
Esta historia comienza a las 4:00 am, 4 Carros 4x4 varados para salir finalmente a las 4 pm, 4 intentos fallidos por salir hasta el Cabo.
Un guajiro persistente que terminó por convencernos de que Angélica se llama Andrea, o al revés, ese guajiro coqueto que hace que no le cobren peajes por sus versos.
Un día entero, 15 horas tras de un atardecer que se vio a lo lejos desde una carretera eterna y repetida que cambia solo por el lado en el que la carrilera del tren se encuentra.
Justo a las 7:00pm llegamos al Cabo, el mar calmado no se siente, la cúpula celeste permite distinguir la vía láctea, las constelaciones, lástima que no sepa nada de estrellas. Se le piden deseos a los satélites fugaces?.
Un día entero, 15 horas tras de un atardecer que se vio a lo lejos desde una carretera eterna y repetida que cambia solo por el lado en el que la carrilera del tren se encuentra.
Justo a las 7:00pm llegamos al Cabo, el mar calmado no se siente, la cúpula celeste permite distinguir la vía láctea, las constelaciones, lástima que no sepa nada de estrellas. Se le piden deseos a los satélites fugaces?.
Un arroz con mariscos en una posada wayuu. Con este techo de estrellas, con esos colores de los tejidos, a solo 15 metros del mar, paso la primera noche de mi vida en un chinchorro…aparece la luna y gracias a Angélica mi primera foto de un cielo nocturno.
Un amanecer de morados, azules y naranjas en el Cabo, justo se acaban las baterías de la cámara. A las 600 AM, ya tomamos las fotos, ya hubo baño de totumo, me compré unas wayreñas, y tomé café caliente con los pies en el mar.En el pilón de azúcar me siento unido al continente solo por dos hilos de tierra, el mar me rodea, a la izquierda el parque eólico llega al mar, al frente un lago de agua dulce, a la derecha el Cabo de la Vela, el viento fuerte, el calor intenso, un cielo azul surcado por alcatraces y pelicanos, lagartijas verdes con azul que se pasan junto a mis pies, no hay como describir la paz, la tranquilidad, el efecto de la belleza en mi alma, un agradecimiento a Dios.
De regreso y a través de un bosque
seco, lleno de cactus verdes sobre un suelo amarillo, vivo 6 horas de silencio en un carro. Una rápida visita a un sistema silvopastoril de plantas nativas y chivos. Fuertes y grandes espinas que brotan de los tallos las ceibas, la juventud requiere defensa, aprovechada por una verde enredadera que asciende en busca de las ramas.
seco, lleno de cactus verdes sobre un suelo amarillo, vivo 6 horas de silencio en un carro. Una rápida visita a un sistema silvopastoril de plantas nativas y chivos. Fuertes y grandes espinas que brotan de los tallos las ceibas, la juventud requiere defensa, aprovechada por una verde enredadera que asciende en busca de las ramas. Al final de la tarde nos recibe un cielo gris que promete tormenta, una vela de costal nos impulsa hasta los flamencos rosados, regresamos de noche, $1000 por un duchazo, y en una cabaña sin energía eléctrica paso mi última noche en la Guajira.
Un nuevo amanecer, mas morados, mas fotos, al fin saldré en una, con mis huellas en la arena wayuu, con el mar a un lado, el lago Naviopartio del otro, la unión del agua dulce y la salada en la espalda, a lo lejos en el frente la sierra nevada y sus picos, nuevamente llega la paz de la soledad que no se describe.
Luego de conocer un colegio de tortugas marinas desde párvulos hasta bachillerato, emprendemos el regreso que arranca en cayuco, continua con 3 personas en una moto, dos taxis y finalmente avión. Llego a Bogotá para encontrarme nuevamente en soledad, una soledad diferente.
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