Un desayuno americano tan frío como la soledad de estos días, 10 minutos antes de lo previsto llega el carro de Elkin…argolla de oro de un centímetro de ancho, un campero modelo 2008 con todos los juguetes, me siento un traqueto atravesando Pereira.En busca de orquídeas llegamos a Eva, el japonés Masanobu Tsubota, nos recibe, su rostro oriental pronto contrasta con su acento “buenas pues señores, en que les puedo servir”, “sigan pues, sean bienvenidos y camine les muestro el laboratorio que es la verraquera”. Es el japonés más paisa que yo haya visto.
Un laboratorio en el que el día es noche y la noche es día para este universo de mundos en botellas, habitados por gnomos y orquídeas, no puedo evitar la comparación con esos barcos construidos dentro de botellas que cuando niño pensé estaban tripulados por pequeños duendes que no iban a ninguna parte. Duendes en cápsulas siiii duendes en cápsulas.
Seguimos en una hora, un proceso que para las orquídeas dura 6 años, finalmente las plantas florecidas, formas similares cubiertas de diversos colores y texturas entretienen a Germán el fotógrafo, a mi nuevamente las llamadas me recuerdan el estrés de Bogotá, solo una ardilla que pasa junto a mi, logra calmar este enojo de las cosas que no salen.
Me despido de Masa, que evidentemente si sabe japonés pues habla así con su hermano cuyo nombre por obvias razones no recuerdo.
La visita al cultivo de heliconias y follajes es una ilusión de una semana, he hablado con Nathaly quien nos coordina la visita, nunca la he visto, estoy en el primer piso del edificio, la llamo y pregunta ¿cómo te reconozco?, respondo: fácil tengo cara de rolo, en el encuentro su risa a carcajadas, me lo confirmó “tenés cara de rolo”. Nos vemos y parece que fuésemos amigos de hace años, la amabilidad paisa en ocasiones incomprendida por los cachacos, me hace amar estas tierras.
Julio, un hombre moreno con rostro agresivo nos espera enojado por la espera de una hora, nos lleva a una finca rodeada de café, guaduas y bosque, 25 hectáreas de flores y follajes tropicales de colores, que desde la entrada nos dejan extasiados, nuevamente son tantos los nombres y colores que los olvido, entre maracas, aves del paraíso, heliconias, avanzamos lentamente deteniéndonos en cada nueva flor.
Mariposas negras con rojo, mariquitas, libélulas rojas, ojalá fuesen tan lentas que pudiera fotografiarlas. Las mariposas y estas flores me hacen pensar en un regalo para vos, pero la duda de seguir siendo eludible reaparece. Entiendo el proceso de cultivo de las heliconias, las actividades fuertes propias de los hombres y las de motricidad fina para las mujeres, aquí la jefe es mujer, la administración es una actividad que requiere fineza.
Para finalizar una cena con Mónica, rato sin verla, hablamos de trabajo y luego chisme, fue imposible evitar ser protagonista de uno.
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