Zona cafetera:
Día uno Manizales – Aranzazu.
Día uno Manizales – Aranzazu.
El mensaje del eclipse me despertó, al observar el cielo esas nubes que tanto me gustan, ocultaron el milagro. Destino al aeropuerto en un taxi del que desconfié todo el tiempo.
Nuevamente un despegar sobre el centro de la ciudad, pero hoy se que no estás; sin ventanas lo único que queda es leer, hasta el instante en que me siento como semilla en maraca en este avión, descubro que puedo robarle ventana a mi vecino, para encontrarme con que los cerros se ven ahí no más, veo las casas y los árboles; solo queda esperar que esto cese. Al cabo de 3 minutos anuncian el aterrizaje, desde luego en una pista inclinada el avión tiene que rebotar.
Nos reciben los Andes en silueta, las nubes que los cubren levemente y un nevado que se sabe pero no se ve.
Atravieso esta ciudad y no se si admirar o renegar de los manizalitas, cómo pueden crear una ciudad en un terreno tan quebrado, una casa es de un piso por delante y de cuatro por detrás.
De una al trabajo, en la ruta hacia Aranzazu recuerdo estos caminos recorridos hace ya 4 años, hoy los veo diferentes entiendo que son los corredores biológicos, los cercos vivos, hoy soy quien guío.
Este camino de curvas como esas tuyas que recorrí, solo me hace recordarte y pensar que cada vez estamos más lejos, justo cuando más cerca estábamos.
Ya en Aranzazú nos recibe Daniel será nuestro guía, el fotógrafo captura paso a paso el proceso de transformación del fique, rostros campesinos que reflejan el duro trabajo, niños alegres con la tranquilidad de este aire, no recordaba la belleza de las mujeres paisas, no recordaba que las más atractivas tienen 14 años y que las que tienen mi edad lucen de 40 y tienen hijos de 15.
Recorriendo un vivero, justo sobre una joven planta de fique una libélula azul clara, me saluda, . Infructuosamente trato de enfocarla con mi Canon, pronto el fotógrafo con su Nikon de 8 veces el valor de la mía, captura esa bella imagen, yo por lo pronto me quedo con una mancha azul sobre una verde.
Luego descubro grillos de varios colores, bella combinación del verde, negro rojo, azul, gasto 45 fotos para poder tomar una. Posteriornmente aparece una araña en el lente cuando enfoco una hoja, el efecto es hermoso, pude hacer un primer plano de la araña sobre verdes de las hojas desenfocadas.
De regreso al pueblo veo como las casas junto a la quebrada parecen insectos estáticos de largas patas en guadua que escalaron estos cerros, parece que ante esta magnífica vista los pobladores responden con una arquitectura dramática que solo es bella en los frentes, donde todos nos vemos, donde queremos ver, donde no hay verdes.
En la tarde cuatro horas de fotos e historias con artesanas, para completar reconozco en una de ellas el acento propio del Sugar Valley. La ilusión matutina del color de las hebras, se pierde con la incesante llamadera recordándome que esto es trabajo y que soy el director de una Red.
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