolví de la poterna)
y vi ahorcar en Montfauçon
a Messire Enguerrand de Marigny.
Poco en letras leí...
mas sí he bebido buenos vinos, paladeado vianda tierna,
y comido del mejor pan.

Yo, señor, soy acontista. ....