Serie de pensamientos desordenados, incoherentes y totalmente olvidables.
La relatividad. Si amaneces en Santiago y almuerzas en Bogotá, las distancias ya no existen, llega Zlop con sus locuras, 5 meses no se sienten, puso pausa a nuestras vidas, sin embargo el pelo es largo, el semestre ya pasó y las historias siguen, así sea para volver al mismo punto.

En el jueves luna llena, el vistazo de la semana, con apenas un almuerzo, cuatro besos, tres abrazos y una clase en el CI, nos veremos no sé cuándo y la tesis ha cambiado.
En las calles del pasado, con ventanas de hace siglos, por en medio de los barrotes hacia dentro expían tres rolos. Sin saber si eso es un bar, invadimos aposentos, recordé en clases de historia los performance de Dalí, en el pecho de aquel muro que desnudo nada aguarda, un espejo da la espalda, el reflejo es de columnas que sostienen la penumbra, hay tres salas desarmadas, junto a sillas de barbero, junto a pelos y pelucas, unos cuadros y nevera. Le pregunto esto es un bar?, me responde no señor, sin embargo si tu quieres, hay concierto y que beber.
Cual si fueran de anime, peluqueras me responden, una rubia de ojos claros que le cubren cara y media, dice ser doña tijeras, la otra blanca, pelinegra deja ver su mechón lila, “no tenemos sino Club, pues los jugos se acabaron”. En las otras cuatro sillas y con cara de actriz porno, dos suecas ríen divertidas con dos gringos cara de pollo.
Nos sentamos con cautela, contemplamos el montaje, en el piano el argentino y la gringa al violonchelo. El concierto a cuatro gatos, claro oscuro en cara gringa, el adobe que da eco a los toques del pianista, no hacen falta las palabras y el silencio es expresión, sin planear hemos llegado a la pelu surrealista.

No me gustan los deportes y ni idea de los olímpicos, sin embargo en luna llena y nuevamente sin planear, aparece otro programa divertido y surrealista, competimos sin parar, la sudamos, nos matamos, 5 sets sin ganador, quién los manda en luna llena a retar a un hombre cancer.
Cual si atrás de la pantalla encontrara la verdad, pensamientos paralelos hacen mella en la mirada, y si el mundo es un gran centro, donde somos almacenes, de este quiero unos zapatos, y tu quieres estos jeans, de aquel otro quiero un tinto, de aquel otro un PC, en un juego de truequearnos encontramos la alegría, en el juego de Viktor Frankenstein construimos un monstruo llamado felicidad.
Dice A.A. que mi tienda es llamativa y que tal vez no lo veo por andar buscando fuera lo que tengo en mis adentros.
4 comentarios:
A veces es un privilegio saborear y deleitarse con la elocuencia de la cotidianidad ¡Qué buen blog!
bienvenid@ a la cotidianidad, no hay nada más de este lado que relatos de una vida simple.
Exceptuando, claro está, que la vida nunca es simple.
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