¿Cómo te proyectas en cinco años?, ¿qué esperas estar haciendo en cinco años?....mmmm no tengo la menor idea, simplemente ser feliz.
En estos días de cambios en los que toca enfrentarse a la típica pregunta de entrevista laboral, dudo entre ser honesto y responder lo que pienso, o darle gusto al entrevistador. Suelo decir que no tengo sueños de largo plazo, que no planeo, que no lo hago porque todo cambia y el futuro es incierto; que mis sueños son simples y mis planes de una hora. Eso facilita las cosas, no te apegas a nada y los cambios no te dan duro.
Somos animales de costumbres, nos adaptamos, se dice normalmente, ¿pero es que acaso no sabes qué quieres en la vida?- sí, ser feliz, ver la luna, ver las estrellas, buenas pelis, amar.
Sí, soplan vientos de cambio en este enero y así mañana a mañana el hablar mas tiempo conmigo, el adaptar casa a oficina y otro tipo de soledades, son la nueva rutina, la vida sigue sin que pelee con ella mientras que las amigas parecen pelearse con ella.
Aún no entiendo qué extraño sentimiento la lleva a apegarse al novio que la cela hasta con un calendario, que le dice que es una fufa y ella sigue rogándole, cual si le debiera algo o el man le estuviera haciendo un favor, como si fuese incapaz de vivir y cuidar a su chino sin necesidad de un man… no sé qué es peor, no valorarse o quedarse con un tipo con la disculpa del dinero.
Así mientras veo a don Benjamin Button mis lágrimas de enternecimiento y del volver a soñar se suman a las de ella causadas en ese caso por enfrentar el futuro y un eventual cambio.
Nuevas cotidianidades, que incluyen poner el hombro para que las amigas dejen lágrimas que muy pronto volverán.
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