
Chris, un australiano que al igual que yo espera paciente a que cese la lluvia se acerca: is it your first travel here?- No, it´s not, may i help you?. ¿Conoces este pueblo bien?¿dónde encuentro hospedaje?...mis respuestas dieron píe a una conversación que recorrió el mundo entero a través de los viajes de este extraño australiano. Una cerveza mientras deja de llover y ahora soy yo quien le cuenta a Chris qué lugares visitar, cómo negociar y cómo hacer para no pasar por gringo, no me cree que en Boyacá y Santander los ojos claros y el pelo rubio son normales, que de no ser por su acento pasaría como colombiano.
Una cena típica no es la mejor opción, la rellena y longaniza son demasiado para este tipo, no obstante es divertido escuchar que todo cuanto ve le parece extraño y "bonita", que su raro acento se debe a su esposa argentina y que Europa es demasiado organizado para su gusto.
En un bar a media noche, con música en vivo, una mujer con rizos rubios me hace cambio de luces, esta jerga de conductor desde luego no es entendida por Chris…mmm si hubiera venido de levante…frase que tampoco entiende. Tarareo porque yo en el amor soy un... (Un montón de estrellas de Polo Montañés) y me convierto en traductor de canciones, “i´m an idiot in love”, me entiende que soy un idiota enamorado…no muy lejos de la realidad. A pesar de estar en el mismo hostal nunca nos volvimos a encontrar con el australiano, nos quedamos debiendo los mail y unas canciones.
Iluminadas por un gran sol recorro las calles, decenas de almacenes me recuerdan las calles de Barichara y Salento, pueblos conservados llenos de boutiques, casas de diseñadores y galerías de arte, salpicados por uno que otro campesino. 
Llego a la puerta azul del Alex y todos esos recuerdos empiezan a gritar, a veces dudo del azar, a veces creo en el destino, puede que sean coincidencias, prefiero pensar que es la magia de la vida.
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