domingo, 30 de septiembre de 2007

La Guajira: Día uno. La felicidad y el achiote.


Empaco el mismo día del viaje, incluyo en mi equipaje la felicidad, un rápido paso al Instituto.
Esta vez el avión vira hacia el norte, veo mi oficina, la casa de mi madre, …
Abro la felicidad, , veo que me turno los pares y los impares, no importa si los andes se transforman en costa en la ventanilla, no importan los montes de maría, ni importa el mar verde azul que choca con la arena y el verde de un bosque ralo, la felicidad me encierra, 245 páginas devoradas en una hora de vuelo.
36 grados de temperatura y un cielo completamente azul, el inicio de la ruta hacia el achiote. Una hora por una carretera de dibujo animado, de esas en el que las orillas de la carretera son hojas de papel con pedazos de bosque seco y cactus que se pasan y se pasan.
En Juan y Medio, Darío nos muestras sus cultivos que apenas inician la floración, una adelantada nos permite ver el blanco del achiote en floración, el rojo vivo de su juventud y el ocre de la vejez que guarda en su interior un tesoro color sangre. Súbitamente ese cielo azul se torna gris, un aguacero cae de repente y el sudor se mezcla con la lluvia, una lluvia caliente que empapa la ropa, y que al cabo de dos horas esperando a que escampe tampoco se ha secado, no habrá más fotos, las de truenos y relámpagos no salen. De regreso, la cantidad de sillas se reduce a la mitad, la ventana del auto quedó abierta y la lluvia hizo lo suyo, me siento en Bogotá dentro del auto.
En la noche junto a la playa, la luna llena se viste de amarillo y luce más grande que de costumbre.

1 comentario:

AbeRestrepo dijo...

es muy bakano que te expreses asi!