Pasadas las 5:30 el sonido de un rayo de sol iluminó mi rostro, la brisa fuerte que navega el Orinoco juega con el pelo, con los árboles y con el agua; de este lado Carreño, del otro Venezuela, una roca grande que se ha descubierto por el verano es antena y mirador, la piel ahora es canela y se expande la sonrisa... tan solo unos minutos y nuevamente estoy viendo este cerro, fue un bello despertar, estar allá tan lejos, donde aún no he llegado, viajar así sea en sueños, soñar así sea con viajes...
La Maca en recompensa me da un atardecer con una lluvia fuerte, un gris en todo el cielo, de verde vivo el bosque y un frío fuerte que esta vez no llega hasta mis huesitos...
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