Aún sin que salga el sol, despegó el avión, nunca había volado con luchinchi y parece que los huecos de la vía aún la asustan…no se ve nada a través de la ventanilla, la lluvia nos acompaña en todo el viaje.. son las 630am y ya estamos en Neiva … taller con la gente, nuevamente me siento en mi salsa, la respuesta con sonrisas, con conocimientos y entendimientos la mejor de las recompensas.
He dormido tres horas y debo estar en un evento, hacia las 10pm luego del senador mi turno de palabras. Me hospedo en una casa donde ser diseñador es divertido pues al ver los muebles sabes en qué año se casaron, cuándo compraron las cenefas y en qué países han estado, descubro sus historias… hay internet pero en medio de un email se va la energía y termino escribiendo este blog a la luz de una vela, vela que pronto se apagará por efecto de la gotera que cae junto a mi cama…
Un taller aburrido me deja medio día para pensar… en el restaurante nuevo sobre el río Magdalena, veo pasar las horas, la lluvia no cesa, un frío que no existía hace un año cuando vine con Zlop.
Mientras DM narra sus historias embriagantes (todas hablan de sus borracheras) me pierdo en las aguas que se van y no vuelven, tal vez eso es lo que no he visto, que las aguas pasan, que no se quedaron, que siguieron su cauce, su destino y lo único que se ha quedado es la lluvia.
Zlop mientras tanto ve el mar austral y puede pensar que las olas van y vienen, pero cuando vuelven las olas, las aguas no son las mismas…
DM golpea mi hombro, hora de salir a esperar 5 horas en el aeropuerto para estar en casa nuevamente hacia la media noche…en Bogotá como en Neiva la lluvia y el frío me acompañan.
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